Bajo el sol de la Toscana - Día 4

agosto 06, 2016

Un nuevo día por la Toscana. Hoy visitábamos Siena, posiblemente una de las ciudades más bonitas de todo el viaje. Un poco más de hora y media por una carretera típica italiana, estrecha y sin arcén. Por el camino, vamos descubriendo la belleza de los paisajes de la Toscana. 



Llegamos a Siena, y aparcamos en el parking de Santa Caterina. En la circunvalación de la ciudad, hay diversos parkings donde dejar el coche, nada aconsejable meterse en zona restringida, la multa puede ser importante y además las calles son muy estrechas, como suele ser normal en una ciudad medieval. Un poco caro el parking, el más caro de todo el viaje, pero muy bien situado. 


Y lo mejor es que para acceder al centro de la ciudad, tenías unas escaleras mecánicas a tu disposición a escasos metros. 




Siena es en mi opinión la joya de la Toscana. Bien es verdad que aún nos quedan muchos pueblos por descubrir pero de los que vimos sigo sintiendo algo especial en sus calles y sobre todo en su impresionante catedral, algo más austera que la de Florencia en su exterior pero increíble en su interior. En un corto paseo, llegamos en primer lugar al Batisterio. Vamos a acceder a su interior pero nos dicen que tenemos que coger unas entradas gratis en taquilla para el minusválido y acompañante así que seguimos en dirección a la catedral, pues las taquillas se encuentran justo enfrente. 





Ante nosotros una de las catedrales más bellas del mundo.




Tenemos todos ya la famosa entrada OPA que te permite acceder a la catedral, facciatone, museo, Libreria Piccolomini y cripta. Como siempre compradas por Internet para evitar colas, si bien es verdad que a esas horas de la mañana, la cola aún no era excesiva. 

Empezamos la visita con el interior de la catedral. Esta fue diseñada sobre la base de una estructura más antigua y terminada entre 1215 y 1263 por Giovanni Pisano. Pertenece, por tanto, a la fase plena del estilo gótico. 

En su interior, llama la atención el ritmo continuo que imponen las bandas alternas de mármoles blancos y oscuros, así como la compleja labor decorativa del pavimento, en el que se muestran diversas y variadas escenas religiosas y paganas con multitud de figuras. 

Os dejo aquí unas cuantas fotos de su impresionante interior. 




También pudimos visitar en su interior la Biblioteca Piccolomini. Fue construida en 1492 por encargo del arzobispo de Siena Francesco Todeschini Piccolomini (más tarde el Papa Pío III) para preservar el rico patrimonio de libros coleccionados por su tío, el Papa Pío II. Entre 1502 y 1507 fue completamente decorada con frescos de Pinturicchio, con la ayuda del boloñés Amico Aspertini y el joven Rafael Sanzio. 





Seguimos con el Museo de la Catedral. Entre otras esculturas sobresalientes, la gran sala de la planta baja aloja las doce estatuas góticas de Giovanni Pisano, esculpidas entre 1287 y 1297, que estuvieron expuestas, inicialmente, en la parte inferior de la fachada del Duomo.



Un pequeño descanso antes de enfrentarnos a las escaleras del Facciatone o Panorama. 


En una de las plantas del museo se encuentra el acceso al Facciatone o Panorama. Restos de los que iba a ser la nueva Catedral que por culpa de la peste, se canceló. 

Sin duda la mejor vista de Siena y de la Toscana. Desde ella tienes toda la ciudad a tus pies. Totalmente recomendable y la subida nos se hace especialmente difícil. 








Seguimos visitando el resto de monumentos incluidos en el ticket, y ahora nos dirigimos a la cripta que está en la parte de atrás de la catedral. Todo está bien señalizado, así que no te preocupes, no tiene pérdida. 

Esta cripta fue posiblemente la entrada original de los peregrinos a la catedral y fue descubierta por obreros en 1999. Contiene pinturas al fresco medievales y un antiguo graffiti. 



      


Y por último el Baptisterio, también conocido como Baptisterio de San Juan construido en el año 1390. Lo más destacable del mismo son sus pinturas al fresco y su pila bautismal. 




Visto todo esto, ya se nos hace la hora de comer. Preferimos comer pronto para evitar luego los problemas de siempre. No encontrar sitio. Además después de la paliza que nos habíamos dado, estábamos cansados aunque tremendamente felices porque Siena nos ha cautivado. 



Decidimos alejarnos un poco de la Piazza del Campo porque posiblemente en esa zona los restaurantes podrían estar un poco más caros, así que tomamos la via del Capitano. Al pasar por delante del Palacio Piccolomini, entramos un momento. 



Pasear por las calles de Siena en sí ya es todo un monumento.

     

Después de mirar unos cuantos restaurantes, entramos en la Trattoria I Barberi. En general comimos bien, excepto uno de nosotros que decidió comer risotto de espinacas y al parecer no fue una buena idea. 



Llegó el momento de descubrir una de las plazas más bonitas de la Toscana: la Piazza del Campo de Siena. 


La Piazza del Campo es la plaza principal del centro histórico de Siena, considerada una de las mejores plazas medievales de Europa. El Palazzo Público y su Torre del Mangia, junto con varios palacios rodean la plaza, que tiene forma de concha. En el noroeste está la Fonte Gaia. 

     






Me encantó ver la plaza tan llena de vida. Restaurantes, tiendas de souvenirs, las famosas banderas del palio y la gente sentada en la irregular plaza a la sombra porque el sol era abrasador. 

Después de unas cuantas compras, vamos a ir terminando ya nuestra visita a Siena. Y callejeando por sus estrechas y empinadas calles con un claro aire medieval, llegamos a la Casa Santuario de Santa Caterina. 

La casa, situada en el territorio de Fontebranda que pertenecía al Gremio de la Lana, se articula en tres niveles. En la primera mitad del Trecento, la alquilaron Jacopo Benincasa, padre de Catalina, como almacén para teñir las telas y como vivienda de la numerosa familia. Más tarde, otro tintorero adquirió el edificio hasta que en 1466, después de la canonización de Catalina, el Gobierno de Siena decidió comprarlo, presionado por las súplicas de los habitantes de Fontebranda, que deseaban que la casa de la santa estuviese para siempre abierta a la pública veneración. 





A estas horas tenemos casi que ir parándonos en cada asiento, o escalón que encontramos. Se va notando el cansancio acumulado del día. 

Pero aún así, tenemos fuerzas para llegar al último punto de nuestro tour por Siena, la Basílica de San Domenico que fue construida en el siglo XIII y agrandada en el XIV. Después de haber visto el interior de la catedral, la basílica nos deja un poco fríos. 



Sabemos con ayuda del mapa que estamos en una especie de colina y que tenemos que bajar a donde el coche. Pero dudamos entre dos caminos. Menos mal que tras preguntar a un par de italianos, conseguimos encontrar la calle que nos va a conducir al coche. A lo lejos tenemos la suerte de contar con una de las imágenes más bellas de la Toscana, la catedral y el skyline de Siena. Precioso. 



Pagamos el parking, uno de los más caros del viaje, unos 13 euros y ponemos rumbo a Monteriggioni, a donde llegamos en unos 20 minutos. En el aparcamiento hay zona de pago y de no pago. Afortunadamente una de las plazas de minusválido está en la zona de pago. Aparcamos sin pensarlo. 



Subimos unas escaleras que conducen a la entrada del pueblo. Todo amurallado y sin acceso de coches. Hay que ver lo bien preparados que están todos los pueblos que hemos visitado, todos ellos con sus aparcamientos extramuros para que así puedas visitarlos sin problemas. 

Asentada sobre una pequeña colina natural, esta ciudad medieval completamente amurallada fue construida en el siglo XIII por los señores de Siena para controlar la vía Cassia que discurría a través de Val d'Elsa y Val Staggia, justo al oeste de Monteriggioni. 


Prácticamente el pueblo tiene dos calles, que recorremos de subida y de bajada más la plaza principal Piazza Roma, que está dominada por una iglesia románica con una fachada sencilla. 





Las murallas más o menos circulares con una longitud total de alrededor de 570 metros fueron construidas entre 1213 y 1219, siguiendo los contornos naturales de la colina. Hay catorce torres de base cuadrada colocadas de manera equidistante y dos portales o puertas. Una de ellas, llamada Porta Romana, da hacia Roma en el sur. 



La calle principal recorrer el pueblo de una puerta a otra. Por ella vas observando palacios y casas de estilo renacentista. Hoy en día muchos de ellos son restaurantes y tiendas de souvenirs, sobre todo de alimentos propios de la zona y de bolsos y zapatos de piel. 







Volvemos al coche agotados pero muy felices. A cenar y a descansar. 

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