La Alhambra y el Generalife en Granada

octubre 11, 2015

En esta entrada voy a hacer un repaso extenso a uno de los monumentos españoles considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, exactamente en el año 1984. La Alhambra, el Generalife y el barrio del Albaicín de Granada fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por su valor de testimonio único de la cultura islámica en la Península Ibérica. El conjunto de la Alhambra y el Generalife representan el mejor ejemplo de la arquitectura nazarí; y el barrio del Albaicín, síntesis de la arquitectura vernácula islámica y andaluza.

LA ALHAMBRA

Antes de acceder a esta maravilla arquitectónica, he de precisar que existen 3 formas de subir desde Granada a La Alhambra.
  • A pie: Personalmente lo desaconsejo ya que hay un buen trecho caminando y desde mi punto de vista, no merece la pena, ya que el recorrido por toda la Alhambra puede durar varias horas, dependiendo del ritmo que llevemos para poderlo ver todo.
  • En  autobús: Es una buena manera de llegar hasta La Alhambra. Quizás la única pega es que los autobuses son minibuses ya que en algunas zonas del recorrido hasta arriba pasan por estrechas calles y de ahí el porqué. Pegas desde mi punto de vista: no pasan con mucha frecuencia y disponen de pocas plazas. A favor: precio asequible y puedes despreocuparte del coche ya que el aparcamiento de arriba junto a La Alhambra cuesta un pastón.
  • En coche: Muy cómodo, cercanía a La Alhambra y se agradece a la salida cuando acabas reventado de ver tantas maravillas. 😂😂😂.

 
La Alhambra se gestó sobre la colina de la Sabika, donde ya había una construcción anterior de época zirí. Es la colina de más altitud que rodea Granada. Es una ciudadela por cuanto dentro de su recinto existía una auténtica ciudad para la realeza insertada, y a la vez separada, en la propia ciudad o medina de Granada. Digamos que es como una ciudad privada.

Como vemos tiene forma alargada y bastante irregular ya que debe adaptarse a las irregularidades del monte de la Sabika. Su longitud es de 740 metros, y su anchura varía entre los 180 y 240 metros.


Está rodeada por una muralla que es doble en algunas zonas con 27 torres que tenían diversas funciones, la mayoría servían para la defensa pero otras servían de viviendas, incluso algunas de ellas eran auténticos palacios. Se podía acceder a ella por cuatro puertas: Puerta de las Armas - en la Alcazaba, del Arrabal - en la Torre de los Picos-, Siete Suelos, al sur y de la Justicia o Explanada-también al sur.

Su nombre no está muy claro. Unos creen que es debido a que fue construida de noche bajo el foco de las antorchas. Otros dicen que es el femenino del nombre de su constructor -ALHAMAR- y por tanto se llamaría LA ROJA, esposa de Alhamar.

Una vista general de La Alhambra desde el Mirador de San Nicolás,



Medina
 
La ciudadela contaba con varios baños públicos, hornos, talleres, silos y cisternas y como no, las casas de los altos funcionarios, de los empleados y de los sirvientes de la corte. A consecuencia de la guerra de la Independencia, los edificios quedaron en ruinas, y parte de la muralla y sus torres tuvieron que ser reconstruidas casi por entero. El visitante puede ver los cimientos de las construcciones.




Puerta de los Siete Suelos. Era llamada Puerta de Al-Gudur o de los Pozos, su puerta es conocida por la de Siete Suelos y de ahí se debe el actual nombre. Es una de las más importantes de La Alhambra. Tiene una torre cúbica levantada sobre 3 bóvedas circulares de las que una se encuentra enterrada, lo que hizo suponer que había 7 suelos o plantas para descender al fondo. Se han visto 3 plantas, aunque podría haber más para comunicar con los silos y los pozos de las explanadas de los Mártires, que servían de graneros públicos en los últimos tiempos de escasez y guerras.

Esta torre ha dado lugar a cuentos fantásticos muy interesantes, como que se comunicaba con la parte baja de la ciudad por medio de un camino cubierto o viaducto. La comunicación más importante es la que aparece conduciendo a la explanada situada detrás de la Alhambra donde Muley Hacem pasó la última revista a 20.000 hombres, el día de la famosa inundación de la ciudad, seguida de un desbordamiento del río Darro y de todos los riachuelos y arroyos que rodean estos lugares.



Palacio de los Abencerrajes. El Palacio de los Abencerrajes fue construido en el siglo XIII, junto a la torre de los Abencerrajes o Contaduría. Fue destruido por los franceses en 1812 y sólo quedan sus cimientos, una torre y la alberca. Su planta es muy similar al Patio de los Leones.

Era la residencia de una de las familias más importantes de la Granada nazarí y por ello vivían en la Alhambra, como otras familias que también la habitaban por su importancia.

 


Parador de San Francisco. Hoy en día es un Parador Nacional de Turismo. En tiempo de los árabes era un palacio nazarí parecido al Generalife, es decir una villa rústica. Con la conquista se fundó un convento de franciscanos y allí fueron enterrados los reyes Isabel y Fernando hasta su traslado a la Capilla Real. En 1835 fueron expulsados los franciscanos y se utilizó como almacén de artillería y casa de vecinos. En 1928 se rehabilitó y se instaló una residencia para pintores paisajistas. Más tarde se convirtió en Parador Nacional de Turismo.





Calle Real Alta. La Calle Real Alta constituía el principal eje de la Medina, en torno al cual se disponía la zona residencial y los talleres de artesanos que estaban al servicio de la corte nazarí. Su trazado partía desde la Puerta del Vino hasta la zona donde hoy se encuentra el actual Parador de San Francisco y el Palacio de los Abencerrajes.

 
Puerta del Vino

En cierto modo esta Puerta, mantiene una función semejante a la que tuvo en la época nazarí. Es la Puerta principal de acceso a la Medina de la Alhambra, la que encierra, dentro del común recinto amurallado de la fortaleza, el sector residencial y artesano al servicio de la corte.


Casa Nazarí de la Calle Real Alta. Entre las edificaciones de la Calle Real Alta destaca una Casa Nazarí, construida en los últimos años del siglo XIII o primeros del XIV, como bien nos indican sus motivos decorativos.




Baños de la Mezquita. Esta edificación corresponde a lo que en su tiempo era el baño de la Mezquita Mayor de la Alhambra. Con sus ingresos permitía sufragar los gastos de ella.





Antigua Mezquita. Todas las ciudades hispanomusulmanas tenían su mezquita principal y La Alhambra también la tenía. Estaba en la Calle Real Alta y parece que fue construida sobre 1305. no queda nada de ella ya que, tras la expulsión, se utilizó para el culto cristiano y fue demolida en 1576 por ruina. Sobre ella se levantó la actual iglesia de Santa María de la Alhambra.

Las obras del templo se realizaron entre 1581 y 1618, completadas por el arquitecto Ambrosio de Vico. Con planta de cruz latina y capillas laterales, destaca su retablo barroco con grandes columnas salomónicas de 1671, así como el Crucificado y las grandes imágenes de las Santas Úrsula y Susana, de Alonso de Mena. La titular es la conocida imagen de la Virgen de las Angustias de Torcuato Ruiz del Peral, realizada entre 1750 y 1760.



Palacio de Carlos V. El Emperador decidió construir el Palacio al estilo "romano", probablemente influido por el propio Gobernador de la Alhambra y Capitán General Luis Hurtado de Mendoza, cuya familia jugó un importante papel en la recepción de la cultura italiana en Castilla, aunque el modelo del palacio pudo ser sugerido por Baldasare Castiglione, amigo de Rafael y de Giulio Romano.

El proyecto original se debe a Pedro Machuca, formado en el círculo artístico de la Roma de León X, que dirige las obras entre 1533 y 1550, fecha de su muerte, dejando terminadas las fachadas excepto las portadas de poniente y mediodía. Le sucede su hijo Luis que realiza el patio circular, quedando suspendidas las obras durante 15 años por la rebelión de los moriscos de Granada en 1568.

En 1619 se completa la columnata alta del patio y continúan las obras hasta su abandono en 1637, sin cubrir de aguas el edificio.  El Palacio quedó inconcluso hasta que en 1923 Leopoldo Torres Balbás inicia un programa de recuperación del mismo con destino a museo, que culminará el arquitecto Francisco Prieto Moreno en 1958.

En la elección estilística del Palacio hubo una firme voluntad de expresar una arquitectura "a lo romano", mediante la originalidad de la planta, un círculo inscrito en un cuadrado, y el uso del lenguaje  arquitectónico  del  pleno Renacimiento.

Del diseño general de la planta cabe destacar el empleo complementario de la Capilla octogonal, figura geométrica que viene a ser una segunda estructura centralizada del Palacio, de gran prestigio en el Renacimiento.







 
Patio de Machuca. El Patio de Machuca, usado por el arquitecto del Palacio de Carlos V, está centrado por una curiosa alberca de forma parecida a los ninfeos romanos, en cuyos lados menores disponía de sendas fuentes circulares que vertían agua a su interior.

Destaca especialmente el reconstruido pórtico corrido al Norte, del que sobresale una pequeña Torre con el mismo nombre, al que debió corresponder otro pórtico semejante al Sur en cuyo testimonio Leopoldo Torres Balbás dispuso una arquería de ciprés, ejemplo inteligente de restauración arquitectónica.

 

Mientras esperamos a entrar en los Palacios Nazaríes disfrutamos de unas vistas estupendas de Granada.



Palacios nazaríes.

Conjunto palacial, residencia de los reyes de Granada. Lo empieza a construir el fundador de la dinastía, Alhamar, en el s XIII, aunque las edificaciones que han pervivido hasta nuestros días datan, principalmente, del s XIV. Estos palacios encierran entre sus muros el refinamiento y la delicadeza de los últimos gobernadores hispano-árabes de Al Andalus, los Nazaríes.

Tres palacios forman este recinto:


  • El Mexuar.
  • El Palacio de Comares, o de Yusuf I.
  • El Palacio de los Leones, o de Mohammed V.

Mexuar. Debe su nombre al término árabe Maswar, lugar donde se reunía la Sura o Consejo de Ministros. También era el lugar o la antesala donde el Sultán impartía justicia.

Esta estancia debió pertenecer a una estructura anterior al Palacio de Comares y al de Los Leones, probablemente al construido por Isma’il I (1314-1325) y ha sufrido numerosas transformaciones.

La decoración fue adaptada por Yusuf I (1333-1354) y posteriormente por Muhammad V en su segundo mandato (1362-1391), ambos responsables respectivamente de los dos Palacios de la Alhambra que mejor se han conservado.

Originalmente tenía un cuerpo central de linterna que le servía de iluminación cenital y de la que sólo subsisten las cuatro columnas y sus entablamentos. En el siglo XVI se modifica todo el espacio para añadirle una planta superior y transformarlo en Capilla.





Oratorio. A lo largo del día todo buen musulmán debe realizar cinco oraciones. Para ello cualquier lugar es adecuado, aunque existen en las medinas, mezquitas y oratorios a disposición del creyente. En la Alhambra, además de la Mezquita principal, existen varios oratorios pequeños para uso del Sultán, su familia y la corte.

A este oratorio se accedía originalmente por la galería de Machuca. El nivel del suelo estaba situado a la altura del poyete junto a las ventanas y fue rebajado el pasado siglo para facilitar su visita. Las ventanas permitían al creyente, sentado en el suelo y con el brazo apoyado en el alféizar, divisar el paisaje y meditar sobre la grandeza de la naturaleza y la creación divina.

La explosión de un polvorín en 1590 arruinó toda la estancia, que fue restaurada en 1917. Las inscripciones contienen una cita del Corán y laudatorios de Muhammad V, entre otras. Entre ellas se lee: “Ven a la oración. No seas de los negligentes”.


Fachada de Comares. Se alza de forma majestuosa frente a la galería del Cuarto Dorado. Fue mandada construir por Muhammad V en 1370 con motivo de la conquista de Algeciras. Su composición decorativa, basada en el sistema proporcional de su trazado, con la distribución tripartita del espacio, combinando el rectángulo áureo con el cuadrado, supone la culminación de todo un proceso evolutivo del arte andalusí. 

 
 


Cuarto Dorado. Al norte del patio, tras el característico pórtico de tres arcos se encuentra el Cuarto Dorado, cuya decoración original se debe a Muhammad V. Fue llamado así por la bella techumbre de madera que lo cubre, repintada y decorada, al igual que toda la estancia, en época de los Reyes Católicos, como testimonian sus escudos, el yugo y las flechas y la ventana central con parteluz y capitel mudéjar. Esta sala debía ser utilizada por los administradores y secretarios de la corte musulmana para anotar y ejecutar las sentencias del Sultán.

Por debajo de la estancia corre el pasadizo de ronda que usaba la guardia de seguridad de los Palacios. Originalmente estaba sobre la muralla, a cielo abierto, pero las transformaciones y ampliaciones de los palacios en el siglo XIV lo dejaron oculto, al igual que la estructura original de este sector de la Alhambra.

La planta superior de la sala, también modificada, albergó a la Emperatriz Isabel de Portugal el verano de 1526, y después a los Gobernadores y Alcaides de la Alhambra.




Desde el cuarto Dorado las vistas son expectaculares y podemos contemplar la cantidad de gente arremolinada en el Mirador de San Nicolás para hacer fotos de La Alhambra.
 

Patio de Comares o de los Arrayanes. Los palacios no son sino casas a una escala mayor y con decoraciones más destacadas, pero con su misma estructura y funciones. El Patio de Comares o de los Arrayanes toma su nombre de los grandes macizos de esta planta, también llamada mirto, que bordean la alberca en sus lados mayores.

Originalmente estos espacios ajardinados eran mucho más bajos y probablemente con mayor variedad de árboles enanos, para que sus copas no sobresalieran en exceso.

La Alberca juega un papel importantísimo en la definición arquitectónica y estética del lugar pues, con su lámina de agua, que actúa como un espejo, refleja las estructuras dándoles una proyección geométrica que rompe la excesiva horizontalidad del espacio.

El Patio siempre estuvo pavimentado con grandes losas de mármol blanco, aunque a finales del siglo XVI consta que se amplió su solería por lo que originalmente pudo estar reducida a unos andenes.




Sala de la Barca. A finales del siglo XVI fue necesario repintar el techo, por lo que también se la conocía hasta épocas recientes como Sala Dorada. La forma y dimensiones del techo lo convierten en un ejemplar extraño y único. El original quedó casi totalmente destruido a consecuencia de un incendio el 15 de septiembre de 1890, finalizando su restauración en junio de 1965, a partir de dibujos, fotografías y piezas salvadas.

La armadura, de lazo ataujerado, es de madera de pino. Sus extremos son de cuarto de esfera con decoración de lazo de 12. El eje central conjuga ruedas de 12 y sinos o estrellas de 8, combinándolas sucesivamente.

Un zócalo de diferentes alicatados reviste toda la sala, incluidas las alcobas que se abren a los extremos mediante grandes arcos semicirculares. Las alacenas fueron ampliadas en el siglo XVII para abrir sendas ventanas con rejas al patio, como puede verse en los grabados del siglo XIX y en fotografías antiguas.


Sala de los Embajadores. La Torre de Comares, la mayor de la Alhambra con 45 metros de altura, tiene en su interior la también mayor estancia del recinto: el Salón de Comares o de los Embajadores, igualmente llamado del Trono.

En sus muros se abren nueve pequeñas alcobas, iguales dos a dos, excepto la central frente a la entrada, reservada al Sultán y más ricamente decorada.

La solería de la estancia, repuesta en diversas ocasiones, conserva en el centro la mayoría de sus piezas originales, de cerámica dorada, a las que se añadieron otras semejantes posteriormente. Posiblemente tuvo también losas de mármol.

Los paramentos verticales del Salón están íntegramente revestidos de decoración. En su parte inferior conserva diferentes zócalos alicatados originales, sobre los que se desarrolla la rica decoración de yesería, alternando la geometría con el ataurique y la epigrafía. Originalmente estaba policromada con vivos colores, como si de un tapiz se tratara.

El techo, con su programa simbólico, venía a legitimar al Sultán, sentado en su trono presidiendo todo el espacio de la Sala. La epigrafía de todo el Salón está cargada, entre otros de no menor importancia, de textos áulicos con clara intención político-religiosa, acentuando sobre todas las cosas la supremacía Divina. He aquí tres ejemplos: «La eternidad es atributo de Dios». «Aléjate en el bien pues ciertamente es Dios quien ayuda». «Sólo a Dios pertenecen la grandeza, la gloria, la eternidad, el imperio y el poder.»




Baño de Comares. Las estancias del baño de la Alhambra, por su estado de conservación y especial naturaleza, con el fin de preservarlas lo mejor posible, no se visitan habitualmente, aunque sí se pueden contemplar desde otros espacios a través de huecos.

Ubicado entre los palacios de Comares y de los Leones, cerca de las habitaciones del palacio, tiene una puerta directa al patio, junto a la crujía en la que residía y gobiernaba el sultán.

Este baño ha conservado bastante bien todos sus elementos, con las modificaciones estructurales propias de un cambio de uso y de un mantenimiento más testimonial que funcional. La entrada, al mismo nivel del patio de los Arrayanes, conduce a un primer espacio vestibular donde desvestirse, con una alcoba para ello, y una letrina apartada y aireada.

Desde este primer apoditerio se desciende mediante una pronunciada escalera a la sala de reposo, llamada bayt al-maslaj, que es, quizá, el lugar más destacado del baño, y aquí se llama sala de las Camas, por los dos amplios aposentos ligeramente elevados que flanquean la estancia principal.

Todo este espacio está aireado e iluminado cenitalmente por una linterna central, muy frecuente en la arquitectura nazarí. Los elementos decorativos de la sala, fuente, pavimentos, columnas, alicatados y yeserías son en gran parte originales, aunque techos y yeserías fueron reparados y repintados con vivos colores en la segunda mitad del siglo XIX. Las puertas que flanquean a las camas forman parte de la estructura original del baño: además de la de acceso, su paralela abre a un almacén de servicio; las fronteras conducen a una letrina emplazada tras la alcoba, y a las cámaras de vapor del baño.

Toda la zona de vapor del hammam está cubierta con bóvedas horadadas con multitud de tragaluces, ligeramente cónicos, con formas lobulares y estrelladas. Dotadas de cristales practicables en la cara exterior, los servidores del baño las abrían o cerraban para regular el ambiente de vapor de las salas.

Le sigue un espacio reducido y de paso, llamado bayt al-barid, dotado de una pila con agua fría, al que sucede la zona central del baño o bayt al-wastani, estancia amplia y caldeada con un ámbito central flanqueado por sendas arquerías de triple arco de herradura ligeramente apuntada.

Frente al vano de acceso, otro conduce a la última sala caldeada del baño, la bayt al-sajun, a cuyos extremos, bajo amplios iwanes, dos grandes pilas vertían a voluntad agua fría y caliente. Bajo el suelo de esta sala está situado el hipocausto, junto al que se emplazan, tras el arco cegado del fondo, el horno (al-furn) y la caldera, en cuya proximidad se dispone de una leñera para almacenar la materia de combustión, con la consiguiente puerta trasera de servicio.

Las salas de vapor tienen solerías de mármol bajo las que discurren conductos para mantener el calor, por lo que en estas salas se debía usar calzado de suela gruesa. De la misma forma, en los muros se instalan canalizaciones de barro de diferentes tamaños y secciones, para conducir el aire caliente y el vapor de la caldera y alcanzar la temperatura y la humedad necesarias para el baño.

En el siglo XVI se renovaron algunos zócalos cerámicos de estas salas, en alguno de los cuales se puede leer abreviado el “Plus Ultra” imperial, y se habilitó una moderna salida, a través del colindante patio de Lindaraja.

Por su singularidad, el Baño de Comares ha sido para visitantes y artistas uno de los principales lugares de fascinación de toda la Alhambra. Desde el seducido Jerónimo Münzer en 1494, hasta el vanguardista Henry Matisse en 1910 quedaron cautivados por la atmósfera y el misterio de su luz. La nómina de representantes de las artes plásticas que plasmaron sus impresiones es muy extensa; baste con señalar las planchas de Alexandre Laborde (1812), los apuntes de Richard Ford (1831) o el plano que levantó James Cabannah Murphy (1813) con detalles como el circuito de canalizaciones o la caldera del baño.

El día que visitamos La Alhambra, esta estancia se encontraba cerrada por encontrarse en restauración, por eso la foto no es nuestra, sino tomada de Internet.


Sala de los Mocárabes. El Palacio de los Leones se estructura en torno a dos núcleos de vivienda y dos espacios de representación, ambivalentes. De estos últimos, el primero en reconocerse es la Sala de los Mocárabes que debió servir de habitación vestibular o de recepción, al encontrarse próxima a la entrada principal del Palacio.

A ella se accede por tres grandes arcos de mocárabes, ricamente decorados, que le sirven de iluminación y aireación, además de permitir desde el interior una bella perspectiva del patio.

Su denominación procede de la bóveda que originalmente cubrió la estancia. Esta bóveda  debió ser de una extraordinaria riqueza decorativa y que, dada su fragilidad material, el yeso, sufrió de manera irreparable las consecuencias de la explosión de un cercano polvorín en 1590, siendo derribada y sustituida parcialmente por la que actualmente subsiste, en el siglo XVII, con motivo de una visita a Granada del Rey Felipe V.

Complementario a la Sala de los Mocárabes debió ser el retrete situado junto a ella, al que se accedía por la puerta frontera a la entrada del Palacio.


Patio de los leones. En la Alhambra, el Palacio de los Leones marca el momento culminante de su arquitectura. Como síntesis y símbolo de su riqueza decorativa y a la vez de la significación del complejo hidráulico del recinto,  se ha conservado su conocida fuente.

A su función simbólica, se une la utilitaria. Un complicado sistema de funcionamiento permitía mantener el agua en la fuente como una lámina. El cilindro central de la taza la abastecía y evacuaba a la vez, de forma que el agua nunca la desbordaba.

A pequeña escala la Fuente de los Leones es representativa de toda una concepción técnica que permitió la creación de la Alhambra; concepción heredada de tradiciones y experiencias constructivas, a lo largo de muchos siglos de dilatada y fecunda creatividad.

Muhammad V fue el inspirador de este bello palacio construido en su segundo mandato, entre 1362 y 1391, pues había sido derrocado tras apenas cinco años en el poder. Con él se alcanza la etapa de apogeo del sultanato nazarí, de cuyo desarrollo artístico en cierto modo el Palacio de los Leones supone la síntesis de todos sus estilos.

El esquema estructural del Palacio de los Leones es el mismo que el de Comares, aunque en posición transversal a él, que responde al tradicional de la vivienda hispano-musulmana, es decir, en torno a un patio central a cielo abierto que sirve de eje a la vida familiar se distribuyen las habitaciones polivalentes, con planta baja y al menos, una planta superior o algorfa.

El Patio adopta un esquema de crucero, con fuente central, del que se encuentran precedentes y consecuentes tanto en la España musulmana como en el resto del mundo islámico. La perfección proporcional y visual que añade al patio la arquería corrida en todo su perímetro, lo ha convertido en uno de los ejemplos arquitectónicos más universales y admirados.

Tal vez por ello ha venido sufriendo a lo largo del presente siglo una viva polémica, sobre si sus cuatro parterres, marcados por los brazos del crucero, estuvieron pavimentados originalmente o fueron jardines bajos, a un nivel inferior al de andenes y galerías. Existen ejemplares de ambas tipologías, que en cualquier caso no afectan a la grandiosidad y originalidad del Patio.






Sala de los Abencerrajes. De los dos espacios residenciales del Palacio de los Leones, el situado al Sur se desarrolla en torno a la Sala de los Abencerrajes, así denominada a partir del siglo XVI al atribuirle la tradición el poco riguroso escenario de sangrientas disputas cortesanas que acabarían con los principales miembros de esa familia norteafricana.

La estancia principal se encuentra elevada con respecto al nivel del Patio, el cual se divisa desde el interior a través de su única abertura, una amplia puerta que conserva sus batientes originales, de madera ataujerada con rica decoración de lacería, restaurados en varias ocasiones.

De la planta cuadrada, centrada por una bella fuente dodecagonal de mármol, abren a sus costados, mediante dobles arcos, dos amplias alcobas. Gran parte de su decoración de yesería fue muy restaurada en el siglo XVI, al que también corresponde el principal zócalo de azulejos, de procedencia sevillana.

Lo más espectacular de la Sala es su impresionante cúpula de mocárabes en forma de estrella de ocho puntas al abrirse sobre ocho trompas también de mocárabes.

Como es tradicional en la arquitectura nazarí, tras la puerta de acceso se desarrollan sendos pasillos muy modificados que conducían respectivamente a un retrete desaparecido y a la planta superior, donde se encuentra una bella algorfa o habitación que sobresale al Patio.



Sala de las Dos Hermanas. A la Sala de las Dos Hermanas corresponde la segunda residencia del Palacio de los Leones, con semejante estructura a la de los Abencerrajes, es decir, elevada con respecto al Patio desde el que se accede por una única puerta, con cierre de madera ataujerada, ricamente decorada mediante composiciones geométricas.

Tras la entrada, se desarrollan a derecha e izquierda sendos corredores que conducen respectivamente, a las habitaciones de la planta superior y al retrete de la vivienda. El nombre lo recibe por las dos grandes losas de mármol, centradas por una fuentecilla que evacua por un canalillo al Patio de los Leones.

El zócalo de alicatados, uno de los más originales por su peculiaridad de toda la Alhambra, es una bella composición geométrica a base del entrelazado de cintas de varios colores.

La decoración de yesería de los paramentos, dividida como es característico del arte nazarí en grandes paños separados por inscripciones epigráficas, cubre por completo los muros, culminando en la que es sin duda la obra maestra: una cúpula de mocárabes que, a partir de una estrella central, se desarrollan mediante el conocido teorema de Pitágoras.

En los dos laterales de la Sala, de planta cuadrada, abren dos alcobas. Cada una con su característico espacio para la tarima o cama, que se cubren con unos extraordinarios artesonados de madera bellamente decorados.

 


Sala de los Reyes. La Sala de los Reyes es el gran espacio áulico y emblemático del Palacio de los Leones. Lugar de reposo y tertulia, se estructura en torno a un gran vestíbulo, de más de 30 metros de longitud, que servía de escenario para las más variadas recepciones y representaciones festivas.

El espacio se encuentra dividido en tres alcobas de planta cuadrada, rematadas con cúpulas de mocárabes que sobresalen de la cubierta general a semejanza de linternas —otro elemento característico de la arquitectura nazarí—. Estas salas se ven fraccionadas perpendicularmente por grandes arcos dobles de mocárabes.

Las tres falsas bóvedas albergan pinturas sobre cuero de rica iconografía profana. El estilo se corresponde con el gótico lineal en el abundante empleo de la línea y el dorado, responde también a los caracteres de la pintura trecentista: tanto en los rasgos de los personajes representados como en algunas indumentarias de tipo florentino. El conjunto se debe a artistas cristianos conocedores del mundo musulmán, en donde se mezclan la estética italiana con la islámica, poniéndose de manifiesto la influencia del taller toledano como base de la amistad existente entre don Pedro I de Castilla y Muhammad V de Granada.

En las bóvedas laterales, parecen representarse las escenas secuenciales de un relato novelesco medieval, en el que unos caballeros, claramente identificados por sus ropas musulmanas y cristianas, realizan diversas pruebas para obtener los favores de una dama.

La historia que comienza en la bóveda izquierda, puede tener su desenlace en la bóveda de la derecha, sucediéndose distintos episodios como la cacería de animales salvajes, el juego del ajedrez o la justa entre caballeros. Todas las escenas se desarrollan entre una extraordinaria representación de la naturaleza: aves y animales silvestres en movimiento entre una profusa vegetación y arboleda.



 
Bóveda Central

La Sala de los Reyes recibe su nombre precisamente por los diez personajes enigmáticos que aparecen en la bóveda de la alcoba central, que fue considerada impropiamente desde antiguo como la representación de los sultanes más destacados de la dinastía nazarí; incluso la sala fue llamada hasta el siglo XIX Sala de la Justicia, al interpretar las figuras como jueces reunidos en Tribunal.

Lo que sí parece cierto es que la escena representada debía ser muy parecida a la que tenía lugar habitualmente en la estancia: una reunión de notables, con la presencia del Sultán o de destacados miembros de la Corte.

Los personajes, cuyas facciones corresponden a hombres venerables de aspecto occidental, se muestran sentados a la manera tradicional en animada conversación, con gestos de movimiento. Sus vestidos son de ceremonia como atestiguan las espadas que portan, los correajes y el característico turbante nazarí.


Sala de los Ajimeces. Esta estancia recibe su nombre de los cierres que originalmente debieron tener las ventanas geminadas situadas en los ejes de los lados mayores.

Los ajimeces eran balcones volados de madera con celosías, muy utilizados en la arquitectura nazarí, de los que apenas quedan ejemplares aunque se han mantenido, por sus propias características, en algunos conventos de clausura y en la arquitectura popular andaluza, dando lugar con otros materiales, a numerosas variedades.

Se accede a esta Sala a través de un gran arco angrelado, abierto en el muro, en cuyo intradós aparecen las habituales tacas nazaríes. La decoración mural de la Sala, en la parte superior, es a base de yeserías policromadas, quedando la zona inferior sin decoración, probablemente para recibir un tapizado. La bóveda de mocárabes fue rehecha en el primer tercio del siglo XVI.


Mirador de Daraxa. Tras un proporcionado arco de mocárabes aparece uno de los elementos más bellos y ponderados de los Palacios de la Alhambra: el mirador de Lindaraja, denominación adaptada al castellano de al-'Ayn Dar Aisa, los «ojos de la casa de Aisa», pues en época nazarí era una atalaya abierta al paisaje, ante la que se extendía un jardín bajo.

El umbral del arco de acceso posee los alicatados más agraciados de la Alhambra por su reducido tamaño y ejecución; sobre ellos, las tradicionales tacas se ven sustituidas por sendos arcos ciegos.

El paramento interior del mirador es un resumen perfecto del concepto proporcional en el diseño decorativo arquitectónico nazarí que ha llevado a algunos autores a considerarlo el exponente más claro de un posible «barroco nazarí».

Bajo un arco ciego de mocárabes se desarrolla toda una decoración en yesería policromada, básicamente epigráfica, que enmarca una ventana con doble arco y parteluz que al igual que las ventanas laterales, están situadas en puntos muy bajos para, sentados en el suelo, divisar el paisaje.

Una falsa cubierta con cristales de variados colores, verdadera joya documental, culmina la parte superior de la estancia, probablemente el espacio con un carácter más áulico del Palacio de los Leones.


Habitaciones de Carlos V. Siguiendo sus pasos es significativa la petición que el joven Emperador Carlos V hace desde Flandes en 1517 al Alguacil Mayor del Reino la víspera de su viaje para tomar posesión del Trono: «...para que ordenase la forma que mejor le pareciese del aposento de su casa y corte... y que los aposentadores hiciesen el aposento con suavidad y sin molestia ...».
En junio de 1526 llega el Emperador a Granada con su esposa Isabel de Portugal, alojándose en la misma Alhambra, que causa una grata impresión a los ilustres huéspedes, hasta el punto de concebir establecer aquí la sede Imperial y el panteón de la dinastía.

Así en 1528 se aprueba la construcción de seis «cuartos nuevos» en torno a los palacios musulmanes, conformando una especie de «suite imperial». A ellos se accede tras un corredor a cuya izquierda puede verse la planta alta del Baño de Comares, adaptada desde entonces como entrada al mismo.

Tras el corredor se encuentra el despacho del Emperador, dotado de chimenea y artesonado de cuarterones trazado hacia 1532 por Pedro Machuca, y a continuación una antecámara por la que se accedía a los dormitorios del Emperador y de la Emperatriz.

Sobre la puerta se conserva una lápida colocada en 1914 por el primer Patronato de la Alhambra en recuerdo del escritor norteamericano Washington Irving, autor de los famosos «Cuentos de la Alhambra», que se hospedó en 1829 en las habitaciones contiguas, conocidas como «Salas de las Frutas» por su techos decorados hacia 1537 por Julio Aquiles y Alejandro Mayner, discípulos de Rafael de Sancio y de Giovanni de Udine.

Existe una tradición popular, recogida desde el siglo XVII, de que «en este quarto engendraron el Emperador Carlos y la Emperatriz doña Isabel, su mujer, al prudente Rey don Felipe II».





Patio de la Lindaraja. Contiguo al Patio de la Reja se abre otro con estructura semejante pero ambiente ciertamente diferente por su carácter claustral. El Patio de Lindaraja adopta el nombre del precioso mirador que lo preside en su cara meridional, toda ella fachada exterior del Palacio de los Leones que, hasta el siglo XVI, quedaba abierta al paisaje.

A partir de entonces, lo que debió ser un jardín bajo y abierto queda encerrado por las tres crujías de las Habitaciones del Emperador, con galerías porticadas en planta baja para las que se utilizaron columnas procedentes de otros lugares de la Alhambra, creando así una sensación de claustro acentuado por el diseño del jardín y por la fuente situada en su centro.

Esta, de piedra de Sierra Elvira y diseño barroco en su base, antepecho y pilastra, tuvo, al menos desde 1626 hasta marzo de 1995 en que se desmontó para su restauración y conservación en el Museo de la Alhambra, una hermosa taza nazarí de mármol con decoración de gallones e inscripción epigráfica, probablemente destinada al mismo Palacio de los Leones.

Se sale del Patio y del itinerario de los Palacios, por la única de las tres crujías, que también tiene en planta alta una galería denominada hasta época reciente «de Châteaubriand» por haber dejado en ella su firma el famoso escritor y político francés, cuyas columnas proceden del derribo del Patio de Machuca.



Patio de la Reja. Denominado de la Reja por el balcón corrido de rejería que ocupa la parte superior del testero sur, fue realizado entre 1654 y 1655 para proteger las habitaciones inmediatas y servir de corredor abierto entre ellas.

En el centro del Patio se encuentra una pequeña fuente, con taza de mármol blanco reutilizada, que completa el aspecto, a la vez único y tradicional, de este curioso espacio.

En el testero occidental del Patio existe una amplia abertura por la que se divisa el impresionante sótano de la Sala de la Barca, denominado desde el siglo XVII Sala de las Ninfas por unas estatuas femeninas que allí se guardaban.


Partal y jardines. Tras ascender por un estrecho paseo ajardinado, abierto al paisaje del Sacromonte, dejamos a nuestra izquierda la muralla norte de la Alhambra y restos de muros y pavimentos que conforman lo que modernamente se denomina Patio de la Higuera.

Una pequeña pérgola nos desemboca en una amplia explanada que se corresponde con la parata inferior del Partal. A la izquierda, presidiendo a ésta se encuentra la estructura arquitectónica que da nombre a todo el área: el pórtico del Palacio del Partal.

Situado, como es tradicional en estos edificios, volando la muralla del recinto, también en su disposición recuerda al Palacio de Comares, con una gran alberca central presidida por el pórtico, aquí de cinco arcos, tras el que se desarrolla la estancia principal en el interior de una torre conocida con el nombre de las Damas.

La decoración de sus paramentos presenta el habitual zócalo de alicatados, amplios paños de yeserías originalmente policromados hasta el arrocabe y cubierta con armadura de madera. Su tipología decorativa ha atribuido su construcción a la época del sultán Muhammad III (1302-1309) lo que lo presupone como el palacio -al menos parcialmente en pie- más antiguo de la Alhambra.

Junto a la Torre de las Damas, por encima del pórtico sobresale un bello y reducido mirador, muy característico de la arquitectura nazarí, presente en otros palacios como el de Comares o el del Generalife, al que denominaron modernamente por las extraordinarias vistas, el observatorio.

Uno de los hechos por los que destaca el Palacio del Partal, a diferencia de sus vecinos de Comares y Leones que han mantenido más o menos intacta su estructura general desde la etapa nazarí, es que este Palacio se ha visto incorporado como tal al Conjunto de la Alhambra hace apenas un siglo.

Concretamente el 12 de marzo de 1891 su propietario, Arthur Von Gwinner, cede su titularidad al Estado. El edificio era entonces una simple casa de dos plantas, con sus paramentos interiores enfoscados, enmascarando gran parte de la estructura y la decoración original.

Otra curiosidad del edificio es el techo interior de madera de la Torre de las Damas que fue desmontado por su último propietario, apareciendo a principios de siglo en Berlín, siendo hoy una de las piezas destacadas del Museum für Islamische Kunst del Staatliche Museen Preussischer Kulturbesitz.

Finalmente, los dos grandes leones de mármol, del siglo XIV, originarios del antiguo Maristán en el Albaycín, y que estuvieron frente a la galería, fueron trasladados para su restauración y conservación en el Museo de la Alhambra en 1995. Se habían situado en el Partal en la segunda mitad del siglo XIX, por lo que ni por conservación, cronología, funcionalidad ni contexto tenía sentido su presencia en el lugar. 



Los Jardines del Partal

Este bellísimo sector del Conjunto Monumental de la Alhambra es fruto del natural desarrollo, a raíz de una acertada planificación paisajística y arquitectónica, iniciada en la década de los años treinta del siglo pasado.

Desde mediados del pasado siglo se fueron completando una serie de adquisiciones y expropiaciones de pequeñas propiedades particulares existentes en esta zona que propiciaron la realización de sucesivas exploraciones arqueológicas.

Se consolidaron muros, pavimentos y elementos arquitectónicos, especialmente a partir del primer tercio del siglo XX, conformándolos con plantaciones complementarias, haciendo de la integración de restos arqueológicos, consolidación arquitectónica, vegetación y paisaje, un feliz modelo que ha tenido gran influencia en la imagen de la Alhambra y en otros muchos lugares.

La disposición original del sector se corresponde con una serie de aterrazamientos o paratas que, siguiendo los niveles del terreno, ascienden desde la misma muralla de la fortaleza, elevada sobre la margen izquierda de la cuenca del río Darro, hacia la zona alta de la Alhambra, colonizando y urbanizando el que probablemente fue primer asentamiento palaciego planificado por los nazaríes.


Palacio de Yusuf III. Avanzando por la estrecha calle que servía para comunicar los palacios de la Alhambra y dejando  atrás la complicada pero hermosa configuración de los Jardines del Partal, encontramos un ceñido andén protegido por un prolongado pasamano que recorre la base del muro que encierra otro de los palacios de la Alhambra: el Palacio de Yusuf III (1408-1417).

Destaca la gran alberca alargada, testimonio del patio central de un gran edificio de semejante estructura al Palacio de Comares cuyas crujías laterales, destruidas, ocupan ahora frondosos jardines.

A la cabecera del patio puede observarse la base de lo que fue estancia principal del Palacio: una torre ante la que se extendía una galería porticada, abierta al patio. Hoy, reducida la edificación al recrecido de los muros estructurales se ha configurado en una terraza que, al igual que en la etapa medieval, posee una de las perspectivas más  hermosas de la Alhambra.

Algunos restos aparecidos en la excavación atribuyeron la edificación a Yusuf III, aunque éste pudo modificar o redecorar la construcción atribuida a un sultán muy anterior, Muhammad II (1273-1302).

Descubierto en la campaña arqueológica de los años treinta, fue documentalmente identificado como Palacio de Mondéjar o de Tendilla, cedido por los Reyes Católicos al primero de ellos y, desde entonces, residencia de los Alcaides o Gobernadores de la Alhambra.

Felipe V despojó del título en 1718 a tan destacada familia de la política y de la cultura española de la época, siendo demolido el edificio y vendidos la mayoría de sus materiales.





Paseo de las Torres. Frente a los restos de la portada que sirve de acceso al derruido Palacio de Yusuf III se encuentra la calzada empedrada de un tramo de la calle que unía el interior de la Medina de la Alhambra con una de sus puertas exteriores, la llamada del Arrabal. A partir de aquí se desarrolla el Paseo de las Torres. Nos encontraremos con:

  •   Torre de los Picos.
  • Torre de la Cautiva.

  • Torre de las Infantas.

  • Torre del Agua.
 

Alcazaba

La consideración de la Alcazaba como un recinto castrense queda de manifiesto en su acceso. Este se efectúa al pie de la Torre del Homenaje, circundando su base en un suave ascenso. Un simple muro que obliga al paso en recodo, oculta a su vez el portón que abre en la muralla, de forma que éste no puede ser visto desde el exterior.

A través del portón se entra en un espacio interior abovedado que obliga a nuevos recodos, cuyo extremo, antes de desembocar en la Plaza de Armas, se encuentra abierto para permitir el control y el eventual hostigamiento desde la parte superior.

En este corredor cubierto se encuentran dos accesos, uno a las plantas baja y subterránea de la Torre del Homenaje y el otro, a la subida al adarve de la muralla y a la misma Torre, mediante una estrecha y empinada escalera abovedada.

Esta entrada a la Alcazaba no era la única, pero sí tal vez la más importante, pues a través de ella la guardia se distribuía por todo el recinto de la Alhambra, así como también servía para enlazar con el antemuro o camino de ronda que circundaba por completo la Alcazaba.


Interior de la Alcazaba

El área intramuros de la Alcazaba es el que se conoce en las fortalezas medievales como Plaza de Armas. Lugar destinado a paradas militares en tiempo de paz y a establecer la defensa en el momento de la batalla, es por tanto espacio abierto y diáfano, sin apenas construcciones.

Sin embargo, la Alcazaba de la Alhambra, como recinto integrado en otro mayor, era un área residencial para la guarnición de élite al servicio del Sultán, para la vigilancia y control permanente de la ciudad palatina, que actualmente se conoce con el nombre de Barrio Castrense.

De hecho es una pequeña ciudad, con una estructura urbana semejante a la de cualquier barrio de una población hispano-musulmana. Una estrecha calle recorre todo el recinto, separándolo en dos espacios diferenciados.

Al norte se apiñan muros y pavimentos de forma irregular que corresponden a varias casas de diferente tamaño pero idéntica estructura: son las viviendas de la guardia de élite que residía en el recinto, incluso con sus propias familias.

Al otro lado, muros de semejantes características a los de las casas pero con una distribución más homogénea y regular, con patios más amplios a cielo abierto, posiblemente testimonian la presencia de almacenes o de espacios para la tropa.














Generalife

Ocupa las pendientes del Cerro del Sol, desde el que se abarcan toda la ciudad y los valles del Genil y del Darro. Del significado de su nombre existen distintas interpretaciones: Jardín del Intendente, del Arquitecto (alarife), Huerta del Zambrero, etc. El Generalife se convirtió en lugar de recreo para los reyes granadinos cuandos éstos querían huir de la vida oficial del palacio.

Se construyó a mediados del siglos XIII, y según reza una inscripción de 1319, el rey Abu I-Walid Isma'il (1313-1324) lo redecoró, lo que lo hace anterior a la construcción de Palacio de Comares. A pesar de su proximidad a la Alhambra y de su estrecha relacicón entre ambos conjuntos, se consideraba fuera de la ciudad, incluso estalló una rebelión en la Alhambra contra Mohamed V mientras éste se encontraba en el Generalife.

En la actualidad, el Generalife está formado por dos conjuntos de edificaciones, conectados por el Patio de la Acequia. Sin embargo, es difícil saber el aspecto original del Generalife, ya que ha ido sufriendo modificaciones y reconstrucciones durante toda la etapa cristiana, en un principio necesarias debido al estado de deterioro y abandono en que se encontraba en la última etapa musulmana, pero que posteriormente perturbaron su disposición y desfiguraron muchos de sus aspectos.

El Generalife tuvo en su momento tres vías de acceso, una proveniente de la Alhambra, destinada al sultán y su séquito, otra se situaba hacia el extremo sureste, próxima al pabellón de entrada, y una tercera en el norte, por el llamado Postigo de los carneros. El acceso se efectúa hoy día por los denominados Jardines Nuevos y el paseo de los cipreses. Los espacios confinados reproducen modelos de patios de la Granada nazarí. La sabia combinación de los referentes históricos y la tradición granadina (suelos empedrados, el uso del agua, los exuberantes macizos florales...) hace de los Jardines Nuevos un lugar destacado, que muchos consideran ya inseparable de los palacios a los que anteceden.


  


A continuación de los jardines mencionados, se accede al Generalife a través de dos patios de entrada al conjunto arquitectónico nazarí, que, al estar edificado en una ladera, y siguiendo una composición que será la base de muchos cármenes granadinos, se escalona en estrechas franjas separadas por muros de contención. Así, los alarifes crearon una serie de espacios recoletos e íntimos, características comunes en la arquitectura musulmana, pero también volcados a las excepcionales vistas de la ciudad y la Alhambra.

El primer patio al que se accede es el llamado del Apeadero, por tener un banco junto al muro del fondo preparado para la descabalgadura. El segundo, situado más alto sirve de comunicación por una empinada escalera al patio de la Acequia. 



 
Patio de la acequia. Su eje mayor se encuentra atravesado por la Acequia Real, principal arteria hidráulica del Conjunto. Su estructura original era en forma de crucero, semejante al Patio de los Leones, lo que daba lugar a cuatro parterres achaflanados.

Los universalmente conocidos surtidores cruzados, en los que se han inspirado tantas fuentes de todo el mundo, fueron sin embargo instalados en el siglo XIX. Si bien, a un nivel inferior, la excavación arqueológica de 1958, ha permitido conocer su estado primitivo donde se han encontrado doce caños.

El patio, al estar completamente cerrado, poseía un alto carácter intimista que con las reformas posteriores ha perdido. Aparte de los pabellones porticados en los lados menores, existían viviendas con planta alta y baja, aunque sólo en el lado oriental, que quedaron muy afectadas con el incendio de 1958, motivo de la citada excavación.

El Patio de la Acequia estaba pensado hacia el jardín interior, salvo un pequeño mirador situado en el lado occidental, en eje con la glorieta central. Todo este lateral estaba originalmente cerrado mediante un alto muro con alero corrido que fue rebajado en época cristiana, quedando como testimonio sus respectivos arranques en los extremos.

Igualmente quedó abierto al paisaje, a modo de belvedere, cambiando radicalmente el carácter intimista al de mirador; para ello se le añadió un estrecho corredor a todo lo largo del Patio, abierto a éste mediante arcos en cuyo intradós figuran pintados los escudos de los Reyes Católicos con el yugo, las flechas y el famoso lema «Tanto Monta».

El mirador central debió ser la única abertura original del Patio al exterior. Conserva en su interior una rica decoración de yeserías de época del Sultán Isma’il I (1314-1325), parte de las cuales fueron desmontadas evidenciando que fueron superpuestas a otras de época de Muhammad III (1302-1309).

Las ventanas bajas del mirador son características de la arquitectura nazarí: permite a quienes estén sentados en el suelo, con el brazo apoyado en el alféizar, poder contemplar  y ver el paisaje del entorno del Palacio con las huertas, junto a la perspectiva de la colina de la Alhambra y la ciudad baja de Granada al fondo.

Pabellón Norte. El Pabellón del lado Norte está formado por un pórtico de cinco arcos, sala y mirador. El pórtico tiene en los extremos dos alhamíes. La entrada a la sala se realiza por una puerta de triple arco y en la que nos encontraríamos dos habitaciones laterales, una de ellas se conserva, la del oeste, desapareciendo la del lado este para poder acceder al Patio del Ciprés o de la Sultana. Desde el centro de la sala se puede acceder al mirador de época musulmana y contemplar el bello paisaje del Albaicín. La planta superior fue añadida por los cristianos. Este palacio era usado por el sultán para recepciones oficiales.


Pabellón Sur.  Este pabellón ha sido muy retocado. Originalmente el pórtico tenía un solo arco y ahora existen tres. A ambos lados hay dos arcos uno rande y otro pequeño. Desde aquí se puede bajar a los patios bajos y subir a las habitaciones superiores. El mirador está abierto pero en tiempo de los árabes era más bien una pequeña torre con tres arcos, desde él podemos  obtener una gran perspectiva del Patio de la Acequia y del Palacio. En la parte superior hay una amplia sala con alcobas laterales.


Patio del Ciprés de la Sultana. Atravesando la alcoba lateral de la Sala Regia se asciende, al nivel de un corredor abierto, al denominado Patio del Ciprés de la Sultana.

La edificación porticada data de 1584, frente a la que se desarrolla un intimista patio ajardinado de gusto barroco. Originalmente todo el espacio, como vimos, estaba ocupado por el baño del Palacio, del que no ha quedado aparentemente nada, excepto tal vez, la entrada del caudal de agua de la acequia que debió abastecerlo antes de continuar al Patio contiguo y que puede observarse en forma de cascada a través del hueco en el muro lateral.

En el centro se encuentra una alberca con dibujo en planta en forma de «U», en cuyo centro se dispuso, en el siglo XIX, otra mas pequeña de la que sobresale una fuentecilla de piedra.

Todo el conjunto está rodeado de surtidores que lanzan agua consiguiendo un ambiente de frescor que ya en 1526 impresionó vivamente al Embajador de la República de Venecia Andrea Navaggiero en su visita al Generalife.

Desde este patio puede seguirse el itinerario de salida, a través de una pequeña puerta situada en la esquina sur, que conduce de nuevo al Patio de la Acequia y la continuación de la visita al Conjunto Monumental.

Si se dispone de tiempo y no importa subir varias escaleras, se puede visitar la zona alta de la finca del Generalife, a través del portón que centra el Patio frente a la galería.





Escalera del agua. Para acceder a la zona más elevada del Generalife se encuentra la Escalera del Agua, subsistente del primitivo recinto, aunque muy modificada, famosa por el agua de la acequia del Sultán deslizándose por los canales de sus muros.

A intervalos de tres descansos, en cuyos ejes se sitúan pilas circulares de las que, en su origen, partía un canalillo, hoy perdido; pero sobre los parapetos que bordean la escaleras sí corren canales hechos con tejas invertidas, por los que baja el agua de la Acequia Real permanentemente.




Palacio del Generalife. Al fondo del patio se encuentra la Sala Regia precedida de un amplio pórtico de cinco arcos, mayor el central, tan característico de la arquitectura nazarí. Ambas estancias, unidas por un triple arco con finas columnillas y capiteles de mocárabes, tienen preciosas yeserías y techumbres, especialmente el de la galería, cuajado de capulines.

A principios del siglo XIV se le añadió a la Sala una torre-mirador que avanza sobre la cuenca del río Darro con unas hermosas perspectivas de la ciudad, el Albaicín y el Sacromonte.

 





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