Vacaciones en Roma - Día 3

abril 16, 2019

Nuestro tercer día en Roma tenía un punto de interés especial. Habíamos hecho reserva para visitar la Necrópolis Vaticana y la Tumba de San Pedro, concretamente a las 12, hora de la visita en español. Para poder reservar día y hora, tienes que enviar un email a la Oficina de Excavaciones y ellos te dan una hora concreta. En este enlace tenéis toda la información. 

Aunque es verdad que la hora nos cortaba un poco la mañana, decidimos aprovechar las horas previas todo lo que pudiéramos, así que tomamos nuestro autobús, y nos bajamos en Corso Vittorio Emanuele II para empezar nuestro recorrido del día de hoy por el Campo di Fiori. Una pena no haber facturado maleta porque había muchas botellas de Limoncello, jejejejejeje. Nos gustó bastante el mercadillo con muchos puestos de gastronomía, de pasta, de verduras, de frutas, de licores... Para mi gusto, demasiado pequeño, pero muy interesante. Justo en donde el autobús nos dejó, visitamos la iglesia de San Lorenzo in Damaso.










De camino a San Pedro fuimos disfrutando de un agradable paseo por la ciudad visitando otras iglesias como la Iglesia Española de Santiago, la Basílica de San Giovanni Battista y por supuesto la Chiesa Nuova. 


     



En esta ocasión cruzamos el Tíber por el puente del príncipe Amadeo de Saboya desde tuvimos unas preciosas fotos del Castillo de San Angelo y del río. 






Llegamos a la Plaza de San Pedro con tiempo como para volver a disfrutar de su grandeza. Nos costó un poco encontrar la entrada a las excavaciones, y además, como en el email que habíamos recibido nos indicaban que no podíamos entrar con mochilas, pasamos unos momentos de apuro para poder dejarlas en consigna. Al final, resulta que pasamos el arco de seguridad con ellas y no nos pusieron ninguna pega. Lástima que en la visita está terminantemente prohibido hacer fotos. Fue una visita muy instructiva y una de esas cosas que al menos tienes que hacer una vez en tu vida, aunque personalmente encuentro más interesante la visita a las catacumbas. 





Con puntualidad británica, en este caso italiana, terminamos la visita en torno a la 1 y media, así que nos fuimos derechos al restaurante que habíamos reservado para celebrar el cumple de nuestro chico mayor del cual ya os he dejado una entrada independiente. 

Muy buena comida a un precio razonable, lástima que no tuvieran pizzas por la mañana, solo por la noche, algo que debería estar incluido en la página web. 





Con el estómago bien lleno, proseguimos a seguir disfrutando de la ciudad eterna, nuestro siguiente destino, la Scala Santa y San Giovanni in Laterano. Así que tomamos el autobús 46 en la Plaza del Oro y nos bajamos en Plaza Venecia y luego el 87 hasta la plaza de San Giovanni. 

Entramos en primer lugar en la Scala Santa, una pena que la fachada estuviera en obras. Impresionan esos 28 escalones y la gente subiendo de rodillas dando gracias o haciendo penitencia. Se cree que los escalones fueron por los que ascendió Jesucristo en la residencia de Poncio Pilatos.




La escalinata conduce a la que una vez fue la capilla privada de los papas, la Sancta Sanctorum, que alberga mosaicos y frescos del siglo XIII. 




Justo enfrente se encuentra la basílica de San Giovanni in Laterano (San Juan de Letrán), que fue el primer templo cristiano que se construyó en Roma. 






De San Juan de Letrán, ya andando, nos acercamos a la Basílica de San Clemente, lástima que no nos dejaron hacer fotos aunque escondiéndonos detrás de una columna, pudimos hacer tan solo dos. Una preciosidad. 


     

Seguimos paseando hasta la iglesia de San Pietro in Vincoli, para admirar el impresionante Moisés de Miguel Ángel. De camino pasamos por el Coliseo, el cual visitaremos al día siguiente. 



En su interior, lógicamente destaca la tumba inacabada del papa Julio II, obra de Miguel Ángel, con las estatuas de Moisés a un lado y Leah y Raquel al otro. Estaba previsto que unas 40 figuras adornaran el sepulcro, pero la ejecuciónd e las mismas se vio interrumpida cuando el artista comenzó a trabajar en la Capilla Sixtina. También se pueden ver las cadenas de San Pedro. 



     


A pesar del cansancio evidente, decidimos acercarnos por último a la Basílica de Santa María la Mayor ya que según su página web cerraban a las 6 y media. Después de la caminata hasta allí, resulta que había cerrado a las 6. Así que no nos quedó otra que sentarnos, agotados, en un cafetería heladería justo enfrente y menudo chasco, carísima y los helados nada que ver con los que ya habíamos probado por Roma. Pero al menos pudimos descansar un rato que falta nos hacía. 




Un kilómetro y medio más de paseo por la zona de Cavour para llegar a la Piazza Venecia, ya casi de noche, haciendo una breve parada en un supermercado para comprar algo de cena. Y de nuevo nuestro autobús que nos llevaría por fin al apartamento. Otro días más por Roma exprimido al máximo. 




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