El Coliseo de Roma

abril 17, 2019

Visitar el Coliseo es un "must" en un viaje a Roma que se considere completo. Puede que por dentro, te pueda llegar a desilusionar un poco, sobre todo si lo comparas con su grandiosidad por fuera, imagen que no olvidarás en tu vida, pero, personalmente, creo que al menos una vez en la vida lo tienes que ver por dentro para sentir lo que en su tiempo sintieron los gladiadores. 

Para comprar las entradas del Coliseo, puedes acceder a muchas páginas de tickets pero la oficial la encontrarás en este enlace. Se puede comprar varios tipos de entradas: la normal (que te incluye también el foro romano y el palatino, incluyendo la arena, incluyendo la vista panorámica desde el tercer piso y los túneles bajo la arena, con visita guiada y últimamente han añadido una nueva entrada llamada S.U.P.E.R que te incluye el acceso a algunos lugares del foro y del palatino como por ejemplo la casa de Augusto, la casa de Livia o el Museo Palatino. Si volvemos a Roma alguna vez, tendremos que seleccionar esta entrada porque además cada vez están incluyendo más monumentos nuevos. 

Todo esto si eres de los que compras las entradas con antelación, nosotros así lo hicimos y aunque éramos los primeros en la cola, porque siempre somos muy puntuales, el número de personas que había esperando a entrar cuando salimos era considerable. Así que, te aconsejamos que compres las entradas online anteriormente a tu visita a la ciudad. En el caso de que no quieras, es aconsejable madrugar ya que puedes perder un tiempo preciado y valioso en colas largas e interminables. 

Horario: Todos los día abre a las 8:30 y la hora de cierre va desde las 16:30 de octubre a febrero hasta las 19:15 en temporada alta. Cerrado el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre. 


Precio: 12€ la entrada normal. En la página oficial, tenéis toda la información sobre descuentos y gratuidades. 

La construcción del Coliseo fue comenzada por Vespasiano en el año 72 d.C. en los terrenos privados de Nerón, y recibió su nombre de la colosal estatua de este emperador que se erguía junto a él. Conocido en un principio como Anfiteatro Flaviano, por el apellido de Vespasiano, fue inaugurado por su hijo Tito en el año 80 d.C. La estructura colosal del recinto, donde tenían lugar los sangrientos combates entre gladiadores y los espectáculos de fieras salvajes, daba cabida a más de 50.000 personas, sentadas en cada uno de los tres niveles dependiendo de su rango. Los espectaculares juegos que inauguraron el Coliseo duraron cien días y cien noches, durante los cuales se sacrificaron unos cinco mil animales. Para conmemorar la victoria sobre los dacios, Trajano celebró unos juegos que duraron 117 días y durante los cuales 9.000 gladiadores y 10.000 bestias pelearon hasta su muerte. Los luchadores eran profesionales y si ofrecían un espectáculo suficientemente bueno, podían obtener el perdón. 

Las paredes exteriores del Coliseo poseen arcos a tres niveles articulados por columnas con capiteles jónicos (en la base), dóricos y corintios (en la parte superior). Estas paredes estaban cubiertos de travertino y los pisos superiores contenían estatuas de mármol. El nivel superior, con ventanas y pilastras corintias, soportaba el peso de 240 mástiles. Estos aguantaban el peso del lienzo que cubría el Coliseo durante las inclemencias del tiempo. Ochenta arcos permitían la entrada y el acomodo del público en pocos minutos. 


En su interior, el Coliseo está dividido en tres partes: arena, cavea y podium. La arena contaba originalmente con un suelo de madera que se recubría de arena para evitar resbalones y para absorber la sangre vertida. También solía llenarse de agua para simular batallas navales. El suelo contenía trampas ocultas que comunicaban pasillos subterráneos hoy a la vista. Los animales enjaulados eran llevados hasta la arena por un sistema de poleas. 




La cavea, donde se sentaban los espectadores, se dividía en tres sectores. Los caballeros se sentaban en el nivel más bajo, los ciudadanos acaudalados en el intermedio y el populacho en el más elevado. El podium, una terraza frente a las gradas, se reservaba para emperadores, senadores y personalidades. 





Con la caída del Imperio, el Coliseo fue abandonado y tras quedar dañado por varios terremotos, se convirtió en una cantera que proporcionaba los materiales necesarios para edificar muchos de los palacios de la ciudad. Este pillaje cesó cuando a mediados del siglo XVIII, el Papa consagró el lugar como iglesia. 

Por aquel entonces se encontraba cubierto de plantas que habían ido creciendo durante siglos, pero estas se arrancaron durante la unificación italiana en 1870. Hoy en día es todo un símbolo de la ciudad y una visita obligada. 

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