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Hotel Turín Palace

Para nuestro reciente viaje a Turín, nos alojamos en el Hotel Turín Palace. Puede que en un principio el precio fuera algo más elevado que de costumbre, pero al ser un viaje en pareja, quisimos darnos un pequeño capricho. Por supuesto, una de las premisas a cumplir es que estuviera lo más cerca posible del transporte al aeropuerto (en el caso de Turín un autobús que hace el recorrido desde el aeropuerto hasta la estación de Porta Nuova). Justamente a escasos metros de la estación de tren se encuentra el hotel, concretamente en la Vía Paolo Sacchi, 8. Al encontrarse tan cerca de la estación, teníamos algunas dudas sobre el ruido pero la verdad es que una de las virtudes a destacar del hotel fue justamente lo contrario, el silencio y la tranquilidad, tan solo puede que por la mañana se escuche de lejos el tranvía pero sin duda la localización es ideal para luego descubrir la ciudad y para poder ir y volver al aeropuerto sin problema. 



Otro de los puntos fuertes del hotel fue el personal. Muy amable en todo momento, tanto en recepción como en el comedor a la hora del desayuno. 

Teníamos reservada una habitación doble normal. Muy buen tamaño, con un gran cuarto de baño con bañera, dos camas y un armario en el que prácticamente podría haber dormido otra persona, jajajajaja. También nos gustó mucho el hecho de que disponer de refrigerios en la habitación, y además gratis. Todo un detalle. 








También había albornoces y zapatillas en el cuarto de baño. Quizás lo que menos nos gustó fue el tamaño de las camas, un poco estrechas. Posteriormente a la vuelta vimos que había otras habitaciones algo más caras con camas más amplias. 

El hotel dispone de un restaurante que a tenor de los comentarios en Google debe de ser carísimo pero de muy buena calidad. Desafortunadamente nosotros no lo probamos. También dispone de un bar con salón y recepción. La decoración elegante pero al mismo tiempo moderna. 




Y dejamos para lo último el desayuno. Espectacular y en un salón digno de un castillo señorial. Impresionante. Nos encantó. 


Como podéis ver en las fotos, el desayuno estaba distribuido en diferentes zonas. Nada más entrar, una mesa con los dulces más elaborados como tartas o muffins.






En el centro, había una mesa rectangular amplia con distintas zonas: diferentes tipos de fruta, cereales diversos para añadir a los yogures o a la leche, una gran variedad de quesos (brie, ricotta, pecorino...), embutido (había incluso salmón).







Otra mesa con distintos tipos de croissants (algunos de ellos veganos). Probamos el normal, el relleno de nocilla, el relleno de crema y el relleno de mermelada. 


Al fondo, otra mesa alargada horizontal con los zumos, la comida caliente (huevos revueltos, bacon, salchichas y champiñones), el pan y las tostadas con tostadora, tortitas (con una gran variedad de siropes como podéis ver en la foto) y una selección de mermeladas y miel (producto regional). 








En general, el hotel nos gustó bastante por su localización, la tranquilidad, el personal muy amable y cordial, la habitación (a excepción del tamaño de las camas) y sobre todo el desayuno. Tres noches por unos 500 euros la habitación doble con desayuno. 

Y además, en la última planta había un bar (que en estas fechas no estaba abierto) con unas preciosas vistas de la ciudad. 



En general, le pondríamos de puntuación al hotel un 8,5 sobre 10. En esta ocasión, reservamos a través de su página web ya que era ligeramente más económico que a través de la página de reservas hoteleras en donde normalmente reservamos nuestros viajes. 

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