Vacaciones en Roma - Día 1

abril 14, 2019

Empiezo ya la review de nuestro último viaje a Roma con sentimientos encontrados. No ha sido un viaje que vaya a recordar con cariño, sino más bien con cierta tristeza pero la vida sigue y ya es hora de mostraros todo lo que dieron de sí esos cuatro días y media en la llamada ciudad eterna, aunque vista la forma de conducir de los lugareños, más bien el apodo ciudad sin ley sería más apropiada. Una ciudad monumental con multitud de lugares turísticos, plazas, barrios, iglesias, basílicas, restos arqueológicos, pero una ciudad peligrosa para el peatón y por ende para el turista que pretende cruzar por los pasos de cebra. En fin, que sin quitarle toda la importancia y el valor artístico de Roma, no deja de ser para mí una ciudad que no me llena, y que después de haberla visitado tres veces (sin duda esta vez más a fondo), me cuesta sentirme identificada con ella. 

Sin tener que madrugar esta vez porque el vuelo salía a las 11 y media de la mañana, por desgracia nos toca salir con mucho tiempo de antelación por la huelga de los trabajadores del aeropuerto de Barajas, no queremos sustos de última hora, así que sobre las 7 de la mañana salimos de casa, en dirección al aeropuerto. Afortunadamente, y al no tener que facturar, tardamos un poco más que de costumbre en el control pero cerca de 9 estamos ya esperando el embarque. 



En unas dos horas y media más o menos, y con unas cuantas turbulencias en la aproximación a la pista, aterrizamos en Fuimicino sin retraso. 


Nada más salir, también sin ningún retraso, encontramos nuestro transfer, de nuevo volvemos a confiar en Civitatis, que nos lleva en una media hora al apartamento que habíamos reservado a través de booking para este viaje: la Maison de Maria en la via Savorelli 54. Nos ponemos en contacto con la persona responsable y por desgracia tenemos que esperarla unos veinte minutos. 



Eso sí, le habíamos pedido que nos comprara algo de leche y zumo para desayunar al día siguiente ya que al llegar al domingo podríamos encontrar los supermercados cerrados, y no solo nos compró eso, también un panettone, cereales y nos regaló una botella de vino blanco. Además no nos cobró nada de lo que nos había comprado. Un detalle muy bonito que nos hizo olvidar el tener que estar esperando una media hora. 


     

Rápidamente y sin mucho tiempo de descanso, nos aseamos y salimos a empezar a descubrir la ciudad. Nuestro primer destino iba a ser la Plaza del Popolo, así que nos acercamos hasta el metro, estación Baldo degli Ubaldi hasta Flaminio en la línea A, tan solo 5 estaciones, de esta manera además, pudimos también comprar billetes de metrobus en la estación, ya que no se pueden comprar en los autobuses, solo en kioskos, estancos y en el metro. 




Nos bajamos en la parada de Flaminio y desde allí a la Plaza del Popolo en cuyo centro se encuentra un obelisco traído por Augusto desde Heliópolis, en la antigua Grecia y trasladado en el siglo XVI desde su primer emplazamiento, el Circus Maximus. 




También destaca en la plaza la Basílica de Santa María del Popolo, a la que accedimos a su interior para contemplar en la capilla Cerasi dos obras maestras de Caravaggio: la Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro. 

     

Desafortunadamente, la fachada de la basílica estaba en obras, así que no pudimos fotografiarla. 

Al este de la Plaza se encuentra el monte Pincio, desde donde se puede admirar la ciudad. Estuvimos a punto de subir el último día, pero el cansancio acumulado de todos los días nos lo impidió. 


Tomamos la Vía del Corso, una de las más importantes calles de Roma que una la Plaza del Popolo con la Plaza Venecia y nada más empezar la calle vimos una Gelatería, ya era hora de empezar a degustar los famosos helados de Roma. 



No estaba nada malo, pero no fue mi favorito de la ciudad. 

Nos recorrimos toda la calle hasta llegar a nuestro siguiente punto, la Disney Store que la verdad es que me decepcionó bastante, no por el decorado que me gustó, sino porque no tenían ningún recuerdo de Disney junto con el nombre de Roma o de Italia como en Florencia o Venecia o por supuesto en Londres, tan solo unos calcetines, así que no compramos nada. 






A esta hora empezaba a chispear con intención de empezar a caer con ganas, pero no desistimos en nuestro intento de llegar a la Plaza de España, pero cada vez llovía más fuerte, así que nos tuvimos que refugiar en la Iglesia de la Santísima Trinidad de los Españoles. Paseando a pesar de la lluvia por la Vía Condotti, nos dimos cuenta de lo pobres que somos, jajajaja. 






Salimos de la iglesia tímidamente en dirección a la Plaza de España pero seguía lloviendo muy fuerte, así que no nos quedó otra que subir la famosa escalinata y volver a refugiarnos en la Iglesia de la Trinitá dei Monti. 

Fue muy especial poder fotografiar la famosa escalinata sin nadie de gente y la Fontana della Barcaccia a sus pies, pero no con esa tromba de agua que nos estaba cayendo. 





En la iglesia no dejaban hacer fotos de la reja que veis hacia dentro, así que solo pudimos esperar a que escampara un poco para volver a bajar las escaleras y así tomar el metro que nos llevara de vuelta al apartamento. 


Pero cuando llegamos al metro, nos encontramos con la sorpresa negativa de que habían cortado por obras tres estaciones de nuestra línea, así que nos era posible llegar a Flaminio. Sin embargo, entramos en la estación con la intención de ver cómo llegar a los autobuses que teóricamente te llevaban a la Plaza del Popolo. Y.... nos perdimos, pero bien perdidos, nosotros y el Google Maps que se empeñaba en que escaláramos una pared, en fin, que nos pasamos cerca de una hora dando vueltas por una especie de M-30 para al final decidir volver a la Plaza de España y desde allí ya ir andando a la Plaza del Popolo. Con el susto en el cuerpo y el cansancio acumulado del viaje y de andar, no nos quedó más remedio que pasarnos por Pompi para probar el típico tiramisú, riquísimo. 






Por fin ya en el metro, llegamos más tarde de lo esperado al apartamento, cena rápida y a dormir que al día siguiente había que madrugar para los Museos Vaticanos. La opción de ir en metro ya la desestimamos para el resto de días, así que en autobús al centro. 

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