Cúpula del Duomo de Florencia

agosto 08, 2016

Proyectar una cúpula para la catedral de Florencia fue una cosa, pero construirla otra distinta. Las cúpulas anteriores medievales se habían construído sobre un entramado de madera, levantado para sostener la estructura de pidra hasta que secara el mortero. Sin embargo, un entramado del tamaño de la cúpula de la catedral habría exigido casi toda la madera de Toscana y lo que era peor, los albañiles no sabían cómo contener sus 25.000 toneladas de tensión lateral. 

Surgieron toda clase de ideas sobre cómo debía construirse la cúpula. Unos sugirieron que se hiciera en piedra pómez, una roca volcánica ligera. Otros propusieron que la cúpula se apoyara en un montículo de tierra amarrada con monedas que, una vez acabada, serían retiradas por los florentinos codiciosos. En ese clima de desesperación, se organizó un concurso en 1418 para encontrar una solución. El ganador fue Filippo Brunelleschi, que venció a Lorenzo Ghiberti, quien a su vez le había superado en el concurso por las puertas del Battisterio en 1401.

Brunelleschi había sido un mal perdedor en 1401; en esta ocasión fue Ghiberti quien no supo perder, y se unió al coro de los agoreros que ridiculizaban sus planos tildándolos de irrealizables. Un exasperado pero a la vez astuto Brunelleschi llegó a fingirse enfermo como excusa para abandonar el proyecto, que asumió Ghiberti solo para acabar dándose cuenta de que le superaba. Brunelleschi fue reincorporado como el único inventor y director de la cúpula en 1423.

Las soluciones propuestas por Brunelleschi para los problemas de ingeniería de la cúpula fueron muy ingeniosas. Algunas todavía hoy no se comprenden, pero básicamente se resumen en la construcción de dos armazones: una cubierta exterior ligera, de aproximadamente 1 metro de grosor y otra interior más robusta de unos 4 metros. Y lo que es más importante,el propio armazón interior consistía en un enladrillado en forma de espiga, cuyas cornisas de asiento en voladizo eran muy resistentes y permitían que la cúpula se sostuviera a medida que iba elevándose. 

Ningún detalle era insignificante para Brunelleschi, quien dispuso coinas en el lugar para que los trabajadores ahorraran tiempo, creó una red de pasadizos para aligerar los movimientos alrededor de la cúpula y dejó ganchos para los andamiajes que facilitaran la limpieza y las reparaciones a las generaciones futuras. Otras innovaciones incluyeron la utilización de materiales ligeros, de mortero de secado rápido y de herramientas especiales.

La finalización de la cúpula en 1436 permitió la consagración de la catedral el 25 de marzo del mismo año. No obstante, la linterna actual - en la cúspide de la cúpula - todavía no estaba construida, sobre todo porque muchos críticos creyeron que la cúpula se derrumbaría si se le añadía más peso. Brunelleschi se vio de nuevo obligado a pasar por la humillación de presentarse a un concurso - que ganó - y las obras de la linterna empezaron pocos meses antes de su muerte, en 1446.



Para acceder a la cúpula, hay que acercarse a una puerta que se encuentra en la fachada norte de la catedral. Allí encontrarás dos colas, una de la gente que ha comprado las entradas por internet con anterioridad y otra de la gente que ha comprado las entradas in situ. Ni qué decir que cuando llegamos, relativamente temprano, sobre las 9 y media, la cola nuestra, la de Internet, no era superior a unas 10 personas mientras que la otra ya llegaba a la hora de espera, y a lo largo del día llegó incluso a las 3 horas de espera. 





Así que en nada con mucha ilusión y a la vez algo de miedo por el número de escaleras a las que nos enfrentábamos, nos dispusimos a subir los 463 escalones que hay hasta la linterna. Afortunadamente, no son seguidos, más o menos a la mitad tras subir unos tramos estrechos en escalera de caracol, se llega al interior de la cúpula. 

Primero se sugirió que los 45 metros de ancho fueran cubiertos con una decoración en mosaico para aprovechar al máximo la luz que entraba por los rosetones y a través de la linterna. Brunelleschi propuso que la bóveda brillara como oro resplandeciente, pero su muerte en 1446 puso fin a este proyecto y las paredes de la cúpula fueron enjabegadas. Cosme I de Médicis decidió que la cúpula fuera pintada con una representación de El Juicio Final. Esta obra, de 3600 metros cuadrados de superficie pintada, fue comenzada en 1568 por Giorgio Vasari y Federico Zuccaro y duraría hasta 1579. La parte superior, cerca de la linterna, representa a Los 24 Ancianos del Apocalipsis. Fue acabado por Vasari antes de su muerte en 1574. Federico Zuccaro y otros colaboradores como Domenico Cresti acabaron otras secciones: Coros de Ángeles, Cristo, María y los Santos, Virtudes, Dones del Espíritu Santo, y Beatitudes y en la parte baja de la cúpula: Pecados Mortales e Infierno. Estos frescos están considerados como las mejores obras de Zuccaro. Pero la calidad de la obra es desigual debido a las colaboraciones de artistas varios que utilizaron diferentes técnicas. Vasari había usado pintura al fresco mientras que Zuccaro pintaba con pintura en seco.

En cualquier caso, es difícil explicar la sensación de encontrarse observando tal obra de arte impresionante, pareciera que pudieras tocar el cielo tan solo estirando la mano. Lástima que casi no te puedas parar ya que vas en fila y controlan que nadie se pare mucho tiempo para que la cola vaya avanzando.

Disfrutad de las fotos.










Un pequeño esfuerzo más por un tramos de escaleras más empinado para llegar al exterior de la cúpula, a la linterna. 




Os preguntaréis si merece la pena sufrir tanto para llegar a lo más alto de la cúpula. Dejaré que las fotos hablen por sí solas. 








Toda Florencia a vista de pájaro y a tus pies. 

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