AN TÉ A BHÍÓNN SIÚLACH, BÍONN SCÉALACH - Día 3

agosto 08, 2019

Nos despertamos tranquilamente sin prisas porque tenemos entrada en la catedral de St. Patrick a las 10, así que podemos disfrutar de un buen irish breakfast. 



Tomamos como siempre O'Connell Street con su famoso monumento Parnell. 


Pero en esta ocasión bajamos por Parnell Street. Justo frente al hotel tenemos el Hospital Rotunda, mira que habremos pasado ya veces por él y aún no habíamos observado la típica cúpula verde del mismo, la cual ya habíamos visto en varios monumentos de Dublín, no penséis que son de ese color por el verde de los paisajes de Irlanda, no, es que se han construido en cobre y al oxidarse, adquiere ese color. 


De camino a St. Patrick pasamos por el restaurante The Church que en ese momento aún se encontraba abierto. Se llama así porque en realidad es una iglesia que ha sido remodelada como pub. Una pena, ya tenemos una excusa más para volver a Irlanda. 


Por fin llegamos ya a San Patrick, una de las dos catedrales protestantes de la ciudad, junto con la de Christ Church. Hay rivalidad entre las dos para ver cuál es la más bonita. Personalmente me quedo con la de San Patrick. Es la mayor iglesia de Irlanda y se levantó junto a un pozo en el que el santo bautizaba a los conversos en el año 450. 








Personalmente tenía muchas ganas de visitar esta catedral porque en ella está enterrado Jonathan Swift, el autor de Los Viajes de Gulliver, junto con Stella, su amiga íntima ya que no hay testimonios de si al final llegó a casarse con ella o no. 


Seguimos paseando en dirección a la iglesia de St. Audoen, pasando por Francis Street que es la calle de los anticuarios; vimos muchas tiendas de antigüedades pero en ninguna había monedas en los escaparates, así que no entramos en ninguna. 

De camino sí que entramos en la iglesia de John Lane porque nos parecía bastante grande por fuera. 





La iglesia de St. Audoen se construyó entre finales del siglo XII y principios del XIII, y es una de las iglesias medievales más antiguas de Irlanda. 







Se iba ya acercando la hora de comer, y habíamos reservado un pub también en la zona del Temple Bar, Quay's que resulta que estaba al lado del que habíamos comido el día anterior. En este estuvimos más cómodos porque era algo más espacioso el lugar pero, aunque parezca increíble, pasamos un calor horrible porque estaba dando el sol. 






Como teníamos bastante hambre pues nos habíamos recorrido Dublín de norte a sur, pedimos unas alitas con salsa barbacoa para picar (dicen que las mejores son las del pub Elephant and Castle, pero la verdad es que estas estaban riquísimas), y de segundo, una servidora se decantó por el fish and chips (me gustó más que el del primer día), los chicos de nuevo hamburguesa y el jefe pidió un sandwich cajun que en realidad era una hamburguesa de pollo que a tenor de lo que dejó en el plato, estaba bien buena. 





Y de beber una Guinness, por supuesto. 



Como ya prácticamente habíamos visto todo lo que teníamos programado del centro, habíamos pensado acercarnos al parque Phoenix, el parque urbano más grande de Europa, ya que nos habían comentado que se podía dar de comer a los ciervos que hay en el parque. Tan emocionado estaba el pequeño con la idea que llevaba todo el día con un kilo de zanahorias en la mochila. 

Y la verdad es que tuvimos suerte porque llegamos, y no muy adentro del parque, que es inmenso, en uno de los campos de rugby encontramos una gran cantidad de ciervos y los chicos les dieron de comer zanahorias. En teoría dice que no se les puede dar pero no éramos los únicos. Fue una de esas experiencias de los viajes que no se olvida en la vida. 



      







En este parque también se encuentra el zoo de Dublín. Había mucha gente saliendo del mismo cuando estuvimos paseando en busca de los ciervos. Como hacía tan buen tiempo, nos tumbamos en el césped a descansar un rato. Sí sí, habíamos llevado el sol a Irlanda. 



Para llegar al mismo cogimos el autobús 25 desde la zona de Temple Bar. Bueno, en realidad cogimos dos. Primero uno que creíamos que iba pero nos llevó una parada sin pagar para que luego cogiéramos otro para así pagar menos ya que en Dublín pagas en los autobuses por paradas. Muy amable el conductor la verdad. Y al volver se nos ocurrió la brillante idea de hacerlo andando, cerca de 4 kilómetros, así que os podéis imaginar cómo llegamos al hotel. Antes de ello, paramos ya a cenar otra vez en el Supermac's y a dormir pronto que al día siguiente había que madrugar para adentrarnos en los escenarios de Juego de Tronos. 







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