Los 7 fantásticos y el Capitán América visitan Oporto - Día 3

marzo 25, 2016


Después de un más que copioso desayuno, salimos dispuestos a seguir disfrutando de la ciudad. Para hoy muchos sitios por visitar y en concreto, la reserva del paseo por el Duero. 

Decidimos tomar el autobús para acercarnos al centro, así que en la calle Campo Alegre tomamos el número 200, también nos habría servido el 207, que nos dejó muy cerca de nuestro primer punto: las iglesias de Carmelitas y de Carmo, exactamente en la parada del Hospital de San Antonio. 


Entramos en ambas iglesias sin ningún problema. Totalmente gratuitas. Personalmente, me gustó más la del Carmo tanto en el interior como en su exterior con su fachada latera con un precioso azulejo enorme.





Así llegamos a la Librería de Lello e Irmao, famosa porque en su interior hay unas escaleras de madera que J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, utilizó como modelo para sus escaleras de Hogwarts ya que la escritora visitaba con frecuencia esta librería cuando vivió en Oporto. 

La entrada cuesta 3€ y tienes que comprar los tickets antes de entrar en la librería en unas taquillas que hay justo frente a la misma.



Pero cuál fue nuestra sorpresa al ver que la cola para entrar no tenía fin, prácticamente hubiera supuesto más de dos horas de espera, así que decidimos probar en otra ocasión, y si no, al día siguiente una avanzadilla madrugaría para poder visitarla por dentro. 

Justo frente a la librería, se encuentra la iglesia y torre de los Clérigos. Y de nuevo, una larga cola que por desgracia tuvimos que hacer, bueno, mejor dicho, nos tragamos innecesariamente porque era para subir a la torre, no para ver la iglesia. En fin, una media hora perdida. Lo de la torre lo dejamos para otra ocasión, increíble la cantidad de gente que podía haber en Oporto en esa Semana Santa. 








Bajamos por la Rua Sao Bento da Vitoria para llegar justo al mirador del mismo nombre. Preciosas las vistas de Oporto y el Duero desde allí. Cada vez estoy más convencida de que las ciudades o pueblos hay que verlos en algún momento desde alguna torre o mirador, porque la sensación es totalmente diferente a cuando paseas por la misma. 









Seguimos bajando la calle hasta llegar a la Bolsa, cuyo interior veríamos al día siguiente y la iglesia de San Francisco. Por fin llegamos al Duero. 











No más de media hora de espera y ya embarcamos a disfrutar de un crucero por el Duero, pudiendo así ver una ciudad diferente, tanto Oporto como Vilanova y de Gaia, desde el puente de Luis I hasta el de Maria Pía y vuelta. 

Un recorrido de aproximadamente una hora, durante el cual una voz por megafonía en varios idiomas te va dando indicaciones de los puntos más importantes a lo largo del trayecto. 

A pesar del frío y de la humedad, disfrutamos muchísimo del crucero. Os dejamos unas cuantas fotos para que lo veáis. 






















Una vez terminado el viaje en barco, son ya las dos pasadas, así que empezamos a buscar un restaurante en el que comer, pero... todo, absolutamente todo, ocupado y al no haber reservado ni nada, nos dicen que mínimo una hora larga de espera, así que, esperando tener más suerte en la otra ribera, cruzamos el puente de Luis I hasta Vilanova de Gaia. 








En esta localidad se encuentran gran parte de las bodegas del famoso vino de Oporto, dimos un paseo por la calle principal paralela al río, buscando desesperadamente un restaurante en donde comer, pero todos nuestros esfuerzos fueron en vano. 







Nos costaba entender cómo, habiendo un restaurante detrás de otro, en todos nos dijeran que tenías que esperar mínimo una hora. Probamos en las calles perpendiculares a la principal, pero aunque nos apuntamos en el listado de uno, no veíamos que avanzara la cola, así que por fin ya casi a las cuatro de la tarde, encontramos un lugar en donde comer, tipo raciones y probamos el riquísimo bacalao a la bras. 



Ya un poco más tranquilos y con el estómago lleno por fin, continuamos dando un paseo hasta el teleférico que te sube a la parte alta de Vilanova y desde donde puedes cruzar el puente, pero esta vez por la pasarela superior. Pero antes de emprender el viaje, con la entrada, nos dieron un ticket para degustación de vino de Oporto en una bodega, así que para allá fuimos. Lo que nos pudimos reír y lo que disfrutamos del vino, aunque solo fuera un culín. Riquísimo.













Volvimos al teleférico, y algunos con expectación y otros con pavor montamos en él para llegar a la parte alta de Vilanova. Muy agradable el paseo. 









Sin duda cruzar el puente de Luis I por arriba fue una de las cosas que hicimos durante nuestra visita a Oporto que más me gustó, por las vistas de toda la ciudad durante el recorrido y por esa sensación mezcla de expectación y de miedo cuando el metro pasaba por la pasarela. 





















Ya había anochecido en lo que cruzábamos el puente, por lo que era hora de decidir qué podíamos hacer hasta la hora de cenar. Como evidentemente teníamos que volver al hotel en autobús y este se cogía al lado de la Torre de los Clérigos, se nos ocurrió la brillante idea de volver lo más rápido posible a la librería Lello a ver si con suerte y ya que empezaba a chispear, no hubiera tanta cola y así pudiéramos entrar a ver su interior. 

Y digo brillante, porque cuál fue nuestra sorpresa al ver que en cuestión de 15 minutos más o menos, pudimos acceder a su interior, no sin antes pasar unos momentos de tensión, ya que la librería cierra a las 19:00 horas y no deja acceder a nadie quince minutos antes. 

Muchísima gente en su interior pero una auténtica preciosidad. Para mi gusto, mereció la pena los 3 euros de la entrada. 









     

     

Agotados pero felices, decidimos hacer un pequeño descanso en el Costa, tomándonos un delicioso chocolate caliente. 

Y para finalizar el día, antes de volver al hotel y así cenar en el centro comercial de al lado, nos fuimos de nuevo al mirador de Vitoria para intentar hacer unas fotos nocturnas pero había empezado a llover con más insistencia y prácticamente tuvimos que desistir. Una pena después de haber cargado todo el día con el trípode. 





Otro día más muy pero que muy productivo en Oporto. Lástima que ya solo nos quedara un día. 

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