When a man is tired of London, he is tired of life - Día 5

agosto 10, 2014

Y seguimos con un nuevo día en Londres en este increíble viaje. De nuevo madrugón, aunque les dejé una media hora más, ya que en el día de hoy teníamos la reserva para ir a visitar la Torre de Londres, comprando las entradas con antelación por Internet hacían un descuento y como no abrían hasta las 10:00 de la mañana....

El día de hoy se había levantado gris con ganas de llover y vaya que llovió, cuando empieza, son solo 10 minutos, pero como te pille sin refugiarte, te calas hasta los huesos. 

No sé si sería por el tiempo, o por qué, pero la Torre de Londres es de esos lugares a los que no volvería, merece la pena visitarla una vez para aprender de la historia británica y deslumbrarte con las famosas joyas de la corona, pero aparte de los beefeater y de los famosos cuervos (raven), poco más que destacar. Bueno, tal vez el lugar en el que entre otros Ana Bolena, esposa de Enrique VIII, perdió la cabeza. 













     

Las amapolas rojas de las primeras fotos recuerdan a los caídos en la Primera Guerra Mundial. 

Una vez terminada la visita a la torre y mientras decidíamos donde comer, no pudimos resistir la tentación de fotografiarnos con el Puente de Londres (London Bridge). 




Como los chicos aún no habían probado un verdadero pub inglés, nos dirigimos a uno que había visto por Internet que tenía un menú interesante y económico, pero cual fue la decepción cuando vimos que estaba cerrado. 



Así que tuvimos que improvisar y acabamos comiendo en una franquicia llamada Pizza Express y al ser domingo no servían los famosos descuentos. No es que comiéramos mal, pero fue más caro que el del día anterior, el ASK y la comida algo más escasa. 





Y eso es Londres, tanto pronto diluvia como de repente, deja de llover y sale el sol. 




Aprovechando que todavía era temprano, nos dirigimos en autobús a Picadilly Circus, a... shopping en una de las tiendas en las que repetiremos, sin duda: Lillywhites, qué precios!!!!!!






No había gente en la plaza, como podéis comprobar en esta foto. Ironía modo on. 



Foto con el Bobby de rigor y con un tipo vestido con la bandera británica. 

     

Desde Picadilly Circus bajamos por Coventry Street hasta Leicester Square para entrar en la tienda de M&M's que había prometido a mi enano, pero como era domingo cerraban a las 6 de la tarde, así que fue llegar y nos dieron con la puerta en las narices. 

En la plaza hay un reloj suizo que fue regalado a Londres por Suiza y Liechtenstein por la amistad entre estos países. Una preciosidad, con banderas de todos los cantones suizos. 

     


Asimismo hay una estatua dedicada a William Shakespeare, y no es de extrañar pues toda la plaza está rodeada de teatros y cines, de hecho muchas de las premieres se llevan a cabo en ellos. 


Y desde allí nos dirigimos al barrio chino Chinatown, me esperaba algo más la verdad, realmente lo más destacable es tan sólo una calle llena de tiendas y restaurantes chinos. 

     

Un paseo por el Soho para desembocar en el Soho Square Garden, un parque muy tranquilo en donde decidimos ya sentarnos pues estábamos agotados. Había mucha gente jugando al ping-pong, perdón table tennis, jejejeje. Nos vino bien el descanso y nos reímos mucho por un problema de sonido que tuvimos con el protagonista de Crepúsculo.




A pesar del cansancio acumulado y como era domingo y las tiendas ya estaban cerradas, nos dedicamos a ir a algunos lugares que estaban en el planning aunque eso supusiera subir y bajar escaleras mecánicas del metro sin parar. 

     

Primero, la Tardis en Earl's Court.

     

     

Después Harrods, aunque obviamente estaba cerrado. Al menos pudimos ver la fachada pero el año que viene entramos sí o sí, sobre todo para ver la zona de comida que dicen que es muy interesante. 


Y terminamos con Hard Rock Café para comprar una camiseta. Otro pequeño problema de logística con un italiano que se empeñó en mandarnos en la dirección opuesta, menos mal que con un inglés perfecto, mi amiga supo entenderse para por fin dar con el restaurante. 




Ya sí que fue imposible dar ni un paso más, así que volvimos a Paddington en metro en donde habíamos dejado a dos de los integrantes del grupo que ya no podían más y después de una cena rápida nos fuimos a dormir. Ya solo nos quedaban dos días, pero iban a ser bien aprovechados.

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