An té a bhíónn siúlach, bíonn scéalach - Día 1

agosto 06, 2019

Empezamos con la review de nuestro reciente viaje a Irlanda. Y que nadie se asuste por el título, la frase es una cita gaélica irlandesa que significa: He who travels has stories to tell. Es decir, aquel que viaje tiene historias que contar. Y efectivamente eso es lo que vamos a empezar a hacer en este momento. Iros contando con todo lujo de detalles nuestro viaje a Irlanda de 8 días en los que aparte de la capital, Dublín, en la que estuvimos hospedados durante 7 noches en el Hotel Cassidy's sobre el que tenéis una entrada ya en el blog, visitamos también con dos compañías, Paddywagon y Olé Irlanda Tours otros lugares de la República y de Irlanda de Norte como la Calzada de los Gigantes, Cork, Belfast y algunas localizaciones de la serie Juego de Tronos. 

Empezamos el día con un buen madrugón pues nuestro avión salía a las 9 y 10 de la mañana. 


En nada llegamos al aeropuerto, dejamos nuestro coche en el parking de larga estancia de la T4, cogemos el autobús que nos lleva a la terminal y pasamos el control sin problemas. Decidimos facturar una maleta para así poder traer bebidas de vuelta de regalo, como Guinness y whiskey (con "e" para diferenciarlo del whisky escocés).






Viajamos con Iberia Express y salimos a su hora, sin retraso. Además el avión es bastante nuevo así que tiene para cargar el móvil y hay más hueco entre asientos. 

El vuelo sin problemas ni turbulencias, eso sí cuando aterrizamos en Dublín, el cielo está totalmente cubierto. Hemos dejado atrás los 40 grados o más de Madrid para en un par de horas pasar a menos de 20. Qué gozada. 





Ya en el aeropuerto de Dublín tuvimos que esperar unos minutos a que llegara nuestro transfer. Lo habíamos reservado con Civitatis una vez más y aunque luego el coche tardó unos 15 minutos, el responsable de Dublin Taxi Transfers estuvo en todo momento con nosotros, un accidente al parecer. El conductor muy simpático, nos estuvo hablando del Irish Football y preguntando qué íbamos a ver en Irlanda. 

Y en una media hora más o menos llegamos a nuestro hotel. Sin problemas en el check-in y afortunadamente ya teníamos la habitación lista. Dejar las maletas y salir a descubrir Dublín es lo siguiente que hicimos, pero antes había que comer que aunque sea solo una hora de diferencia, el estómago ya estaba pidiendo algo de comida. 

Calle O´Connell hacia el río, descubrimos la pasión que los irlandeses tienen por los donuts, pero mejor lo dejaremos para el postre. Primero a comer en Beshoff, un restaurante especialista en fish and chips, aunque al final, nos pedimos fish and salad y los chicos pollo, nuggets o guojons como los llaman allí y pollo asado. 









En general Dublín nos ha parecido una ciudad cara, las hamburguesas de los sitios normales, no ya pubs, estaban en torno a los 9 euros, pero sin patatas, una ración de patatas (para dos personas porque te echaban bastante cantidad) en torno a los 4 euros y la bebida otros 2 ó 3 euros, es decir que fácilmente llegabas a los 15 euros por persona en un local normal, a excepción de las franquicias de Burger King o McDonalds o Supermac's que eran algo más baratas pero tampoco mucho más. 



Ahí tenéis el precio del fish and chips del local en el que comimos nuestro primer día, más la bebida, cerca de 15 euros por persona. También es verdad que estaba en una de las calles más frecuentadas y céntricas de Dublín, algo así como la Gran Vía de Madrid, donde seguro que también te cuesta comer más de 15 euros. Cómo cambia la percepción de una ciudad cuando eres turista a cuándo no lo eres. 

Ya comidos empezamos a recorrer O'Connell. De los monumentos de la calle destaca The Spire, un aguja de 120 metros y la GPO (General Post Office) en donde se puede entrar a fotografiar su interior. 




En esta calle también se encuentran multitud de tiendas como la famosa Carrolls con souvenirs típicos de Irlanda que veréis como cien veces por toda la isla y Penneys, el Primark irlandés. 



Y en la esquina con North Earl Street, encontrarás la estatua de James Joyce, escritor irlandés famoso por su Ulises.


     


Y así llegamos al puente de O'Connell, que es el único que es más ancho que largo (cómo se nota lo atentos que hemos estado a las explicaciones de nuestros diferentes guías). Pero antes de cruzar el río Liffey, sucumbimos a un Donut con café en The Rolling Donut, porque desde luego como empieces a comer muchos de esos donuts, vas a salir rodando de la isla, perdón por el chiste malo. 





El río Liffey separa Dublín en la zona norte y la sur siendo esta última la zona más comercial y de dinero y la zona norte más industrial. Otro dato que hemos aprendido, el río tiene nombre de chica, de la diosa Anna Livia en gaélico "abhana life".  



Seguimos paseando por la calle Westmoreland en dirección al Trinity, aunque teníamos la reserva para visitar el famoso Libro de Kells y la biblioteca al día siguiente. Por el camino, otra tentación, una de esas tiendas en las que te quedarías a vivir, Kingdom of sweets, que como ya habréis adivinado, es una tienda especialista en chuches. 




Frente al Trinity se encuentra el edificio del Banco de Irlanda.



A pesar de la persistente lluvia (aunque hay que decir que fue el día que más llovió), entramos en el patio del Trinity College que es la universidad más antigua de Irlanda. Hay un templete y una serie de edificios de residencia para alumnos y oficinas. Y por supuesto la famosa biblioteca de la que ya os contaré en el día 2. 


      




Decidimos acercarnos a ver a Molly Malone, la famosa estatua de una mujer que, parafraseando a Isabel, nuestra guía de Cork, vendía mejillones por el día y otro tipo de "cosas" por la noche. Pero que conste que eso es lo que dice la leyenda, que como bien hemos aprendido, a los irlandeses les gustan más las leyendas que la verdad. Asimismo, se dice que si le tocas los pechos, volverás a Dublín. 




Desde ahí, antes de dirigirnos a la calle comercial por excelencia de la zona sur de Dublín, Grafton Street, nos acercamos a un arcade porque había una tienda de monedas y ya sabemos la pasión de jefe con ellas. George Street Arcade y el puesto Lir Coins. 






De ahí, nos fuimos ya directamente a Grafton Street, la calle por excelencia para las compras aunque vuelvo a repetir, Dublín muy pero que muy caro. Aún así merece la pena dar un paseo por la calle admirando a los artistas callejeros, y quién sabe, igual encuentras alguna oferta. Visita obligada para una servidora, Cath Kidston, en donde solo me compré un bolígrafo, y la Disney Store. 





     


A pesar de ser una calle comercial, se puede pasear por ella con cierta tranquilidad y admirar la diversidad de fachadas. Cada vez me gusta más poder caminar por las ciudades admirando los edificios sin ir corriendo. 

Al final de la calle se encuentra el centro comercial de St. Stephen Green en donde entramos porque su interior es bastante curioso y de paso aprovechamos para dar una vuelta por la gran cantidad de tiendas que tiene. 




Cruzamos la calle para entrar en el parque de St Stephen Green por el Fusilier's Arch, un precioso lugar verde en el que descansar y dar de comer a los gansos y cisnes. 










Después de un descanso en el parque dando de comer a todos los animales del mismo, jejeje, nos fuimos a ver la estatua de Oscar Wilde en Merrion Square. Por el camino pudimos ver las famosas puertas de colores de la zona georgiana sur de Dublín. Según cuenta la leyenda, un hombre borracho se confundió un día de casa ya que al ver doble se metió en el número 2 en vez de en el 22 donde realmente vivía y al llegar a la habitación y ver a la que creía que era su mujer con otro hombre, los mató. Desde entonces, decidieron pintar las puertas de colores para que al menos no se confundieron de casa la gente que volviera borracha. Claro que eso es la leyenda, en realidad al parecer decidieron pintar las puertas de colores para dar alegría a una ciudad gris por la lluvia. 


     

La estatua de Oscar Wilde nos recibe de manera desafiante, si la miras por la derecha te sonríe pero si la miras por la izquierda tiene un semblante triste, relacionado con la vida tan difícil que tuvo el famoso dramaturgo por su inclinación sexual en aquella época. En unas piedras hay una serie de citas del escritor y justo frente a la estatua, está la casa donde vivió durante su estancia en Dublín. 







Nos dirigimos de nuevo al río para cruzar ya a la parte norte que iba haciéndose la hora de cenar. Aprovechamos para admirar el impresionante edificio del Custom House, construido en el siglo XVIII para funcionar como aduana. 



Bajando un poco hacia el puerto por la ribera del río se llega al monumento dedicado a la hambruna que sufrió Irlanda a mediados del siglo XIX, en la que más de un millón de personas murieron a causa del hambre por una plaga que sufrió la patata, que era la base de la alimentación de los jornaleros en esa época, y cerca de dos millones tuvieron que emigrar a EEUU y a otros países en unos navíos llamados barcos ataúdes, así que os podéis imaginar lo que tuvieron que pasar durante el trayecto. De hecho Barack Obama visitó Irlanda no hace mucho en busca de sus ancestros irlandeses, así como la familia Kennedy o incluso Walt Disney. La verdad es que las figuras impresionan por sus expresiones de dolor y tristeza. 


    


Una vez ya de vuelta en O'Connell Street, entramos a cenar en un local llamado Supermac's en donde podías comer pizza, bocadillos, hamburguesas o ensaladas y así teníamos para todos los gustos. 




Ahora ya sí que era de volver al hotel que algunos llevábamos desde las 5 de la mañana despiertos. Primeras horas en Dublín bien aprovechadas. 

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