An té a bhíónn siúlach, bíonn scéalach - Día 2

agosto 07, 2019

Nos despertamos relativamente prontos porque tenemos entrada en el Trinity a las 9 y media para visitar el famoso Book of Kells y la Biblioteca y tenemos como un cuarto de hora de trayecto para llegar. Desayunamos un buen desayuno irlandés, que no british y al salir a la calle, descubrimos que las temperaturas por la mañana son bastante más frescas que durante el día pero claro, ya se sabe que en Irlanda puedes llegar a tener las cuatro estaciones en un día y hay que aprender a vestirse a capas. 


Como vamos con tiempo, decidimos tomar Cathedral Street para acercarnos a St. Mary Pro Cathedral. 



Llegamos con tiempo para poder volver a admirar el precioso campus con su templete. 



Al haber comprado las entradas por Internet, no tuvimos que esperar cola, porque a las 9 y media ya había algo de gente esperando y cuando salimos había bastante más. Nunca entenderé la pasión que tiene la gente por hacer cola gratuitamente, cuando puedes adquirir las entradas por Internet, eso sí, de todos los monumentos que visitamos en Dublín que necesitaban entrada, solo aquí vimos colas, en el resto se podrían haber comprado in situ sin problema. 

Primero había una exposición que te explicaba en que consiste el libro de Kells, luego ya pasabas a la sala donde se encuentra expuesto, en donde está terminantemente prohibido hacer fotos, y por último pasas a la Long Room, la Biblioteca. 

El libro de Kells es un manuscrito ilustrado con motivos ornamentales realizado por monjes celtas en un pueblo de Irlanda, Kells, en el año 800, está considerado uno de los manuscritos más importantes de la Edad Media. 



Por su parte, la Biblioteca es la más grande de Irlanda. Se visita la Long Room, la cámara principal que contiene 200.000 libros. Aparte de la majestuosidad de la sala, en la misma destacan bustos de mármol de grandes filósofos, escritores y hombres que apoyaron la universidad. Además, también se puede ver una de las últimas copias de la Proclamación de 1916 de la República de Irlanda y el arpa Trinity College que data del siglo XV. 



      



Después estuvimos dando un paseo por el campus, incluso tomando algo de beber en el bar. Entramos en la Science Gallery pero estaba cerrada, solo se podía acceder a la cafetería. Lo que sí vimos fueron los campos de fútbol, el resto de edificios que estaban cerrados (no pudimos entrar en la capilla porque iba a haber una celebración y la estaban adornando)  y la famosa escultura con forma de esfera que representa al mundo y al cristianismo.



Una vez que terminamos la visita al Trinity, aún tuvimos tiempo de acercarnos al Museo de Historia Natural que les encantó a los chicos. Se exponen más de 10.000 animales disecados, en la planta inferior de la fauna local y en la planta superior del resto del mundo. 






Puede que si no dispones de mucho tiempo, la visita al Museo de Historia Natural no sea una prioridad pero es gratuito y como hemos dicho, si vais con niños, les va a encantar. Y sobre todo, fue entrar y enseguida se nos vino a la memoria la serie de Penny Dreadful y la escena en la que la protagonista conoce al vampiro. 


Fue toda una sorpresa, muy agradable por cierto. 

Después de visitar este museo, aún teníamos tiempo antes de la reserva para comer en un pub en la zona de Temple Bar, así que aprovechamos para ver la Biblioteca Nacional de Irlanda y el Museo de Arqueología, ambos gratuitos. Además tuve la fortuna de encontrar en la Biblioteca una exposición de W.B. Yeats, el famoso poeta y dramaturgo irlandés, que como filóloga, me emocionó.



Justo frente a la Biblioteca se encuentra el Museo de Arqueología, también gratuito. Fue abierto en el 1890 y se exponen objetos de la civilización irlandesa desde la Prehistoria hasta el medievo. 






Hora de ir a comer al Temple Bar. Habíamos reservado en el pub The Old Mill.  No estuvo mal pero las mesas estaban demasiado cerca unas de otras, de hecho el primer lugar en el que nos sentamos no nos gustó nada porque prácticamente no podíamos ni movernos, menos mal que se lo comentamos a los camareros y nos sentaron en otro lugar un poco más cómodo. 

Los chicos se pidieron hamburguesa con patatas y los mayores pedimos irish stew que llevaba una salsa buenísima hecha con Guinness y por supuesto para beber una pinta de Guinness. 




    



Ya que estábamos en la zona de pubs, dimos un paseo por sus calles para admirar las coloridas fachadas de los mismos con sus flores y por supuesto el más famoso de todos The Temple Bar. 

     



     


     



Y como podéis ver me comí un helado en Dublín porque el tiempo me lo permitía. La verdad es que podemos decir que tuvimos mucha suerte con la temperatura, unos 20 grados o incluso más al mediodía, más frío por las mañanas y en cuanto se iba el sol y llover nos llovió realmente el primer día, el resto excepto en Cork, siempre cuando íbamos de camino a los lugares en el autobús, así que el tiempo no ha supuesto un hándicap para disfrutar de Irlanda y hacer fotos como en un principio esperábamos. Por supuesto en la tienda donde me compré el helado también tenían los famosos donuts. 




Teníamos la visita reservada al castillo de Dublín por la tarde así que nos fuimos acercando. De paso, entramos en el Ayuntamiento construido entre 1769 y 1779.  En su interior destaca la Rotonda, un espacio circular con cúpula y 12 columnas con estatuas. 






Sin problemas en las taquillas del castillo. Había muy poca gente, así que directos a visitar su interior no sin antes coger un plano, no vaya a ser que nos perdamos.



Aunque se le llama castillo, en realidad para nosotros sería más bien un palacio. En su interior se puede visitar la sala de James Connolly, el Salón Granard, las habitaciones del Rey y la Reina y el Salón del Trono. 



Después salimos al jardín del que hay unas vistas preciosas del castillo. Aprovechamos a descansar un rato que el cansancio ya iba haciendo mella. 



Claro que algunos se empeñaron en no dejarme descansar. 


Ya que estábamos cerca de la catedral de Christ Church, decidimos llegar hasta ella ya que habíamos comprado las entradas por internet y no tenían fecha de visita, te dan un año para visitarla. Afortunadamente nos dio tiempo a ver su interior sin problemas. 

Está unida por una especie de puente construido en 1870 a una museo de la historia de los vikingos llamado Dublinia en donde no entramos. 







Como os podéis imaginar a estas horas el cansancio ya era importante, así que decidimos volver al hotel para asearnos y salir a cenar. De vuelta, pasamos por el famoso puente del Ha'penny Bridge construido en 1816. Su nombre se debe al peaje que había que pagar para cruzarlo en su momento, este dejó de cobrarse en 1919. 







¿Ves esos arcos encima del puente? Uno de nuestros guías nos contó que los pusieron porque algunos eran muy listos y para no pagar más que medio penique, se subían encima de un amigo y así solo contaban como una persona. ¿Leyenda o verdad? Con los irlandeses, nunca se sabe. 


Los chicos se fueron al hotel directamente, yo me quedé dando una vuelta por Henry Street, la calle comercial del norte de Dublín en donde se encuentra el centro comercial Jervis y otro Penneys, más grande aún que el de O'Connell. 



Esta vez para cenar, no nos alejamos mucho del hotel, así que en Parnell Street entramos en un KFC a comer un cubo de pollo. Y después a dormir que aún teníamos muchos días por delante en Irlanda para descubrir lugares nuevos. 


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