Visita a Siena

agosto 06, 2016

Visitar la Toscana y no pasar al menos unas horas en la maravillosa ciudad de Siena es sin duda un delito. Esta joya medieval es una ciudad pequeña y agradable, llena de arte, cultura, iglesias y museos extraordinarios, con un tupido entramado de calles tranquilas y escondidos rincones. 

Según la leyenda Siena fue fundada por Senio y Asquio, hijos de Remo: esto explica que haya estatuas de la loba que amamantó a los míticos fundadores de Roma repartidas por toda la ciudad. 




De hecho, al igual que Florencia, empezó siendo un poblado etrusco, que se convirtió en colonia romana, Saena Julia, a principios del siglo I d.C. La floreciente actividad financiera y textil de la Edad Media la convirtió en una de las ciudades más importantes de Europa. Inevitablemente, Siena y Florencia fueron dos ciudades rivales que se enfrentaron repetidas veces, con suerte dispar. El mayor triunfo de Siena sobre su rival se produjo en 1260 en la batalla de Montaperti, un encuentro que tuvo lugar a pocos kilómetros al este de la ciudad. 

En 1348, la balanza se inclinó del otro lado cuando la Peste Negra aniquiló a 70.000 de los 100.000 habitantes de Siena. Herida mortalmente, la ciudad luchó para mantener su independencia hasta 1554, cuando Montalcino, el último bastión de la República de Siena, se rindió a Florencia y al gran duque Cosme I de Médicis. En adelante, Florencia ahogó deliberadamente a la ciudad, cuyo declive fue una de las razones de su actual apariencia notablemente inmaculada. 

Y sin duda esa apariencia será lo que te enamorará de Siena. 

Empezamos nuestro paseo por Siena aparcando extramuros en el aparcamientos Santa Caterina, que a la larga fue el más caro de todos los del viaje. Pero bueno, estábamos a unas pocas escaleras, afortunadamente metálicas, de nuestro destino principal: la Catedral y todo el conjunto catedralicio formado por Cripta, Museo, Facciatone, y Battisterio. 







Con nuestras entradas compradas de antemano, la llamada OPA Si Pass, empezamos el recorrido por los monumentos más destacados de la ciudad. 

El Duomo de Siena es una de las catedrales más hermosas de Italia. Supera a la de Florencia en todos los aspectos -el artístico y el arquitectónico- excepto en la cúpula de Brunelleschi. 

Como dedicaré una entrada al Duomo en sí, simplemente comentar que si por fuera es impresionante, por dentro es inolvidable, destacando sobre todo su pavimento. Es imposible no sentirse abrumado ante la necesidad de mirar a todos los sitios y rincones de su impresionante interior. 








Por desgracia, el púlpito de Nicola Pisano estaba en obras, así que solo pudimos verlo a través de unos pequeños cristales. 


Con la entrada a la catedral, también accedimos a la Biblioteca Piccolomini, decorada con frescos del artista Pinturicchio. Los frescos mantienen sus vivos colores y describen diez episodios de la vida del papa Pío II. 



A continuación, accedimos al interior del Museo dell'Opera del Duomo, que alberga obras de arte retiradas a lo largo de los siglos de la catedral de Siena para su conservación. Entre ellas se encuentra una variada muestra de esculturas, algunas hermosas pinturas y la Maestà de Duccio. 






Desde el segundo piso del Museo se accede al Facciatone o Panorama, desde contemplamos la belleza de esta hermosa ciudad. Obligado subir. 






El siguiente monumento que descubrimos fue la Cripta, que probablemente era la entrada original de los peregrinos a la catedral. Fue descubierta por unos obreros en 1999. Se encuentra detrás del Duomo y contiene pinturas al fresco medievales.




Y para terminar de ver todos los monumentos incluidos en el OPA Si Pass, entramos en el Battisterio, también de mármol negro y blanco. Destaca en su interior los frescos en el techo, obra de Francesco di Giorgio y Lorenzo il Vecchieta.  


La fuente baustimal fue inspirada en San Juan Bautista. Muchos afamados artistas como Donatello y Lorenzo Ghiberti contribuyeron a embellecer esta preciosa fuente de mármol con relieves y esculturas. 


Se nos hizo ya la hora de comer y no es de extrañar pues llevábamos unas cuantas horas bien intensas por Siena. Intentamos alejarnos un poco del centro de la ciudad para ver si así encontrábamos un restaurante algo más económico y al final comimos en la Trattoria I Barberi, bastante mejor de lo esperado y no muy caro. 

Ya bien alimentados, decidimos continuar nuestra visita por Siena, dirigiéndonos a la impresionante Piazza del Campo.






La plaza está en la convergencia de los tres elevados promontorios de la ciudad, en el punto de intersección de los tres terzi o distritos tradicionales. En realidad, su desarrollo como punto central de la ciudad se debió a esa circunstancia. En el siglo XIII, cuando el Consejo de los Nueve que gobernaba la ciudad empezó a adquirir terrenos para construir la plaza, esta era la única zona del centro que no pertenecía a ninguno de los tercios y por tanto estaba al margen de las rivalidades que dividían la ciudad.

La plaza se recubrió con ladrillos y mármol entre 1327 y 1349, y el pavimento se dividió en nueve partes distintas que se observan mejor cuando se contemplan desde la posición privilegiada de la Torre del Mangia. El diseño del trazado se hizo para recordar al Consejo de los Nuevo y sugerir las capas del manto de la Virgen cobijando simbólicamente a la ciudad bajo su abrazo protector. 





Empecemos por hablar de la Fonte Gaia, fuente situada cerca de la parte más elevada de la plaza, una copia del siglo XIX, de una obra de Jacopo della Quercia, uno de los mejores escultores renacentistas. 




También destaca la Cappella di Piazza, una logia de piedra, en gran parte gótica, situada los pies de la Torre del Mangia. El consejo de la ciudad la empezó a construir en 1352 para conmemorar el final de la epidemia de Peste Negra padecida cuatro años antes. El nivel superior se añadió un siglo después, entre 1463 y 1468, lo que explica sus diferencias con el resto de la construcción.


Una puerta a la derecha de la Cappella conduce al patio del Palazzo Pubblico, el enorme edificio a los pies de la Torre del Mangia, que con sus 503 escalones te lleva a poder contemplar Siena desde lo alto. La verdad es que después de haber subido al Facciatone no nos quedaban fuerzas para intentarlo, y aún teníamos pendiente la subida a la cúpula de la catedral de Florencia, así que algo pendiente para otro vez que volvamos a Italia. De igual manera tampoco accedimos al Palazzo. 



Poco a poco nuestro tiempo en Siena se iba terminando, aún así, tomando la Via Galluza, nos acercamos a la Casa de Santa Caterina. En ella destaca el Pórtico de los Pueblos, la Capilla de las Confesiones y la Iglesia del Crucifijo. 





Desde allí, pudimos contemplar la impresionante mole de la Basilica de San Domenico. La austera iglesia, de ladrillo, se comenzó a construir en 1226 y está unida a Santa Catalina de Siena, patrona de la ciudad. Aquí realizó varios milagros, fue ordenada monja dominica y recibió los estigmas. Por desgracia, después de contemplar la majestuosidad del Duomo, el interior de esta basílica nos pareció muy pobre. 




Ya solo nos quedaba bajar hasta el parking porque, muy a nuestro pesar, teníamos que dar por terminada nuestra visita a Siena. Si alguna vez volvemos, sin duda Siena volverá a formar parte de nuestro itinerario aunque en esa ocasión haremos el esfuerzo de subir a la torre de la plaza y visitar otros monumentos de la ciudad y sobre todo dedicar más tiempo a perdernos por sus calles medievales y antiguas. 

Afortunadamente, y aunque estábamos ya agotados, durante toda la bajada hasta el aparcamiento, pudimos contemplar unas impresionantes vistas de la ciudad con su Duomo.





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