Visita a Caracena

junio 29, 2019

Uno de los pueblos y localidades que tenemos apuntado en nuestro listado de "Sitios para ver" de España que teníamos ganas de visitar, así que aprovechando que el benjamín de la casa estaba de viaje y que el mayor estaba muy ocupado, nos fuimos una servidora Dora, y su chico grande a descubrir Caracena, en Soria. 

Tiramos hacia el norte a no más de 2 horas de Madrid buscando el fresco, pero la verdad es que el día fue muy caluroso, aunque en Los Viajes de Dora no le tenemos miedo ni al frío ni al calor, cualquier día es una perfecta ocasión para hacer turismo y viajar. 

Aparcamos sin problemas en la Plaza Mayor, en donde se encuentra el rollo o picota. Funcionó como monumento conmemorativo de la autonomía administrativa de la villa, dependiendo primero directamente de la Corona y después bajo dominio señorial y como símbolo del poder jurídico, a modo de columna de castigo donde se exponía a los malhechores a la vergüenza pública. Presenta una plataforma cilíndrica escalonada, fuste listo y capitel historiado con cabezas humanas y de carneros, junto con la fecha de su construcción (1538).




En primer lugar nos acercamos a la Iglesia de Santa María, antes de ir al castillo, que por desgracia estaba cerrada. Según un cartel en las inmediaciones, está siendo restaurada para su visita pero la dueña del único bar de Caracena no parecía muy segura de que se fuera a abrir en algún momento, tan solo cuando la iniciativa de Castilla y León de apertura de monumentos empiece a partir del 18 de julio más o menos. 

La iglesia muestra la planta clásica del románico soriano: ábside semicircular con bóveda de horno, tramo presbiterial recto y nave única. Cuando se levanta el tiemplo en el siglo XII se adosa a una torre de construcción anterior, situada al oeste, de carácter defensivo. Actualmente es el campanario de la iglesia. El edificio posee dos portadas, una al Sur con arquivoltas y la portada del Norte, actualmente cegada que da al cementerio. Ambas muestran una decoración geométrica. 



     

Volvimos a la Plaza para desde allí tomar la calle de San Pedro para llegar a la iglesia del mismo nombre. En realidad, no tiene pérdida, pues Caracena son cuatro calles, dos de subida al castillo y otras dos hacia la iglesia de Santa María. Me encantan los pueblos que siguen guardando el aroma de antaño, prácticamente deshabitados y sin el bullicio del turismo. 

Justo antes de salir de la Plaza, se encuentra un edificio que fue cárcel, símbolo de la justicia en la villa al igual que el rollo anteriormente mencionado. 


En la calle se encuentra el único bar del pueblo, al que entramos para tomar algo de beber porque el calor era asfixiante y teníamos que comprar agua para el trayecto hasta el castillo. La dueña fue muy amable y gentilmente se ofreció a abrirnos la iglesia de San Pedro para enseñarnos su interior. Todo un detalle. Según nos comentó, la iglesia no la pueden tener abierta porque en alguna ocasión han intentado robar; además nos enseñó las marcas de una de las columnas de la galería porticada del exterior que muestra cómo quisieron robarla. Nos pareció increíble que alguien pretendiera quitar una columna, qué poca vergüenza. 





La iglesia de San Pedro del siglo XII conserva de época románica la cabecera y una de las galerías porticadas más bellas de la provincia de Soria. El resto del edifico sufrió diferentes reformas entre los siglos XVII y XIX que modificaron y acortaron su nave. A principios del siglo XVII se adosó la sacristía al edificio. 

La galería porticada, situada al Sur, muestra actualmente seis arcos más uno de acceso, sensiblemente mayor. Los elementos más destacados de esta magnífica galería son el haz de cuatro fustes torsionados del vano de acceso y la excelente factura de sus capiteles de temas variados, que recuerdan a los de la vecina galería porticada de la ermita de Santa María en Tiermes. La cabecera, construida en mampostería y enfoscada consta de ábside semicircular, desarrollado presbiterio recto, en el que se asienta la torre y un cilíndro adosado a ella para contener la escalera de caracol. Son célebres los canecillos figurativos del ábside por su buena ejecución y curiosos motivos. 













Del interior casi no tenemos fotos porque nos pidió que no hiciéramos muchas para que la gente no quisiera entrar a robar. 

     


A unos 600 metros, aunque con el calor a mí me parecieron kilómetros, se encuentra el castillo de Caracena. Las vistas de toda la villa según vas ascendiendo son impresionantes.




La alcazaba fue construida por Juan de Tovar, señor de la villa, durante la segunda mitad del siglo XV. Aprovecha el terreno sobre el que se asentaría una plaza fuerte anterior, posiblemente musulmana, y parte del sistema defensivo de la primitiva fortificación medieval.



El castillo está formado por dos recintos, uno interior y otro exterior. El primero, que conformaría el núcleo principal, es de planta trapezoidal y acogería diferentes estancias, el patio de armas y el aljibe. Dos de sus cuatro esquinas rematan en cubos cilíndricos, mientras que las otras dos albergan la puerta, flanqueada por torreones cuadrados, y la torre del homenaje, que es el elemento más destacado. 


      





Fue muy divertido buscar las diferentes puertas entre los diferentes recintos e aventurarnos entre las ruinas del castillo. 

Con un calor agobiante y cansados, volvimos al coche, pero aún tuvimos fuerzas para acercarnos a la fuente y al puente romano que se encuentran a la entrada del pueblo. 

La fuente consta de un cuerpo principal abovedado, con arco de medio punto, que alberga en su interior una balsa enlosada. Esta última, de planta rectangular, recoge y almacena las aguas del manantial. Por encima de la bóveda se dispuso un enlosado a dos aguas, a modo de tejadillo. 



El puente salva el río Caracena y desde su construcción fue de vital importancia para el devenir histórico de la Comunidad de Villa y Tierra, pues posibilitaba el tránsito entre Caracena y las principales plazas fuertes situadas a ambos lados del Duero. Así mismo, permitía la comunicación con varias aldeas vecinas, como Pozuelo, La Perera, Madruédano y Retortillo. 

En origen fue altomedieval, fabricado íntegramente con sillares. Posteriormente debió sufrir importantes daños, a consecuencia de alguna gran riada, que provocó su parcial desmoronamiento. 

Consta de un ojo, ligeramente apuntado, de 10,30 m de luz. Su altura máxima es de 6,90 m. 




A destacar también el entorno del pueblo con sus bellas gargantas rodeándolo. 






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