Vacaciones en Roma - Día 2

abril 15, 2019

Madrugando para empezar nuestro recorrido por Roma. Los Museos Vaticanos y la Basílica de San Pedro nos esperaban. 

Con nuestras entradas compradas por internet en la página oficial de los museos, llegamos un poco antes de nuestra hora, las 9 de la mañana, hora en la que en teoría abrían las puertas pero ya había muchísima gente en la cola (los que no tenían entrada, algo que nunca entenderé). Pasamos el primer filtro, para acceder a las taquillas en donde enseñamos las entradas y comprobaron que los estudiantes tenían sus carnets en orden y que el menor de 18 años efectivamente era menor (ni le pidieron carnet, jejejeje). 

Y ahí empezó la locura. Era mi tercera visita a los Museos Vaticanos, las dos primeras con visita guiada en un viaje organizado, y esta tercera por libre. Y en todas ellas, especialmente en esta, mi sensación es la misma, un museo caótico, enorme, que no acabas de disfrutar por la cantidad de gente que hay (y eso que era a primerísima hora) y muy mal señalizado. Pero como una servidora se había preparado la visita a conciencia, seguimos todos las estancias tal y como estaban en la guía, aunque por supuesto hubo zonas que nos quedaron sin ver porque tampoco queríamos pasar horas y horas. En total, unas 2 horas y media recorriendo los museos, admirando las obras más importantes como el Laocoonte y sus hijos, la Alegoría del Nilo, Artemisa de Éfeso o el Torso del Belvedere.



     



A mí personalmente me gustaron más la Galería de los Mapas y las salas de Rafael pero sobre todo porque no las conocía de mis dos anteriores visitas. Por supuesto dedicaré una entrada a los Museos Vaticanos en profundidad o al menos lo que dio de sí nuestra visita. 




Y por supuesto al término de la visita, la Capilla Sixtina en la que no se pueden hacer fotos pero todo el mundo intenta sacar alguna instantánea porque entre tanta gente es imposible controlarlo. 




Pasamos un buen rato admirando la belleza de la sala y la verdad es que no te cansas de observar cada detalle y cada figura de una de las obras más importantes de Miguel Ángel. 

A continuación, accedimos por la puerta de grupos, el truco que todo el mundo conoce de internet, a la Basílica de San Pedro. No estábamos dispuestos a esperar una cola de hora o más. 

De la Basílica destacaría la Piedad de Miguel Ángel y el Baldaquino de Bernini principalmente. Y por supuesto, fuimos a saludar a San Pedro y besar su pie derecho. 

     

     


Al salir de la Basílica, nos encontramos con la famosa Guardia Suiza y pasamos un buen rato admirando la belleza de la plaza de San Pedro y la fachada de la Basílica. 
     


Hora de ir a comer, en el restaurante Ciao en la calle Borgo Pío, del cual ya os he dejado una entrada en el blog donde podéis leer nuestras impresiones. 



Una vez ya alimentados que teníamos hambre después de la visita a los Museos y el paseo por las tiendas de la zona, seguimos por la calle hasta el Castillo de San Angelo, en donde no entramos porque no nos quedó más remedio que seleccionar qué ver. Y así ya tenemos excusa para volver a Roma algún día. 



Cruzamos el río Tíber por el Puente de San Angelo. El puente está decorado con estatuas de diez ángeles que sostienen los instrumentos de la Pasión de Bernini.



Callejeando, nos acercamos a la heladería Frigidarium donde probé el mejor helado de Roma del sabor con el nombre de la heladería, riquísimo. Además por el mismo precio, si querías, te echaban o bien chocolate negro o blanco por encima del helado que al enfriarse, se solidificaba. Había algo de cola en el establecimiento pero la verdad es que mereció la pena. Totalmente recomendable. 



El siguiente punto fue llegar hasta la Plaza Navona, una de mis favoritas de Roma. 


     


Lo más destacado de la plaza, aparte de su tamaño, son las tres grandes fuentes con esculturas. La más importante es la Fuente de los Cuatro Ríos situada en el centro y de Bernini. Las otras dos se encuentran en los extremos de la plaza, en la zona norte, la Fontana di Nettuno y en el sur la del Moro. 



De camino al Partenón, vimos abierta la iglesia de San Luis de los Franceses en cuyo interior destaca el tríptico de Caravaggio compuesto por El Martirio de San Mateo, la Vocación de San Mateo y San Mateo y el ángel. 




Llegamos al Panteón de Agripa situado en la Piazza della Rotonda. El acceso al mismo es gratis pero afortunadamente pudimos entrar sin mucho problema aunque había algo de cola pero esta avanzaba rápidamente. Es uno de los monumentos mejor conservados de la Roma antigua. Su interior te sobrecogerá, sobre todo su cúpula, así que tómate tu tiempo para disfrutar de cada rincón. 





Seguimos paseando por la ciudad, visitando la iglesia de Santa María Sopra Minerva y la de San Ignacio de Loyola. 


     



Y así llegamos a otro de los lugares emblemáticos de Roma: la famosa Fontana di Trevi, en donde, como marca la tradición, que dice que quien arroje una moneda de espaldas y por encima de su hombro izquierdo, tiene garantizado volver a Roma. 

A pesar de la gran multitud de personas que había en la plaza, nos pudimos hacer un hueco para cumplir con la tradición. 

     



Nos fuimos ya acercando a la Piazza Venezia en donde teníamos que volver a coger el autobús que nos llevara al apartamento. El cansancio ya empezaba a notarse en las piernas, pero aún tuvimos tiempo de acercarnos a la Iglesia del Gesú.



Y por último a la iglesia de Santa María in Ara Coeli. Ni qué decir que a estas alturas, subir los 124 escalones para llegar a su entrada fue ya una tarea difícil. 



En la propia Plaza Venecia se encuentra el Monumento a Vittorio Emanuele II, levantado para honrar a la patria tras la reunificación italiana. Un edificio bastante controvertido pues no cuenta con el cariño de los propios romanos, de hecho lo llaman pastel de bodas por su diseño. 


Aún tuvimos tiempo para asomarnos por la Via dei Fiori Imperiali, al término de la cual se encuentra el Coliseo. También vimos la Columna de Trajano y el Foro de Trajano, pero ya pasaríamos al día siguiente por ahí más tranquilamente. 




Agotadísimos, lo único que nos quedó por hacer es esperar a que llegara nuestro autobús y directos al apartamento a cenar y a dormir. Nos esperaba otro día completo. 

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