Palacio y Abadía de Holyrood en Edimburgo

agosto 11, 2018

Según la leyenda, David I se cayó de su caballo y fue atacado por un ciervo mientra cazaba. Para poder defenderse agarró los cuernos del animal y se dio cuenta de que este sostenía un crucifijo. Como muestra de agradecimiento ante Dios, David fundó la abadía agustina de Holy Rood (Santo Crucifijo) en 1128 y otorgó a los canónigos la posibilidad de fundar su propio municipio, Canongate. 

La abadía medieval prosperó y disfrutó del apoyo de los reyes Estuardo durante el siglo XV. Jacobo II nació, se casó, y fue enterrado en ella. Este monarca rompió la tradición de Scone, la ciudad en la que los reyes escoceses eran coronados sobre la Piedra del Destino. Sus tres sucesores se casaron en la abadía. Durante este periodo, la hospedería era utilizada como residencia real. Jacobo IV, que quería convertir Edimburgo en la capital de su reino, comenzó a transformar la hospedería en castillo añadiendo la torre noroeste, todavía en pie. Las obras continuaron tras su muerte en la batalla de Flodden Field (1513). Los edificios de la abadía fueron dañados en 1544, saqueados durante la Reforma y quemados cuando las tropas de Cromwell se alojaron en ellos. Poco antes la abadía vivió un breve momento de gloria con la coronación de Carlos I en 1633. Posteriormente, la nave sirvió de iglesia parroquial para los habitantes de Canongate hasta 1688, fecha en la que Jacobo VII deshizo la congregación para transformar la abadía en capilla real y convertir el castillo en sede de la Orden del Cardo. 

Aunque Carlos II nunca residió en el castillo, encargó al arquitecto real sir William Bruce una profunda remodelación de este. Bruce y su maestro de obras, Robert Mylne, llevaron a cabo una obra maestra, sobre todo en lo referente a los edificios de la corte. Con buen juicio, conservaron la torre del siglo XVI situada al noroeste y alzaron una segunda torre simétrica. 

Tras la estancia de seis años de María Estuardo, el segundo ocupante real fue Jacobo, duque de York (el futuro Jacobo VII), que residió aquí entre a679 y 1682, representando la autoridad suprema de su hermano Carlos II de Inglaterra. Hubo un corto periodo de recepciones reales cuando Bonnie Prince Charlie convirtió Holyroodhouse en su cuartel general antes de su derrota final en Culloden. Posteriormente Jorge IV organizó otra recepción real en 1822. Por último, el rey de Francia, Carlos X, se alojó en el palacio en dos ocasiones. Tras el reinado de la reina Victoria el castillo se ha convertido en una residencia real donde se aloja frecuentemente Isabel II. 

En el exterior del palacio destaca la fuente que es una copia del siglo XIX de la del palaio de Lintithgow. La fachada de entrada es la última parte del palacio que fue reconstruida, ya que en un principio se pretendía conservar la fachada edificada por Jacobo IV. Flanqueada por columnas, corona la puerta un impresionante escudo de armas de Escocia tallado, un frontón quebrado, una cúpula y una corona. Los edificios del patio interior constituyen un magnífico ejemplo del estilo renacentista del periodo Estuardo, uno de los primeros en Escocia.


     







Interior. La decoración de los apartamentos de Estado es tan suntuosa como cuando fue concebida por sir William Bruce en el más puro estilo Restauración. Los techos con molduras de estuco y su compleja decoración, las boiseries magníficamente talladas y las telas en medallón engrandecen la decoración con una calidad de ejecución extraordinaria. 

La gran escalera conduce al retrato de la reina Isabel realizado por su pintor oficial, David Donaldson. Además de los techos, los apartamentos de Estado guardan otras maravillas, como el retrato de Jorge IV vestido con traje de las Highlands. La sala del trono expone los retratos del rey Carlos II y de su hermano Jacobo VII con sus esposas. En el salón de noche destacan los marcos de puerta esculpidos y los tapices de Bruselas del siglo XVIII. El salón de díaes el más hermoso con su suntuosa decoración. La suite del rey ocupaba la parte oriental, dominando los célebres jardines simétricos que se plantaron sobre el emplazamiento del claustro demolido. En la cámara del rey hay que admirar la magnífica cama roja y el techo. 

Lástima que no dejen hacer fotos aunque conseguimos a duras penas tomar algunas imágenes que os dejamos a continuación. 












Pero sin duda para mi gusto, la joya es la Abadía, a pesar de estar en ruinar, pero ya sabéis que en este blog tenemos un aprecio especial a los monasterios o monumentos en ese estado. 

La nave a cielo abierto es el único vestigio de lo que antaño fue una grandiosa abadía. Data de finales del siglo XII y principios del XIII, época de  la que todavía subsisten algunos bonitos detalles esculpidos. 

Y de paso que admiras la abadía, que en realidad fue la razón por la cual entramos en el palacio, da un paseo por los jardines. Un lugar realmente mágico. 





     







     




El palacio abre a las 9:30 y cierra de noviembre a marzo a las 16:30 siendo la última hora de admisión a las 15:15 y de abril a octubre cierra a las 18:00, cerrando sus puertas a las 16:30. 

Abre todos los días del año excepto el 25 y el 26 de diciembre. 

El precio es de 14 libras por adulto; 12,70 para los estudiantes y mayores de 60 y 8,10 para los menores de 17 años y los minusválidos. También tienen un family ticket. Si quieres visitar la Queen's Gallery, donde hay exposiciones, el precio es superior. Nosotros no cogimos la entrada con la galería, porque al no poder hacer fotos, preferimos centrarnos en la abadía y dar una paseo por los jardines tranquilamente. 

Compramos las entradas de antemano en este enlace pero la verdad es que no había cola, aunque claro llegamos a la hora en la que abrían, las 9:30. 

Para una primera visita a Edimburgo, es necesario entrar en el palacio, a nos ser que tengas un presupuesto limitado, pero la verdad es que no repetiría. 

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