Gofres, mejillones, frites y MAGIA - Día 4

agosto 04, 2017

Un suculento desayuno para empezar un nuevo día por Bélgica. Y hoy nos dirigimos a Gante. Una parte de la expedición ya conoce la ciudad de nuestra anterior visita hace 5 años, pero nada que ver con la de este año, sin puestos de comida y escenarios por las fiestas como nos ocurrió en aquella ocasión. 

Así que en una hora más o menos, con algo de tráfico denso llegando a la ciudad, aparcamos en la calle L. Bauwensplein, donde hay una plaza con bastante aparcamiento y con alguna plaza para minusválido. Deciros que en Gante con la tarjeta azul de minusválido te dejan aparcar en cualquier sitio por tiempo ilimitado excepto en zona bewoners (residentes) o en zona peatonal. 





Desde allí, escasos 400 metros para llegar a la Catedral de San Bavón, en cuyo interior accedimos. La catedral es gratuita, solo tienes que pagar para ver una de las joyas de la pintura medieval de Europa Occidental: la Adoración del Cordero Místico. Nosotros no accedimos puesto que ya lo vimos hace años y además está terminantemente prohibido hacer fotos pero sí nuestros amigos, con descuento de minusválido y de estudiante. Salieron impresionados y no es para menos. A destacar de nuevo las vidrieras, y el púlpito. 


     



Nuestro siguiente destino el Belfort, o campanario. Decidimos subir a lo alto de la torre, por ascensor, claro para disfrutar de las impresionantes vistas de Gante y además tuvimos el privilegio de oír las campanadas justo a las 11:00 de la mañana. En el interior del mismo hay unas exposiciones pero lo realmente interesante son las vistas. 


     






En la misma plaza se encuentra también el Teatro. 




Un pequeño descanso para reponernos de la subida al campanario. Es verdad, se me olvidaba, si hay ascensor, jejeje




Nos desvíamos un poco por la calle Botemarkt para acercarnos al Ayuntamiento. Recordábamos de nuestro anterior viaje cómo nos llamó la atención el contraste entre sus dos fachadas, una gótico flamígero y la otra renacentista.





Entramos en la iglesia de San Nicolás, antes de que se nos haga la hora de comer. 







Y en la plaza Korenmarkt (mercado de trigo), buscamos un sitio donde comer. Lógicamente en pleno centro de Gante, no encontramos algo económico y como no queríamos quemar la opción del famoso McDonalds, al final nos decantamos por el restaurante de hamburguesas Elis Gourmet. No es que comiéramos mal, pero fue el sitio más caro de todos los que comimos en el viaje pero viendo el precio de los menús, decidimos disfrutar de la comida, un día es un día. 







Nos vamos acercando al Puente de San Miguel, inevitable girarse para ver la famosa vista de las tres torres de Gante, el del Campanario, la Catedral de San Bavón y la iglesia de San Nicolás. 



Y antes de bajar las escaleras para disfrutar de uno de los lugares más bonitos de Europa: el puerto medieval de Gante formado por dos diques separados por el río Leie: Graslei y Korenlei del que tendréis las mejores vistas desde el puente, nos acercamos a la iglesia de San Miguel, a cuyo interior también accedimos ya que está abierta por las tardes. 








     

No dejéis de recorrer la orilla del río observando las casa gremiales de las dos orillas. Entre ellas caben destacar la casa de los Remeros, la de los Medidores de Grano o el Almacén de Grano.








Nuestra intención era acercarnos al Castillo de Flandes, así que volvimos a cruzar el río, para llegar a la Lonja de la Carne. 









De todos los componentes del grupo, solo un valiente entró en el castillo, he de reconocer que a estas alturas del día, el cansancio empezaba a hacer mella, así que el resto nos sentamos apaciblemente en la plaza Sint-Veerlepelin esperando a nuestro osado fotógrafo. 

El castillo se construyó en el siglo XI y actualmente alberga distintas salas con exposiciones entre las que destaca la Sala de las Torturas. Asimismo, desde lo alto de la Torre del Homenaje, las vistas de todo Gante son impresionantes. 










Justo detrás del castillo, se encuentra el barrio de Patershol, barrio medieval de calles estrechas y con muchísimos restaurantes hoy en día. Así que dimos un breve paseo por sus calles. 






Cruzamos de nuevo el río Lys para llegar a la plaza Vrijdagmarkt, famosa porque antiguamente se desarrollaba en ella la mayor parte de la vida política y social. En su centro se encuentra la estatua de Jacopo de Artevelde que tomó el control contra el conde de Flandes que se había aliado con el rey francés y le obligó a huir a Francia.  






La plaza hoy en día está muy animada llena de bares y restaurantes con sus terrazas, así que nos animamos a tomar una cerveza en Dulle Griet, una de los lugares más famosos de Gante con más de 500 tipos de cerveza. Viendo los precios de la carta, no fuimos muy aventureros, así que en vez de decantarnos por la famosa cerveza con la que tienes que dejar en prenda un zapato, probamos la cerveza Dulle Griet, y una Delirium Tremens. He de decir que la primera que probé estaba fuerte, pero se podía tomar y aunque no estaba tan fría como las que tomamos en España, me gustó bastante. 




     


De despedida de Gante, nos fuimos a ver el famoso Groot Kanon, popularmente conocido como Margarita la Loca que nunca se ha disparado. 







Un paseo largo de vuelta al coche y dimos por terminada nuestra visita a Gante. La verdad es que el día nos había dado para mucho, más que la vez anterior. Pero llegaba la hora de volver a Bruselas porque nos esperaba una sorpresa: los fuegos artificiales de verano donde el Atomium. Así que parada por el camino en un Quick y a disfrutar de un espectáculo único. 

La primera vez que vi el Atomium hace unos años pensé que era un monumento extraño y más bien feo, pero hay que reconocer que por la noche gana muchos enteros. Independientemente de su significado para los de ciencias (una servidora es de letras, claro), la iluminación nocturna y sobre todo el entorno en el que está situado al lado de un precioso bosque hizo que mi opinión sobre él cambiará. Y si a eso le añadimos el impresionante espectáculo de fuegos artificiales que tuvimos la fortuna de disfrutar en el Palais 5, podemos decir que el día de hoy terminó con una verdadera fiesta. 

Estos fuegos artificiales se realizan en verano durante una parte del mes de julio y de agosto pero solo los viernes, por eso, y a pesar de que suponía trasnochar y pasar unas dos horas de espera, he de confirmar que para mí mereció la pena, jamás había tenido la oportunidad de ver un espectáculo de fuegos artificiales tan alucinante y largo (unos 20 minutos), sin duda volvería a verlo. Os dejo algunas fotos pero os adelanto que nada como verlo en persona. 



     











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