Fin de semana de lujo en Bruselas - Día 1

septiembre 05, 2014

Empiezo con la review del fin de semana de lujo del que disfrutamos mi mejor amiga Carmen y una servidora gracias a un concurso de la Oficina de Turismo de Bruselas aquí en España que a través de FB gané. 

Solo con ver el planning que nos tenían preparado, ya éramos conscientes de que este iba a ser un fin de semana de auténtico lujazo. Hotel de cuatro estrellas céntrico y de lo mejor de la ciudad, cena en el restaurante Chez Leon para comer los típicos mejillones, comida en el restaurante Lola para probar exquisitices francesas, la Brussells Card para poder entrar de forma gratuita en museos y viajar en cualquier medio de transporte de la ciudad y una mañana de paseo con un guía solo para nosotras dos. Sin duda, con todos estos ingredientes, nada podía salir mal, y en efecto así fue, un fin de semana inolvidable de chicas en la maravillosa ciudad de Bruselas en los mismos días en los que se celebraba la Fiesta del Comic y la de la Cerveza. 

Y empezamos ya con el relato. 

Salida a las 12:30 de Barajas con destino al aeropuerto de Bruselas Zaventem, el más cercano a la ciudad. El vuelo tranquilo amenizado por una animosa conversación y por un auxiliar de vuelo "interesante", jejeje Llegamos y buscamos la estación de tren para dirigirnos a Bruselas Central, la cual se encuentra en el nivel -1 del aeropuerto. Las tiendas duty free de chocolate de todos los colores y todas las formas ya empiezan a llamarnos la atención. 



El billete nos cuesta 8,50€, los hay de ida y vuelta pero como no sabemos si servirían para el domingo y además salen igual de precio que sueltos, decidimos no arriesgarnos. Eso sí, no entendemos muy bien las máquinas dispensadoras que por otro lado solo te permiten pagar con tarjeta de crédito, no en efectivo, así que decidimos comprar los billetes en taquilla. Lo nuestro no es el flamenco, el idioma claro. 



Tres estaciones y llegamos a Bruselas Central, un poco más y nos la pasamos porque habíamos leído que se tardaba unos veinte minutos en el trayecto y en menos de un cuarto de hora ya estábamos llegando. 



Lógicamente lo primero que hicimos fue dirigirnos a nuestro hotel, The Dominican. 

Encontrarlo fue tarea ardua, el mapa que llevábamos era muy pequeño y la mitad de las calles no venían, y eso que estaba muy cerca, por eso de camino pasamos por la catedral y luego por las famosas Galerías Saint Hubert llenas, cómo no, de chocolate. 










Por fin llegamos al hotel, menudo lujo, nos dan enseguida la habitación, nuestra Brussells Card y subimos a descansar un rato. Ya no nos daba tiempo a ver ningún monumento abierto pues eran ya más de las cinco, así que decidimos dar una vuelta por la ciudad.


Volvimos a pasar por las Galerías Hubert en dirección a la Grand Place y ya sí que no pudimos evitar caer en la tentación de entrar en alguna de las tiendas de chocolates, mmm, qué rico todo. 



Pasamos también por una de las calles más turísticas de la ciudad, la Rue des Bouchers, en busca del restaurante en el que teníamos reserva para cenar: Chez Leon.


La calle llena de restaurantes y cervecerías, pensar que a esas horas, las 6:00 de la tarde ya nos estaban ofreciendo mesa para cenar. 








Y en nada llegamos a la Grand Place. Como ya os he dicho, ese fin de semana se celebraba la Fiesta de la Cerveza y en el centro de la plaza había un montón de carpas con puestos donde vendían cervezas. Tenías que comprar unas fichas y luego ya podías consumir. Todo muy bien organizado pero la verdad es que no pudimos disfrutar de la belleza de esta increíble plaza como nos hubiera gustado. Eso sí, los bruselenses saben divertirse y beber cerveza, ¡¡¡Qué ambientazo!!!


En la Grande Place, destaca el Ayuntamiento con su aguja, y el Palacio Del Rey pero la belleza de la plaza con todos sus edificios gremiales no deja a nadie indiferente. 











Muy cerca de la Grand Place está el Hard Rock Café en el que entramos a un recado y en la calle Charles Buls se encuentra la estatua de Everard 't Serclaes, que se convirtió en un héroe para los lugareños después de dar su vida en el siglo XIV defendiendo la ciudad de Bruselas y los derechos de sus ciudadanos. Dicen que quién la toca, y pide un deseo, consigue que se cumpla. 




Y más tiendas de chocolate y no de los tantos murales de comics que hay por la ciudad. 



Hacemos una breve parada en nuestro recorrido por Bruselas para avituallarnos: probamos nuestro primer gofre del viaje que no fue el único. 


Y entre las calles L'Etuve y Chene, saludamos por primera vez al Manneken Pis. Muchas leyendas hay sobre la estatua, si el niño de la estatuilla apagó de una forma tan original una mecha encendida, salvando así la ciudad de un incendiio o si el hijo de un noble de Bruselas abandonó una procesión para orinar en la pared de la casa de una bruja que le lanzó un maleficio convirtiéndolo en estatua. Sea cual sea la verdadera historia, no te puedes ir de Bruselas sin haber visto esta pequeña estatuilla, de tan solo 50 centímetros, meando. 


 

Y no solo chocolate puedes comprar en Bruselas, aunque en menor medida que en Brujas, encontramos las clásicas tiendas en las que venden bordados y bolsos con estampados simulando tapices. 

     

Y por supuesto la magia nos acompañaba también en este viaje. 



Volvimos un rato al hotel a asearnos para enseguida volver a salir a seguir disfrutando de la ciudad. 

Como aún teníamos tiempo hasta las 9 de la noche cuando teníamos reserva en el restaurante Chez Leon para degustar los famosos mejillones de Bruselas, dimos un paseo por la ciudad. 

En principio, nos dirigimos a la llamada Torre Negra. Esta edificación es un vestigio de la primera muralla que rodeaba Bruselas en el siglo XII. Resulta chocante verla rodeada de un hotel Novotel. 

 

Cerca se encuentra la Plaza de Santa Catalina con la iglesia del mismo nombre, del siglo XVIII. Justo al lado encontramos una torre medieval que pertenecía a la antigua iglesia. 



Uno de los laterales de la iglesia dan a una especie de estanque. Al día siguiente el guía nos contó que ese lugar se había construido para recordar que en época medieval ahí mismo estaba el puerto. Esta zona está muy animada con muchísimos restaurantes en los que degustar pescado y marisco, a precios un algo elevados. 


Seguimos paseando hasta llegar al edifico de La Bolsa, construido por León Suys, entre 1860 y 1873 en el Boulevard Anspach. 


Y callejeando nos fuimos acercando de nuevo a la Grand Place para cenar. 



Menudo ambientazo con la Fiesta de la Cerveza!!!!




En una de las calles que dan a la plaza, me enamoré de esta tienda: La Belgique Gourmande, qué bien olía, qué de dulces, pastas, galletas.... Mmmmmmmmm.



Nos dirigimos ya al restaurante pero antes vamos a hacer una visita a la meona, la Jeanneke Pis, esculpida por Denis-Adrien Debouvrie en 1985 e inaugurada en 1987 y forjó instantáneamente su propia leyenda, para mayor divertimento de los paseantes. De unos 50 cm de alto y tallada en piedra caliza azul grisácea, representa a una niña con el pelo recogido en coletas, orinando en cuclillas, aparentemente con mucha calma y aspecto burlón.

Resultó un poco difícil encontrarla pues está en un callejón justo frente a la cervecería Delirium Tremens. 



Llegaba ya la hora de probar esos deliciosos mejillones con patatas fritas tan famosos de Bruselas en Chez Leon. 

Nos sentaron en un lugar tranquilo, el restaurante lleno hasta arriba y nuestros asientos con unas placas que recordaban a personajes que se habían sentado allí, ¿tal vez?



Preparadas para el banquete?


Nos pedimos tres tipos de raciones de mejillones, cocidos en vino blanco, con bechamel al horno y rebozados, a cual más exquisito. 




Y así, con esta deliciosa cena, volvimos al hotel. Nuestro primer día en Bruselas llegaba a su término. Al día siguiente, nos esperaban aún muchas sorpresas. 

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