Gofres, mejillones, frites y magia - Día 6

agosto 06, 2017

Un nuevo día por tierras belgas, y hoy hacemos el recorrido en coche más largo, ya que desde Bruselas ponemos rumbo a Dinant, situada en la región de Namur a orillas del río Mosa. 

Aparcamos sin problemas en la Rue Saint-Jacques y empezamos a recorrer la calle Adolphe Sax en dirección a la Ciudadela. En esta misma calle, se encuentra la casa en la que nació el inventor del saxofón, Adolphe Sax. En realidad la casa no se visita, sino solo un par de salas con instrumentos y objetos relacionados con él. No se te olvide hacerte una foto con su estatua, que está sentado en un banco justo frente a su casa. 





Siguiendo por la calle, encontramos un salón de café precioso con las famosas coques en sus escaparates y ya que hace algo de fresco, decidimos hacer una parada para tomar un chocolate caliente y probar las galletas de Dinant, durísimas pero al mismo tiempo riquísimas. 





De camino a la ciudadela, pasamos por la Iglesia de Notre Dame de Dinant, pero estaban en misa, así que dejamos la visita para más adelante. Y llegamos a la entrada a la Ciudadela, a la que se puede subir en teleférico o para los más valientes, tras 400 escaleras. Como el precio es igual, subas cómodamente en teleférico o por las escaleras, teníamos claro que al menos la subida la haríamos en transporte. Impresionantes las vistas de camino y al llegar arriba del todo. 


     

     






Para visitar la Ciudadela en profundidad, tienes que sumarte a la visita guiada que tiene una hora más o menos de duración, porque hay zonas que solo se pueden visitar de esta manera. Desafortunadamente, la visita es en francés y en neerlandés, pero sin ella no podrás ver las diferentes exposiciones sobre la Primera Guerra Mundial ni el museo de armas. Entre todo lo que se visita, nos resultó muy curioso la recreación de un bunker, en el que prácticamente tenías que andar de lado. Ya os contaré con más detalle todo lo que dio de sí nuestra visita a la Ciudadela de Dinant. Os dejo unas cuantas fotos. 






     









También pudimos disfrutar de más vistas de la ciudad desde el recorrido de la visita guiada. 






Casi sin darnos cuenta se nos dio la hora de comer, así que volvimos a coger el teleférico ahora de bajada, total no llega el recorrido ni a 30 segundos, así que no hay miedo posible, jejejeje



En la misma calle de Adolphe Sax, de ida habíamos visto un pequeño bar restaurante donde podíamos tomar hamburguesas, bocadillos o ensaladas, así que no lo pensamos mucho y comimos a un buen precio y un buen servicio. 




Y nada más terminar, entramos en la Iglesia de Notre Dame. Algo diferente a las que habíamos visto en Bruselas o Gante. 








Por último, decidimos cruzar el puente para disfrutar de las vistas de las dos orillas de Dinant a lo largo del río Mosa. El puente tiene saxofones con dibujos de diferentes países del mundo, entre ellos, España. Y nos hicimos una foto con Charles de Gaulle, herido en una batalla en la Primera Guerra Mundial en los alrededores de Dinant. 


     

    







Aunque íbamos con retraso sobre el planning, ya que Dinant bien se merece un paseo por sus calles y sobre todo porque es una ciudad muy fotogénica, decidimos dirigirnos a Lovaina pero desafortunadamente una de las poblaciones que teníamos que cruzar estaba en fiestas y solo se les había ocurrido cerrar las calles al tránsito de coches, así que en vez de buscar opciones, volvimos a Dinant y nos dirigimos a Lovaina por otra carretera pero con ello perdimos más de media hora de tiempo, así que como veíamos que no llegábamos a Lovaina para poder subir a la torre de la Universidad por sus horarios de apertura, cambiamos los planes a última hora y pusimos rumbo a Malinas. 

Llegamos con el tiempo justo para aparcar frente al Ayuntamiento en un aparcamiento de minusválido y poder ver el interior de su impresionante catedral antes de que cerraran. Uf, por poco. 

La catedral fue construida en honor a San Romualdo, un misionero irlandés del siglo VII. La construcción del edificio comenzó en el año 1200, y se prolongó hasta comienzos del siglo XVI. 

En el exterior, destaca su torre de 97,28 metros de altura. Se puede subir a la misma tras recorrer 514 escalones pero ya a la hora que llegamos y con el cansancio acumulado del viaje, lo dejamos para otra ocasión. Una excusa más para volver a Bélgica. 





En su interior de estilo gótico, vuelven a destacar las impresionantes vidrieras. 



     


Una pena que como veis en una de las fotos, decidieran colocar en la Grote Markt unos campos de arena para jugar. En fin, que dimos un más que agradable paseo por la ciudad visitando la mencionada plaza con algunos de los edificios más bonitos de Malinas, entre los que mencionaré el Ayuntamiento y la Oficina de Correos y visitando alguna de las otras iglesias que se pueden encontrar en la ciudad pero que desafortunadamente ya estaban cerradas. 



     





Incluso tuvimos tiempo, y fuerzas, para llegar al Pequeño Beaterio de Malinas. Fue el primer beaterio de la ciudad del siglo XIII y más tarde cuando se construyó otro fuera de los muros de la ciudad, las beguinas más ancianas o impedidas siguieron viviendo en este pequeño beaterio. 




Un paseo por las orillas del río Dyle y terminamos nuestra visita a Malinas en uno de los lugares más curiosos de la ciudad que recibe el nombre de Groen Waterke (Agua Verde), un riachuelo cubierto por lentejas de agua que le dan un color verde, de ahí su nombre. 






Para el poco tiempo que habíamos tenido para Malinas, nos fuimos satisfechos, agotados pero contentos porque habíamos exprimido al máximo el día, después del problema de la carretera y a mí personalmente Dinant me encantó. De vuelta al hotel, paramos en un centro comercial y comimos de maravilla en un Pizza Hut, bueno, bonito y barato. Hora de dormir que al día siguiente nos tocaba por fin la joya de la corona: Brujas. Y es que Brujas me tiene completamente enamorada, una de las ciudades más bonitas de Europa, perdón, del mundo. 

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