Visita a Frías

octubre 30, 2016

A los pies de los Montes Obarenses, encaramada en un lugar preeminente sobre la abrupta plataforma de toba conocida como La Muela, y rodeada de fértiles tierras regadas por abundantes fuentes, arroyos y el caudaloso Ebro, la ciudad de Frías es una perfecta atalaya para controlar el amplio espacio del valle de Tobalina, abierto hacia el norte y regado por el río Ebro. 

Un emplazamiento estratégico y la proximidad de varias calzadas romanas convirtió este lugar en un enclave de singular importancia durante la Alta Edad Media en lo que fue el Alfoz de Piedralada o Petralata. 

Es probable que la construcción de una fortaleza en la Muela de Frías la convirtiese en sucesora del antiguo castillo de Petralata, pasando a ser el centro articulador de las poblaciones del Valle de Tobalina. Un testimonio de su creciente importancia es que a mediados del siglo XII, Frías aparece ya en la documentación como civitas.

En el año 1011 el conde castellano Sancho y Urraca su mujer obtenían para sí la villa de Oña a cambio de numerosas propiedades entre las que se encontraba Frías. A finales del siglo XIII un larguísimo pleito mantuvo enfrentados durante varios años al poderoso Monasterio de Oña y el concejo de la villa de Frías por un litigio sobre dominios territoriales y cuestiones de vasallaje y vecindad. Un largo conflicto en el que se enfrentaban los intereses de la monarquía con los de la nobleza señorial y los de una poderosa abadía. 

Tras la concesión a Frías del Fuero de Logroño por Alfonso VIII en 1202, la villa, convertida en polo de atracción de un importante contingente de población, se consolidó como uno de los principales centros de la Merindad de Castilla Vieja. 

Entre el castillo y la iglesia de San Vicente fue creciendo una auténtica ciudad de estrechas calles y pequeñas plazas que albergó una importante población de comerciantes y artesanos y una notable comunidad judía. 

Poco después de conceder a Frías el título de ciudad en 1435, el rey Juan II se la donó a Pedro Fernández de Velasco, primer conde de Haro. De esta forma, a pesar de la resistencia de sus habitantes que protagonizaron una rebelión, que aún hoy es recordada, Frías pasó a formar parte de los señoríos de los Velascos. Algunos años más tarde, en 1492, los Reyes Católicos concedieron el título de Duque de Frías a Bernardino Fernández de Velasco. 

El castillo de los Velasco y la iglesia de San Vicente presiden este Conjunto Histórico-Artístico. En torno a estas edificaciones y salvando la pendiente del cortado rocoso se apiña un caserío organizado en estrechas y empinadas calles. 

Las características casas, de planta baja y dos o tres alturas, se adosan unas a otras formando una hilera. En sus estrechas fachadas aparecen piedra de toba, entramados de madera y una solana que remata el piso superior. Algunas de sus casas cuelgan de la roca, desafiando a las leyes de la gravedad. 


Nada más llegar a Frías, encontrarás indicaciones para dejar el coche en un parking disuasorio sin por supuesto tener que atreverte a adentrarte en esas calles empinadas y estrechas. 

Lo primero que te llama la atención es la localización de la villa y de las casas, prácticamente colgadas en la ladera de la montaña, y en lo alto, su famoso castillo. 




El conjunto de Frías presenta una arquitectura singular y única. Sus casas, de adobe, entramado de madera y toba, presentan una planta estrecha y alargada y cuentan don dos o tres alturas y sótanos excavados en el suelo. Las casas se adosan unas a otras formando estrechas calles. 











Y así llegamos al Castillo de Frías, en el extremo occidental de La Muela sobre una prominente roca se eleva, dominando el conjunto, la torre del homenaje. A sus pies se encuentra un patio amurallado protegido por un foso con puente levadizo. Los elementos más antiguos que se conservan en el castillo, de comienzos del siglo XIII, son unas ventanas de arcos ligeramente apuntados separadas por columnas con interesantes capiteles de estilo románico. El resto de construcciones son de los siglos XV y XVI.









Desde la torre del homenaje se puede disfrutar de una vista de la ciudad, del valle de Tobalina, del río Ebro y de los Montes Obarenes. 




Otros lugares de interés que puedes visitar en Frías son por ejemplo la Iglesia de San Vicente. Construida en el siglo XIII, tuvo una evidente función defensiva asociada al castillo. A los pies del templo, sobre un magnífico pórtico,su poderosa torre cuadrada contaba con almenas y troneras. En 1906 se hundió la torre y parte del templo. Con la venta del pórtico románico al Museo de los Claustros de Nueva York se levantó la nueva torre. En su interior se pueden admirar buenos retablos, uno de ellos atribuido a Juan de Borgoña. 





 



La ciudad estaba protegida por una muralla del siglo XIII y contaba con tres puertas: la de Medina, la del Postigo y la de la Cadena. Entre el castillo y la iglesia de San Vicente se encuentran los restos de la antigua muralla.



También destacan el convento de San Francisco, transformado en vivienda, la iglesia de San Vitores, el convento de Vadillo y el lavadero.



Por último, el puente medieval. Construido aprovechando la roca que afloraba por el río, era paso obligado de la vía comercial que unía la meseta y la costa cantábrica. Así, en el siglo XIV se contruyó una torre para controlar el paso y cobrar el impuesto de portazgo. Tiene 143 metros de largo y 9 arcos.






Sin duda, merecedora de pertenecer a Los Pueblos más bonitos de España. 

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