Gofres, mejillones, frites y magia - Día 7

agosto 07, 2017

Hoy era también un día especial en este viaje. Íbamos a volver a la que sin duda es para mí una de las ciudades más bonitas de Europa: Brujas. En nuestra anterior visita, me guardé un recuerdo muy especial de la ciudad en el corazón, y esta ocasión, aunque solo disponíamos de un día, no iba a ser menos. 

Aparcamos cerca del Vismarkt, o mercado de pescado y desde allí directos al Ayuntamiento y Franconato.






Enfrente del Ayuntamiento, habían puesto un escenario para conciertos, en fin, que nos alegramos de que disfruten la gente de las fiestas, pero con lo impresionante que es la fachada del edificio, no creo que colocarlo justo delante fuera muy inteligente. 

El caso es que accedimos en primer lugar al interior del Ayuntamiento para ver su impresionante Sala Gótica y posteriormente al Franconato. La entrada sirve para los dos edificios. Y una de las tantas anécdotas del día: en las taquillas nos preguntaron si veníamos de México, está claro que no habían oído hablar a nadie de México, jejejeje






La autoestima de Carlos I era muy alta, jejejeje

En la misma plaza, se encuentra la Basílica de la Santa Sangre. La capilla inferior, dedicada a San Basilio el Grande es románica. Mientras que la capilla superior de estilo gótico del siglo XVI alberga la reliquia de la Santa Sangre, una venerada ampolla que supuestamente contiene un trozo de tela con sangre de Jesucristo, traída a la ciudad por Teodorico de Alsacia en el siglo XII a su vuelta de la Segunda Cruzada. Sea o no sea verdad, el caso es que impone subir unas pocas escaleras, santigüarse delante de la reliquia y recibir del cura un papel con una oración en varios idiomas.







Llegamos enseguida al punto más fotografiado de toda la ciudad: la esquina entre Rozenhoedkaai y Braambergstraat y más adelante el puente con la estatua de Nepomuceno, arzobispo de Praga.




Y desde allí recorremos la calle Dijver para llegar a la Iglesia de Nuestra Señora. 






La iglesia de Nuestra Señora de Brujas se construyó en el siglo XIII en el lugar que ocupaba una iglesia románica anterior. Destaca por su torre de ladrillo de 122, 3 metros de altura. En esta ocasión tuvimos que pagar para acceder a su interior, recuerdo que hace 5 años era gratis, pero bueno entre descuento de minusválido y de acompañante, no nos salió muy cara. En su interior, a pesar de las obras, no puedes dejar de ver la famosa Madonna de Miguel Ángel, la única escultura del famoso genio que se encuentra fuera de Italia. Probableente fue originalmente concebida para la catedral de Siena, aunque fue comprada en Italia por dos comerciantes de Brujas, los hermanos Jan y Alexander Mouscron. Imposible olvidar la escena de la película Monument's Men cuando uno de los protagonistas muere por proteger la escultura. 





     

Ni qué decir que a estas horas ya empezaba el estómago a pedir algo de comida, así que directos a nuestro siguiente punto en el planning, la Catedral de Brujas, pero antes a comer en el restaurante de comida rápida Bocca. Por muy poco dinero, vas a poder comer pasta con diferentes salsas y eso en una ciudad no especialmente barata como Brujas, es de agradecer. Además tuvimos mucha suerte y hasta nos pudimos sentar a las puertas del local. 




Cuando terminamos de comer, ya abrían la Catedral, así que accedimos a su interior. La Catedral de San Salvador construida entre lo siglos XIII-XIV es la iglesia más antigua de Brujas.  





     

A estas alturas del día, era imperdonable no habernos acercado a la Grote Markt, el centro neurálgico de Brujas y la plaza del mercado y declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Entre sus monumentos más destacados, el Juzgado y por supuestamente el Belfort o Campanario. 






Y por supuestamente, imposible no caer en la tentación de comerse unas frites en los food trucks de la plaza. 



Seguimos recorriendo Brujas en dirección a la plaza Jan Van Eyck, famoso pintor flamenco que vivió y murió en Brujas. 







En la misma plaza se encuentra el edificio Poortersloge, donde se reunían los comerciantes extranjeros para hablar de negocios, en donde os llamará la atención la estatua de un oso, ya os contaré en otra entrada la leyenda del mismo. 


     

Dirigimos ya nuestros pies hacia el Beaterio, pero antes hay que reponer fuerzas, así que nada mejor que tomar un gofre en Chez Albert, y una visita a la tienda de Navidad de Kathe Wohlfahrt.






Pasamos por uno de los rincones más bonitos de la ciudad y mira que es difícil elegir entre tantos, el puente San Bonifacio.




Tras un largo paseo llegamos al Beaterio, nos hemos recorrido de Brujas de norte a sur, pero ha merecido la pena. Se trata de un beaterio que data del siglo XIII cuando la condesa de Flandes ordenó la construcción de las casas para albergar a las beguinas, como se denominaba a las viudas y huérfanas de los cruzados. 

Un lugar donde se respira la paz y la tranquilidad. 






Y justo al lado, otro de esos rincones de visita obligada en Brujas, el Minnewater o lago del amor. El origen del lago se remonta al siglo XIII, cuando se creó como depósito para controlar el nivel de agua de los canales. 

Sobre el lago hay varias leyendas. La más romántica cuenta que la joven doncella Minna huyó de su padre que quería casarla con un noble de alta posición para reunirse con su verdadero amor, el joven Stromberg quien, tras buscarla desesperadamente, la encontró muerta en el lago y decidió enterrarla en el mismo separando las propias aguas. También se dice que la presencia e los cisnes se debe a que, allá por el siglo XV, el pueblo de Brujas asesinó a su tiránico gobernador Pierre Lanchais (apellido que en flamenco significa "cuello largo"), por eso, Maximiliano de Austria condenó a la ciudad a mantener y cuidar en sus canales y en el lago a estos animales como recuerdo al cuello largo asesinado. 

Sean verdad o no estas leyendas, lo cierto es que el Minnewater es uno de los rincones más románticos y especiales de Brujas. 






Y quién sabe, puede que tirar una moneda al lago, supongo que algún día volveremos a Brujas. 


Alrededor del lago hay un espectacular parque. Por desgracia, estábamos ya tan cansados que solo pudimos acercarnos a un puente, el Minnewaterbrug, desde el que tuvimos la fortuna de contemplar y de admirar uno de las más bellas estampas de Brujas. Desde este viaje, mi favorita. 




Un breve paseo de compras hasta donde habíamos dejado el coche, que no estaba cerca. Y de vuelta al hotel. Parada a cenar en un quick de los alrededores de Bruselas y a descansar. Al día siguiente nos esperaba Amberes y lluvia. 

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