Bajo el sol de la Toscana - Día 6

agosto 08, 2016

Volvemos a Florencia. Tenemos reserva para todo el complejo de la catedral que incluye subida a la cúpula, baptisterio, cripta, catedral (que es gratuita y el acceso es libre), museo diocesano y campanile. 

A la hora de hacer la reserva, tienes que elegir hora para la cúpula y el campanile, aunque luego en verdad no te miran esa hora pero bueno, nosotros teníamos reserva a las 9 y media para la cúpula, así que que llegamos temprano a Florencia, y esta vez en lugar de aparcar en el parking del Parterre, directamente nos fuimos a la Plaza de la Libertad porque el día anterior habíamos visto aparcamiento reservado para minusválidos allí. Sin problema, aparcamos, bajamos a buen ritmo la calle Cavour para llegar a la Plaza de la Catedral unos minutos antes de la hora de acceso a la cúpula. 

El acceso se encuentra en un lateral de la catedral, no en la fachada. 



A esas horas no había más de 10 personas en nuestra cola, la de reserva, mientras que ya había un número considerable de personas en la cola de no reserva. Eso sí, nada que ver con la cola que llegaos a ver al mediodía, de cerca de 3 horas. En serio, no entiendo por qué la gente no reserva de antemano, es verdad que te cobran un par de euros más pero ¿realmente no te merece la pena?

La subida es bastante dura sobre todo al principio porque es muy estrecha la escalera de caracol. 

Eso sí, al llegar a la cúpula y poder contemplar esas maravilla desde tan cerca no tiene precio.


El resto de la subida me parece más fácil, y menos estrecho. Aún así, se va ya notando el cansancio en las piernas. Recordemos que son más de 450 escalones. 


     


Puede que hayas visto miles de fotos e incluso videos de lo que te espera cuando llegas a lo más alto. Pero créeme nada parecido a lo que realmente contemplarán tus ojos. Toda Florencia a tus pies. Impresionante. 












No os voy a mentir, impresiona bastante sobre todo por la altitud pero merece la pena. 

Vamos a bajar ya que tenemos todavía mucho que ver. 


Como aún no era la hora de la reserva del Campanile, y vimos que en pocos minutos abrían el Baptisterio, nos acercamos a la entrada. Ya se había formado una pequeña cola, así que en menos de diez minutos entramos. Impresionante su cúpula. 




     

Se nos estaba dando bien la mañana, así que aunque aún no era la hora de subir al Campanile, nos acercamos a ver si nos dejan entrar. Sin problema. En la cola de tan solo cinco minutos. Unas personas se nos acercaron a preguntarnos cuál era esa cola, y les comentamos que era para aquellas personas que habían reservado las entradas a través de Internet. Nos preguntaron desde cuándo teníamos las entradas y les dijimos que como unos dos meses. Se quedaron de piedra. Sinceramente, antes de esperar otras dos horas de cola más para subir al campaniles, sigo pensando que es preferible pagar de antemano y ahorrarte el mayor número de colas posibles. 










La subida es por tramos, como podéis ver en la penúltima foto. ¿Veis la cola en esta foto? Para subir al Campanile. 


Un pequeño descanso para los valientes que llevaban más de 700 escalones en el día y eso con todo lo que ya llevábamos encima y los que nos quedaba por delante. 


Mientras los valientes subían al Campanile, el resto estuvimos de compras y nos acercamos a la entrada de la Catedral para preguntar si por ser minusválido uno de los del grupo, podíamos entrar sin tener que esperar cola, ya que prácticamente había otra hora larga para entrar en la catedral al ser gratuita. Y una vez más, y no fue la última, la simpatía de los trabajadores italianos de un espacio público dejó mucho que desear. 

Menos mal que cuando todo el grupo estuvo al completo, fuimos con nuestra identificación y nos dejaron pasar sin esperar cola. La verdad es que la catedral por dentro no tiene nada que ver con la de Siena, bastante simple. Sí nos gustó mucho la cripta. 




Solo nos quedaba por visitar el Museo Diocesano para completar la visita de todos los monumentos incluidos en las entradas, pero ya se nos hacía la hora de comer y por miedo a que nos cerraran, preferimos acercarnos primero a Santa Croce que cerraba antes que el museo. Así que enfilamos la Vía dell'Oriulo, en donde encontramos un restaurante con menú a 12 euros con primero y segundo. Qué bien comimos. 



La Basílica de Santa Croce es una destacada iglesia medieval católica. Se empezó a construir el 3 de mayo de 1294 sobre las ruinas de una pequeña iglesia erigida hacia 1222 por los franciscanos, en vida de San Francisco de Asís. El arquitecto fue Arnolfo di Cambio, quien recibió el encargo de reemplazar la pequeña iglesia por una más grande, que superara a Santa María de la Novella, iniciada 50 años antes por los dominicos. 


Y por si algo destaca o es famosa esta iglesia es porque en su interior se encuentran las tumbas de Michelangelo, Galileo Galilei, Marconi, Ghiberti y una larga lista de personajes italianos de renombre de todas las ramas del saber. 




     

     






Sin duda necesitábamos un pequeño descanso después de haber disfrutado de esta maravillosa iglesia. 



Volvimos a la Plaza del Duomo pues aún nos faltaba por visitar el Museo de la Catedral. Por el camino tuvimos la fortuna de encontrar una tienda de pinochos y artículos de madera artesanales y nos hicimos unas fotos muy graciosas. 

     

     

El museo de la Catedral es un poco caótico para mi gusto, y muy amplio. Al menos pudimos disfrutar de las auténticas Puertas del Paraíso de Ghiberti.

     



Se nos hizo bastante tarde, así que a buen ritmo fuimos al rastro de la ciudad pues habíamos leído en Internet que vendían monedas. Una pena que cuando llegamos, no había ningún puesto abierto, no sabemos si porque era Agosto o porque ya eran las 7.

Así que cambiamos los planes y decidimos acercarnos al Ponte Vecchio antes de que anocheciera para poder echar un vistazo a las joyerías. He de decir que había precios desorbitados pero también te podías comprar un joya por unos 50 euros, y aunque no lo hicimos no me pareció en general tan caro como había leído. 





Hora ya de volver al coche. A duras penas, conseguimos llegar, porque después de tantas escaleras en el día y tanto pasear, a algunos nos dolía ya hasta el alma. Y más teniendo en cuenta que al día siguiente teníamos que madrugar pues nos íbamos a Venecia. 

Antes de llegar al hotel, paramos en el restaurante La Frugola, muy cerca del mismo. 



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