Bajo el sol de la Toscana - Día 7

agosto 09, 2016

Llegó uno de los días más esperados del viaje, la visita a la única Venecia. 

Para ello nos tocó madrugar de lo lindo, así que como no podíamos desayunar en el hotel, pedimos que nos dieran una especie de picnic. Por la mañana temprano cuando salimos el conserje de noche nos lo dio y aunque a la hora de pagar, estaban incluidos en la factura, les dijimos que era por el desayuno y no hubo ningún problema en descontarlo de la misma. 

Todo riquísimo, hay que decir. De todas formas, de camino a Venecia, paramos en un área de servicio para poder tomar un café. 

En unas dos horas y media más o menos desde el hotel, llegamos a Mestre. Después de pensarlo mucho, habíamos decidido dejar el coche en el parking de la estación de Mestre y desde allí, dirigirnos a Santa Luzia en tren. 

La verdad es que nos gustó la experiencia de ir en tren por el famoso Puente de la Libertad, un viaje muy tranquilo. Además no tuvimos problemas en aparcar en el aparcamiento de Mestre pues a través de la página parclick (que os recomendamos) teníamos plaza reservada. 



Los billetes se pueden comprar en las máquinas expendedoras o en taquillas. Nosotros hicimos lo segundo porque no queríamos confundirnos con el trayecto. Y después tienes que validar los billetes en una máquina verde que hay cerca de los andenes, por si el revisor te los pide en el trayecto. Para ir a Venecia Santa Luzia desde Mestre tienes múltiples combinaciones puesto que gran parte de los renes que pasan por la estación, acaban su recorrido en Venecia. Lo único que hay que hacer es mirar los carteles luminosos para ver en qué andén para el siguiente tren que va a tu destino. Un consejo, hacerlo después de validar los billetes, no vaya a ser que luego tengáis que ir corriendo a por el tren, como nos pasó a nosotros. Los nervios propios de la primera vez. 





En menos de un cuarto de hora llegamos a Santa Luzia. 




Y nos fuimos a ver qué vaporetto nos llevaría a la Piazza de San Marcos, nuestro primer punto en el recorrido por Venecia. 


Nos ponemos a la cola para coger los billetes, va a buen ritmo pues hay muchas taquillas. 


Pero a la hora de dirigirnos al embarcadero, vemos que hay una gran cantidad de personas y nos tememos lo peor, que nos va a tocar esperar varios vaporettos, porque además vienen ya con gente desde otras estaciones anteriores. Afortunadamente, y gracias a unos cuantos empujones y estrujamientos, pasamos ya a un vaporetto. Y menos mal , que al llegar al Puente Rialto, prácticamente se queda vacío y así podemos incluso hasta sentarnos y hacer algunas fotos del recorrido. 

Incomprensible que en pleno Agosto y a horas punta, no tengan una mayor frecuencia de vaporettos y/o alguna línea que vaya directamente desde la estación hasta San Marcos. 













Llegar a la Plaza de San Marcos y empezar a emocionarnos. Tiene algo mágico esa plaza y esa basílica y a pesar de las multitudes, nunca deja de impresionarte. 



Teníamos hora reservada para saltarnos la cola que era bastante larga para entrar en la Basílica. Además primero tienes que dejar las mochilas en el guardarropa que se encuentra justo en un lateral de la basílica. Y al dejar las cosas, no caíamos en la cuenta de los pañuelos que llevábamos para poder entrar de forma adecuada. 

Nos aventuramos en la entrada, sin esperar nada de cola que por 2 euros tampoco nos pareció excesivo. Las habíamos comprado en la página de venetoinside y la verdad es que nos ahorramos una larga espera de mínimo una hora. 

Pero al ira a subir las escaleras de acceso a la basílica en su interior, una señora que se dedicaba en la puerta a vender una especie de trapo de papel para taparse, se dirigió a nosotros de malos modos, reprendiéndonos que fuéramos a entrar así, con los hombros al descubierto, y resulta que además esa especie de chal que en Florencia daban de forma gratuita, aquí costaba un euro. Increíble. Tuvimos un rifirafe con la señora, por llamarla algo, ya que se empeñaba en que pagáramos uno que habíamos encontrado y que habían dejado por ahí. 

La Basílica por dentro es increíble, toda ella con mosaicos decorando las paredes pero al igual que en la Basílica de Sacre Coeur de París está prohibido hacer fotos. Algunas pudimos hacer pero claro la calidad no es buena. Sigo sin entender esa prohibición. 




En la plaza también destaca el Campanile, al que no subimos en esta ocasión. 


Y la Torre dell'Orologio. En el balcón superior de la Torre del Reloj, de estilo renacentista, dos moros de bronce tocan las horas. 


A continuación nos dirigimos al Palacio Ducal, habiendo comprado las entradas de antemano para todos los palacios de la Plaza de San Marcos. Y de nuevo nos saltamos una cola de más de una hora de espera. 

El palacio fue residencia de los dux, sede del gobierno y de la corte de justicia y prisión de la República en Venecia. Impresionante su interior. 




     

     




De la visita, lo que más me gustó fue el pasar por el Puente de los Suspiros y la zona de la cárcel. Pensar en todas esas personas que pasaban por el puente suspirando porque sus días de ver el mundo se iban a acabar. 







Casi sin darnos cuenta se nos hizo la hora de comer. Intentamos apartarnos un poco de la Piazza de San Marcos, pero sin alejarnos mucho que aún nos quedaban por visitar el resto de museos que están incluidos en la reserva. 

Encontramos un restaurante que aparte del menú turístico, también tenían la opción de tomar una pizza más bebida por 11 euros, así que no lo pensamos mucho. Ya comeríamos mejor otro día. El camarero muy amablemente nos explicó que aparte de la pizza, también podíamos pedir un plato de pasta o lasagna más bebida, mejor agua que el vaso de refresco incluido en el precio es la mínima esencia y si pedíamos un vaso mayor, nos cobrarían 7 euros. Bienvenidos a Venecia. 








No es que fuera la mejor comida de todas, pero al menos comimos a un precio económico. Eso de que te cobren 4 euros por el coperto (cubierto) hace que los precios se encarezcan, aparte de no incluir la bebida en los menús turísticos, y de la carta mejor ni hablar. Ah, y por supuesto aprovechad a ir al servicio, te cobran si no comes en el restaurante por usarlo. 

Volvimos a la Plaza de San Marcos para visitar el resto de los museos, nos costó encontrar la entrada. Para vuestra información, están en la misma plaza, justo frente a la Basílica y se visitan los tres seguidos, primero el Museo Correr, luego el Arqueológico y por último la Biblioteca. Siguiendo las indicaciones no tiene pérdida. Os dejo algunas fotos. 










Después de un helado en la plaza, para no perder la costumbre, emprendemos camino al Puente de Rialto. 

Pero antes una breve parada en el Hard Rock Café de la plaza. Precioso el lugar en el que está ubicado. 



Empezamos a callejear por los canales y los puentes hasta tener a la vista el Puente de los Suspiros y poder verlo desde fuera. 

     









Vamos a perdernos un poco por Venecia, y nunca mejor dicho porque a pesar de que llevábamos mapa y que prácticamente todo el tiempo te indican los puntos más conocidos de la ciudad como Ponte Rialto, Piazza San Marcos o Piazzale Roma, llega un momento en que si no te pierdes, realmente no parece que hayas visitado Venecia. Os dejo unas cuantas fotos de nuestro paseo, hasta la Iglesia de Santa María de Formosa. 

     

     


     










Callejuelas estrechas, canales, calles sin salida, puentes, y amplias plazas es lo que vas a encontrar en tu paseo por Venecia. Déjate llevar y enamórate de esta ciudad, distinta a todas las que hayas visto antes. 

Seguimos paseando hasta llegar al Puente de Rialto, no sin antes hacer una breve parada en la Disney Store, muy pequeña. 





     





El Puente de Rialto es el más antiguo de los cuatro puentes de Venecia que cruzan el Gran Canal y probablemente el más famoso de la ciudad. Cruzarlo es parecido a cruzar el puente de los Suspiros o el Ponte Vecchio de Florencia, todo un honor. Y disfrutar de los puestos que hay en sus alrededores y de las miles de tiendas también. 


     




Siguiendo por toda la calle Ruga dei Oreisi, llegamos a la plaza de San Giocomo di Rialto en donde descansamos un poco. Nos dio pena ver algunas de las palomas de la plaza, estaban enfermas, algunas con deformaciones, suponemos que por la contaminación.





Toda esta calle está llena de puestos de souvenirs. 



Seguimos callejeando y cruzando canales por sus puentes, sin un rumbo claro. Qué fácil es perderse por Venecia, pero qué divertido al mismo tiempo.

     



     

     








Ya solo nos quedaba cruzar el último puente, el Ponte Degli Scalzi para llegar hasta nuestro destino. Antes unas últimas compras de cristal de Murano y cenar en el Burger King (bastante caro por cierto). Está ya anocheciendo y uno no puede evitar sentir cierta nostalgia al depedirse de Venecia. 





Si destacaría algo de Venecia, no sería su Plaza de San Marcos, ni la Basílica, ni los museos, sin duda lo mejor es dejarse llevar entre sus canales, callejuelas, plazas y puentes. Esos lugares no masificados, alejados del ruido, en donde no te sientes turista, sino uno más. Es en ese paseo en donde creo que sentimos realmente la singularidad de esta ciudad, que no te deja impasible. Una lástima que está tan poco cuidada, no solo por los turistas, sino también por el ayuntamiento y por los propios gondolieri que vimos algunos arrojando basura a los canales. 

A pesar de todo, Venecia nos volvió a cautivar, aunque nos dejara un pequeño sabor agridulce. 

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