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Catedral de Siena

El Duomo de Siena es una de las catedrales más famosas de Italia. Supera a la de Florencia en todos los aspectos - artístico y arquitectónico - excepto en la cúpula de Brunelleschi.

El edificio se alza en uno de los puntos más elevados de la ciudad, lo cual le ha conferido una significación especial durante siglos. Es probable que aquí se edificara uno de los santuarios romanos más importantes de Siena, un templo a Minerva, y que cerca existiera una iglesia cristiana en el siglo IX, o quizás antes. Se dice que la catedral actual fue consagrada en 1179 por el papa Alejandro III, natural de Siena, aunque el grueso de la construcción se terminó en 1215. Posteriormente, se añadió la cúpula, entre 1259 y 1264, y la parte inferior de la extraordinaria fachada fue realizada por el eminente escultor natural de Pisa Giovanni Pisano entre 1284 y 1296. Muchas de las estatuas de Pisano y otros autores han sido sustituidas por copias y las originales se pueden contemplar en el Museo de la Catedral. 

Fuera de algún elemento adicional, 1296 podía haber marcado el final de la construcción. Sin embargo, hacia 1339, el crecimiento de la población de Siena y de su riqueza, junto al deseo de emular la catedral de sus rivales florentinos, impulsaron el inicio del llamado Duomo Nuovo. Si se hubiera realizado, habría sido la mayor iglesia de su época.

Pero el proyecto fue abandonado por las luchas políticas y por el caos y el empobrecimiento que siguieron a la Peste Negra de 1348. 

Frustrados en sus ambiciones, los sieneses decidieron conformarse con el edificio original, añadiéndole elementos al ábside y completando la parte superior de la fachada en el mismo estilo que la catedral de Orvieto. Los tres mosaicos superiores, obra de artistas venecianos, fueron añadidos en el siglo XIX. 









A diferencia de la catedral de Florencia, cuyo interior es relativamente sencillo, la de Siena deslumbra por la riqueza de las obras de arte que alberga. Lo primero que llama la atención son los numerosos bustos esculpidos de las paredes superiores, de los siglos XV y XVI, y que representana a 172 papas, y en espacios inferiores, 36 emperadores del Sacro Imperio romano-germánico.






Mucho más valioso es el pavimento de la catedral, cubierto por 56 paneles de mármol graffito (grabado). Por desgracia, algunos se han cubierto para evitar el desgaste. Los primeros paneles se realizaron hacia 1369 y tienen unos sencillos dibujos geométricos. El último, de 1547, está mucho más decorado. En total, unos cuarenta artistas, entre los que se encuentran casi todos los pintores destacados de la época, realizaron diseños para este bello conjunto de narraciones bíblicas, alegóricas y seculares. 

Por desgracia el suelo solo se descubre en su totalidad durante el Palio. Nosotros no estuvimos en esa época, sino una semana antes pero no sé por qué, tuvimos la oportunidad de disfrutar de parte del pavimento a la vista. Impresionante. 










Entre la plétora de pinturas y esculturas que decoran las paredes destacan también otras obras de arte. La primera de ellas es el asombroso púlpito situado hacia el final de la nave, a la izquierda, con sus famosos bajorrelieves de la Vida de Cristo, realizado por Nicola Pisano padre de Giovanni Pisano, el escultor responsable de gran parte de la fachada. 

Desafortunadamente el púlpito se encontraba en obras, así que solo pudimos fotografiar algunas partes a través de ventanas estratégicamente colocadas para poder contemplarlo.









La segunda obra escultórica importante del Duomo es el Retablo Piccolomini, en el lado norte de la iglesia, a la izquierda de la entrada a la Biblioteca Piccolomini. Gran parte de sus elegantes esculturas pertenecen a Andrea Bregono, pero lo que lo convierte en una auténtica joya son las cuatro estatuas de las hornacinas inferiores, que representan a los santos Gregorio y Pablo a la derecha y a Pedro y Pío a la izquierda y que Miguel Ángel esculpió durante su etapa de juventud. 





La tercera obra maestra y la más majestuosa es la Biblioteca Piccolomini, decorada con frescos del artista umbro Pinturicchio. La zona fue reservada originalmente en 1495, por el cardenal Francesco Piccolomini y más tarde por el papa Pío III, para albergar la biblioteca de su tío toscano, Enea Silvio Piccolomini, más conocido como el papa Pío II.

Los frescos mantienen sus vivos colores y describen diez episodios de la vida del papa Pío II. Rafael vivió y trabajó en la vecina Umbría durante varios años y es posible que ayudara a Pinturicchio en el diseño inicial. Este último era amigo de Perugino, el maestro de Rafael. 

Las pinturas siguen la carrera seglar y religiosa de Pío y son una muestra típica del delicioso estilo narrativo de Pinturicchio lleno de episodios, detalles y colorido. 







En el centro de la sala se encuentra una célebre estatua de Las Tres Gracias, una copia romana de un original griego que inspiró a artistas como Rafael y al escultor neoclásico del siglo XIX Antonio Canova, que esculpió su propia versión, una obra que hoy se encuentra en el Victoria and Albert Museum de Londres. En esta misma sala también se exhiben varias miniaturas del siglo XV y libros de coro del Duomo y del Ospedale. 




La bóveda se compone de un largo rectángulo central afirmada por velas y columnas de bóveda reducidas a la mitad. La decoración se inspira en el Domus Aurea. Los lados largos tiene cuatro velas en fondo amarillo y tres columnas con fondo azul, mientras que los lados cortos tienen un penacho amarillo y dos velas rojas. 

El rectángulo central se divide en frisos y compartimentos geométricos, inspirado en las bóvedas del palacio de Nerón, con el escudo de armas de los Piccolomini en una guirnalda. De los compartimentos, se atribuye la pintura a Girolamo del Pacchia, con las virtudes y mitos paganos inspirados en relieves de sarcófagos. Para las cuatro figuras de las virtudes, se ha propuesto el nombre del miniaturista Littifredi Corbizi, quien los habría realizado en 1494.




Destaca también en el interior de la catedral de Siena la Cappela di san Giovanni, que contiene otros frescos de Pinturicchio, una preciosa pila bautismal del siglo XV y una estatua de san Juan Bautista,obra de Donatello. 





En el altar mayor destaca el gran retablo en bronce de Vecchietta, uno de los mejores escultores del Renacimiento sienés. Esta obra estaba originalmente en Ospedale di Santa Maria della Scala pero fue traída a la catedral en 1506 para sustituir como pieza central del altar a la famosa Maestà de Duccio.


Hay que nombrar también la Cappella della Madonna del Voto profusamente decorada por el maestro del Barroco romano, Bernini.


Sin duda, el interior de la catedral de Siena es una de las maravillas de la ciudad y de La Toscana, en general. Os dejo algunas fotos más de su inmensidad y detalles del techo. Para mi gusto, una de las catedrales más bonitas del mundo. 








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