Bajo el sol de la Toscana - Día 3

agosto 05, 2016


Nos levantamos ya en el hotel Hermitage dispuestos a tomar un desayuno potente para descubrir la preciosa ciudad de Florencia. Una vez bien alimentados, cogimos el coche para llegar a la ciudad. Después de comprobar que el aparcamiento de la Piazzale de Michelangelo había sido reducido considerablemente y que además ahora era de pago, habíamos decidido dejar el coche en un parking subterráneo, exactamente en el Pasterre en la Vía Madonna Della Tosse. Desde la página oficial de turismo de Florencia por email nos habían confirmado que al ser minusválido, no tendríamos que pagar el parking, pero al ponernos en contacto a la entrada nos resultó muy difícil hacernos entender en español-inglés-italiano así que como íbamos con el tiempo justo, decidimos pagar, total solo fueron 10 euros por todo el día. Ya al día siguiente que visitamos Florencia, lo dejamos aparcado en plaza de minusválido en la calle. 

En unos minutos andando desde el parking llegamos a la Galería de la Academia, justo a la hora reservada sin tener que esperar cola. Cuando llegamos no eran ni las 10, y ya había algunas personas en la cola normal, pero a la salida, un par de horas más tarde, la cola ya sería mínimo de una hora y media. Sigo sin entender por qué la gente no reserva por internet, por mucho que te cobren un euro más, bueno en este caso, 4. En fin, que hay gente a la que le encanta esperar colas. 

De camino a la Galería, pasamos por el Museo de San Marco y la iglesia, que visitaríamos después. 







Ni qué decir que la estrella del museo es la famosa escultura del David de Miguel Ángel. Qué belleza, pareciera que en cualquier momento la estatua va a recobrar vida de lo perfecta que es. 


     


     



No te cansas de mirarla y una pena porque tal y como está ubicada en la sala, pasas de largo las también esculturas de Miguel Ángel de los esclavos. 


     

En la entrada del museo tenéis muchas más fotos e información sobre el mismo.

Aparte de este museo, hoy era el día para aprovechar a visitar los mercadillos de San Lorenzo y del Porcellino ya que el lunes, el día que íbamos a volver a Florencia, el plato fuerte iba a ser la catedral y su cúpula. 

Así que volvimos en un momento a la Iglesia de San Marco para verla por dentro y bajamos toda la calle Cavour en dirección a la catedral. De camino dos de los integrantes del equipo, pasaron al interior del Palacio Medic-Ricardi. 











Antes de llegar a la catedral, nos desviamos en dirección a la iglesia de San Lorenzo cuyo interior no visitamos porque no dejaban hacer fotos ni en ella ni en la Biblioteca Laurenziana. Pendiente para otra visita. 




A donde sí nos entramos ya que afortunadamente no había mucha cola fue en la Capilla de los Médici. Impresionante su interior. Merece la pena visitarla. Lástima que en la sacristía estuvieran de obras. Esas esculturas en la sacristía nueva son verdaderas obras maestras. 




     

Cambiamos de tercio y dejamos por un momento los monumentos, y nos vamos de compras en el Mercadillo de San Lorenzo. 

Situado en las inmediaciones de la Iglesia del mismo nombre, pasearás entre multitud de puestos en la calle para comprar todo tipo de souvenirs entre los que destacan los bolsos, mochilas, carteras y demás accesorios de piel, piel de la buena, de búfala para ser más exactos, en donde tendrás que poner a prueba tus dotes de buen negociador regateando hasta donde te sea posible. 






El mercadillo abre todos los días de 9:30 a 19:00. En algunas páginas dice que cierra lunes y martes pero nosotros también estuvimos el lunes en Florencia y había puestos igualmente, así que supongo que dependerá de la temporada en la que vayas. 

Y ya que estábamos al lado del Mercado Central, decidimos comer en él. La planta baja del mercado es de puestos de comida. Abre todos los días menos el domingo y festivos de 7:00 a 14:00 y los sábados hasta las 17:00.






Y en la planta superior, hay una zona diáfana llena de mesas grandes y sillas y diferentes puestos de comida. Desde paninis, pasta, pizza, todo tipo de vinos. Una verdadera muestra de lo mejor de la comida italiana a muy buen precio. 

Nos costó un poco encontrar sitio para sentarnos por la cantidad de gente que había pero al final lo conseguimos. Los que se iban de la mesa eran españoles y nos aconsejaron las pizzas al horno de uno de los puestos. Una gozada ver cómo las hacían al instante a una velocidad increíble.








Una vez comidos, ponemos rumbo a Santa María de la Novella, principalmente por temor a que nos cierren. 

La Basílica de Santa María Novella fue edificada sobre una pequeña iglesia de monjes dominicanos, que habían llegado a Florencia alrededor del año 1200. Las obras empezaron en 1279 y terminaron a mediados del siglo XIV, aunque la fachada estuvo sin terminar hasta que Giovanni Rucellai, rico mercader florentino, la financió en 1458 y la construyó de mármol. 





El interior, de cruz latina, está dividido en tres naves con arcos con decoraciones de mármol blanco y verde. 










La plaza del mismo nombre es también una maravilla. 





De camino a nuestro siguiente destino y en vista del calor que hacía, decidimos empezar nuestro festival de gelatos en una heladería cercana a la plaza de Santa María. Y aunque no nos hemos puesto de acuerdo aún, este helado ha sido considerado por algunos como el más bueno que comimos. 







Una vez visitada la Iglesia de Santa María de la Novella, es hora de continuar comprando por Florencia. Así que volvemos a la Piazza del Duomo para definitivamente dar las buenas tardes al impresionante conjunto arquitectónico que forman la Catedral de Santa María di Fiore, el Batisterio y el Campanile. Ya teníamos hora para visitarlos el lunes, así que de momento solo fue una mirada rápida a su exterior. 






Mucha gente en la plaza a esas horas, las 5 aproximadamente. A escasos metros de la plaza se encuentra la Disney Store. Pequeña en comparación con la de Londres pero por supuesto no podía faltar esta visita en nuestro planning. Algún recuerdo Disney made in Italy cayó, jejejeje.






Y después de pasar por la Piazza de la República, al Hard Rock Café para comprar una camiseta que una de las integrantes del grupo las colecciona. 





Bajando por la Via Calimala, llegamos a otro de los mercados más famosos de Florencia, el del Porcellino, situado en la plaza del Mercato Nuovo. 





El mercado recibe el nombre de la estatua de un jabalí (porcellino) que data del año 1612: el escultor Pietro Tacca fue el encargado de darle vida a esta bestia, que en realidad, es la copia de un original (hecho en mármol en época del imperio romano) que se encuentra en la Galleria degli Uffizi.




Al parecer, si le frotas el hocico con una moneda en la mano y dejas caer la moneda, si consigues que esta caiga en un pozo con barrotes que hay a los pies del porcellino se te concederá un deseo o en el mejor de los casos, volverás a Florencia. Algunos necesitaron más de un intento, pero he de reconocer muy orgullosa que en mi caso, entró a la primera. 




Después de unas cuantas compras, seguimos nuestro recorrido por Florencia hasta la Plaza de la Signoria en donde se encuentra el Palazzo Vecchio. 



El palacio fue construido entre 1299 y 1314 para lugar de residencia y trabajo de los funcionarios de la república. Lo que más llama la atención de su aspecto es su torre de 94 metros de altura. 

Decidimos, después de un pequeño descanso en la plaza, pasar a su interior, pero unos cogieron la visita completa y otros solo la visita al palacio.





En la plaza también podemos ver la estatua de Neptuno, una réplica del David de Miguel Ángel y la famosa Logia della Signoria con alguna escultura de renombre. 



     


En primer lugar, después de visitar las excavaciones arqueológicas, los que teníamos aún algo de fuerza, subimos a la torre. La verdad es que la subida no se hace muy pesada pues hay alguna zona intermedia y  las vistas desde la terraza fueron impresionantes. Pero por desgracia tuvimos que esperar más de tres cuartos de hora de cola y además cuando llegas a la terraza superior, resulta un poco difícil hacer fotos pues la barandilla es bastante alta. 









El Palacio es impresionante por dentro, sobre todo la sala del Cinquecento, y también puedes disfrutar de unas preciosas vistas de Florencia desde una terraza inferior. 






Iba anocheciendo y decidimos cruzar el Ponte Vecchio para cenar en el otro lado. A esa hora la mayoría de las joyerías ya se encontraban cerradas pero aún así el puente nos dejó sin palabras. 





Nada más cenar, un poco más caro de lo esperado, fuimos hasta el puente más cercano, el de la Trinitá para poder ver el Ponte Vechhio a lo lejos. Unas de las vistas, sin duda, más imprescindibles y obligadas de Florencia.





Justo a los pies de este puente, nos tomamos otro helado, uno de los mejores del viaje, en la Gelateria Santa Trinitá. 




Felices, eternamente felices, y con un helado riquísimo, suave y esponjoso en el estómago, enfilamos la dirección para el coche. 

A duras penas, y casi arrastrándonos por las calles de Florencia y disfrutando l que nuestros pies cansados y nuestros cuerpos agotados podían de los monumentos iluminados de la ciudad y de esa calle, la Via dei Tornabuoni, llena de tiendas exclusivas con cuyos precios alucinábamos. 







Un día agotador sin duda. Más de doce horas paseando por Florencia, visitando monumentos, museos, mercadillos... Hora de volver al hotel, ya tendríamos tiempo el lunes de terminar de visitar algunos de los lugares más famosos de Florencia. 

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