Viaje a Extremadura y Portugal

febrero 14, 2015

Brevemente os vamos a dejar una pequeña review sobre el viaje de fin de semana en Febrero de 2015 que hemos realizado junto con unos amigos.

Para el mismo, elegimos la casa rural El Bujío situado en la localidad cacereña de Valencia de Alcántara.


Empezamos como siempre el fin de semana muy temprano, el viernes con un madrugón de los que nos gustan a nosotros para acercarnos a Montánchez. Elegimos este pueblo pensando en que íbamos a quedar a comer con nuestros compañeros de viaje en Alburquerque para visitar fundamentalmente su impresionante castillo, así que preferimos dirigirnos a una pequeña localidad. Y así llegamos a Montánchez sobre las 10 de la mañana para dar un corto paseo por el mismo.

Fundamentalmente nos centramos en el castillo de la localidad, el cual estaba en obras. También pasamos por la plaza del Ayuntamiento, y por supuesto compramos jamón ibérico de Montánchez, riquísimo.

























Aún tuvimos tiempo de a unos 10 kilómetros de Montánchez y en la - carretera a Alcuéscar, visitar la única basílica visigoda de Extremadura: Santa Lucía del Trampal. Una joya arquitectónica que bien merece una breve visita. Además tiene horario de visitas de martes a domingo.








Y en una hora y media más o menos llegamos a Alburquerque, y en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos con nuestros amigos que acababan de llegar de Madrid. Directamente nos fuimos a comer, en la misma Plaza de España del pueblo un serranito para chuparse los dedos.

Y ya bien alimentados, nos dispusimos a dar un paseo por Alburquerque, en dirección al famoso Castillo de Luna que se puede visitar en visita guiada, muy recomendable por cierto y muy interesante.






















Sin tiempo para más, nos fuimos ya directos a la casa rural El Bujío, a descansar y preparar la cena. Nos esperaba un sábado muy completo.

Nos levantamos con una sonrisa en los labios, esa que no abandonaríamos durante todo el viaje y es que cuando se está tan a gusto con gente a tu alrededor que te quiere y a la que quieres, lo más natural es sentirse feliz.

Después de un suculento desayuno, nos pusimos en marcha hacia Portugal. Primera parada: Marvao.

Desafortunadamente el tiempo no nos acompañó y vimos el precioso pueblo fronterizo de Marvao entre la niebla y con mucho frío.

Primero visitamos el Convento e Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella. Lástima que no dejaron hacer foto en su interior.








Y después, una vez aparcado el coche en la amplia zona de aparcamiento justo a la entrada del pueblo, accedimos a su interior por la Puerta de la Villa.




Pasear por sus estrechas y empinadas calles al borde del precipicio en esta villa amurallada es un verdadera gozada. Nos dirigimos al Castillo, disfrutando de cada rincón.












El acceso al castillo es gratuito y sin duda lo más destacable son sus vistas de todo el valle, aunque en esta ocasión la niebla nos impidió disfrutar de las mismas. Aún así, os recomendamos la visita a Marvao, un pueblo anclado en el pasado y que me recordó bastante al ambiente decadente del barrio de Alfama en Lisboa.








Y antes de volver a España, aún tuvimos tiempo de acercarnos a otra preciosidad localidad del Alentejo portugués: Castelo de Vide.

Aparcamos justo enfrente del Hotel Castelo de Vide para en unos minutos llegar al centro de la villa donde se encuentra la Iglesia de Santa María da Devesa de la que pudimos visitar su interior aunque desafortunadamente no pudimos hacer fotos pues también estaba prohibido.






De ahí nos dirigimos hacia el castillo y sobre todo y en especial el barrio gótico, una preciosidad con sus calles empinadas y empedradas y su silencio absoluto. Luego para volver al centro, paseamos por el barrio judío, también impresionante con sinagoga incluida hasta la Fonte da Vila.


















Para terminar nuestra visita por Castelo de Vide, nos dimos un homenaje en el restaurante O Alentejano, probando el tradicional bacalao a la bras (aunque en el menú ponía bacalao dourada), un exquisito manjar que consiste en un revuelto de patata, bacalao y huevo.


Y después de comer y lógicamente estando cerca de la localidad de Alcántara, aproximadamente a una hora y cuarto, no pudimos dejar pasar la ocasión para acercarnos a visitar el que fue considerado el año pasado el Mejor Rincón por la Guía Repsol: el Puente de Alcántara.

Pero como los horarios mandan, nada más aparcar y a un buen ritmo llegamos justo a tiempo de la última visita guiada del Convento del Conventual de San Benito, casa prioral de la Orden Militar de Alcántara, de estilo renacentista.










Y desde allí fuimos paseando tranquilamente por la localidad pasando por la Iglesia de Santa María de Almócovar y el templo de San Pedro de Alcántara, que por desgracia no pudimos visitar en su interior, hasta llegar al puente romano de Alcántara, iniciado en tiempos de Trajano por el arquitecto Cayo Julio Lacer, con 61 metros de altura, 194 de longitud y 8 de ancho.












Y por desgracia e inevitablemente toda aventura que empieza tiene un final. Así que después de un buen sueño y un desayuno en condiciones, nos despedimos de la Casa Rural El Bujío con foto de familia.


Y ya con las maletas cargadas en el coche para la vuelta a casa, nos acercamos a la localidad de Valencia de Alcántara a escasos kilómetros de la casa, para dar un paseo por la misma, visitando los lugares más emblemáticos de la localidad como la Iglesia de Rocamador, que afortunadamente nos enseñó una de las personas voluntarias de la Oficina de Turismo.




O la Plaza de la Constitución con la Iglesia de la Encarnación, junto con el Barrio Gótico con su sinagoga y por supuesto el Puente Romano.










Terminamos nuestro recorrido por Valencia de Alcántara en la Puerta de las Huertas para volver al coche y ya dirigirnos a Madrid de vuelta haciendo una breve parada por el camino para comer.


Muchos recuerdos, muchas risas, muchos momentos especiales, y con ganas de repetir otra escapada en familia. cheerscheers

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