When a man is tired of London, he is tired of life - Día 1

agosto 06, 2014

Empezamos con la review de nuestro reciente viaje a Londres y qué mejor título para la misma que esa cita tomada del ibro The life of Samuel Johnson por James Boswell. Samuel Johnson fue una de las figuras literarias más importantes de Inglaterra: poeta, ensayista, biógrafo, lexicógrafo, es considerado por muchos como el mejor crítico literario en idioma inglés. Gustaba de disfrutar de todo lo que Londres podría ofrecerle y la cista completa es: "When a man is tired of london, he is tired of life; for there is in London all that life can afford".

Y sin dudarlo ni un segundo, puedo afirmar que Londres puede darte todo lo que necesitas en la vida, una ciudad viva, llena de lugares impresionantes, de gente en las calles, de pubs con multitud de personas en sus puertas bebiendo cerveza, de vagones de metro y andenes a rebosar con gente que va a trabajar a mayor velocidad que los mortales normales, de calles llenas de tiendas y de puestos, de mercadillos por toda la ciudad, de apretujones en el metro, de gente sentada en cualquier escalera, comiendo, o con su Starbucks (o Costa en la mano), de mujeres con traje y zapatillas que cambiarán por zapatos al llegar al trabajo, de elegantes gentlemen con traje, de gente de cualquier nacionalidad, una ciudad que cautiva y que te enamora de tal manera que sientes la necesidad de volver en el mismo momento en que tu avión despega del aeropuerto. 

Este viaje quedará siempre en mi memoria lleno de momentos mágicos, divertidos, risas, muchísimas y también lágrimas de despedida, muchos sorry codazos, o sorry patadas o sorry cualquier cosa, muchos "one pa ti"... Ha sido un vieja precioso, rodeado de unas personas estupendas que han aguantado como jabatos mi terrorífico planning siempre con una sonrisa en la boca. Compras, monumentos, parques, mercadillos, museos, un repaso por casi todo Londres y muchas horas de andar y andar sin parar. 

Y con esta breve introducción, empezamos la review, a las 6:00 de la mañana del día 6 de agosto de 2014, en el parking de larga estancia del aeropuerto de Barajas. Londres nos espera. 







Y llego la hora de embarcar en el avión con los nervios propios del vuelo. Un 10 para el piloto, nada de turbulencias, y en unas dos horas aterrizábamos en Heathrow Airport. Un pequeño problema con una de nuestras maletas, al parecer perdida, que salió por otra cinta llevando una pegatina que ponía "Z". Y al salir el conductor de la empresa de transfer que habíamos reservado estaba esperándonos, unos pequeños momentos de tensión. Y ya en la furgoneta de camino a nuestro hotel, los nervios se iban notando en el estómago cada vez más. Ya estábamos en Londres, ¿qué nos depararía el viaje?

Tráfico, muchísimo tráfico, puro caos, algo que pudimos constatar en este viaje, los londineses no se van de vacaciones en Agosto. Hace años cuando estuvimos en París en estas mismas fechas, se podía circular con cierta tranquilidad por la ciudad y se notaba la ausencia de parisinos, de hecho el mes de agosto en París hay una campaña denominada: París a la playa. En Londres, si a los propios londineses, añadimos los millones de turistas, nos encontramos con una ciudad abarrotada en sus calles y lógicamente en sus carreteras. 

Y por fin llegamos al hotel. Hotel Darlington Hyde Park cerca de la estación de Paddington. 






Afortunadamente cuando hicimos el check-in nos dieron ya las llaves de la habitación. Unos minutos para refrescarse y directos a patear Londres. 




Lo primero que hicimos fue dirigirnos a la estación de Paddington para comprar las Travelcard para 7 días, un poco más de 30 libras pero menudo uso que las dimos, amortizadas por completo. Eso sí, para que te las hagan necesitas una foto de carnet y además si te las haces en una estación de National Rail (tren) te sirven para los descuentos del 2z1. 

Por el camino pasamos por uno de los lugares donde cenaríamos el famoso fish and chips y por el hospital de St. Mary's.

Al llegar a la estación nos fijamos en un curioso detalle. La acera derecha de la entrada era para no fumadores y la izquierda para no fumadores. Estos ingleses cómo son, jejeje.

     





Teníamos la intención de ir a comer a un restaurante cerca de Trafalgar Square, ya que hoy queríamos visitar la Abadía de Westminster, pero el tiempo se nos echó encima. Así que acabamos comiendo una cadena de restaurantes parecidos al Vips, Garfunkel's. No comimos mal, pero al traernos la cuenta, vimos que habían añadido el famoso 10% de propina. Yo me pedí unos penne arrabiata, que estaban como su nombre indica, a rabiar, buenos, pero algo picantes, menos mal que teníamos refill en la bebida. 






Ya comidos, cogimos el metro en la estación de Paddington en dirección a la Abadía. En el metro nos volvió a llamar la atención los carteles de Keep left en los pasillos, ¿por qué estarían allí? Madre mía, ¿qué es esa avalancha de gente? Está claro, o haces caso de los carteles, o algunos te llevan puesto al trabajo, jejejeje




Y en la línea amarilla llegamos a nuestra parada, bueno, ya sabéis, una  parada antes de la que en teoría nos teníamos que bajar, pero todo por una buena causa. Había que empezar a ver algunas de las Sherlock Locations de mi mapa, en este caso la sede New Scotland Yard. 


      


     

Y llegando a la Plaza del Parlamento vemos una de las famosas cabinas de telófono rojas, aqí que foto con la preciosa fachada de la Abadía de Westminster de fondo.


Preciosa plaza llena de gente como en todo Londres, con la Corte Suprema, el Westminster College, la iglesia de St. Margaret que desafortunadamente estaba cerrada y por supuesto la Abadía, impresionante edifico gótico. 




Una cola enorme para entrar en la Abadía, claro, no dejan comprar las entradas con antelación para Agosto, ahora nos toca esperar, a ver si no mucho tiempo que en Londres los monumentos cierran pronto. Pero entonces a una jovencita muy avispada se le ocurrió preguntar si podíamos saltarnos la cola por su papi (disabled) y antes de darnos cuenta ya estábamos dentro disfrutando de la Abadía. Awesome!!!!

Lástima que no dejen hacer fotos en el interior, tan solo en el claustro y en un jardín en el que puedes sentarte y relajarte en un entorno envidiable. Y por supuesto eso hicimos. Se podía respirar paz.








A la salida, unas cuantas compras y justo frente a la Abadía, ante nosotros el impresionante Palacio de Westminster, la Casa de los Comunes con su famosa torre Big Ben, que en realidad es el nombre de la campana.


      



El bobby tenía muy claro que no íbamos a acceder al Parlamente, menuda seguridad.


A lo lejos ya podíamos ver la silueta de la London Eye. 



Decidimos cruzar el puente de Westminster para ver el Parlamento desde la otra orilla. A un lado el Palacio, al otro la London Eye. 



Y un sol radiante sobre nosotros. Pero, ¿en Londres no suele llover? Estaba claro que todos los astros se habían alineado a nuestro favor para que el viaje fuera perfecto.

Imposible no enamorarse de Londres con vistas así.






Volvimos a cruzar el puente para tomar la calle Whitehall que nos llevaría a Trafalgar Square.


En medio de la calle se encuentra el Cenotafio, principal monumento de guerra británico y el sitio donde se realizan las ceremonias anuales conmemorativas del Remembrance Sunday.


A continuación entre los barrotes de una valla altamente vigilada por policías, puedes entrever el número 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico. 




Más adelante, otro monumento conmemorativo, esta vez, en recuerdo a las mujeres de la segunda guerra mundial.


Y así llegamos al Edificio de la Caballería Real Británica donde hacen el cambio de guardia a caballo, aunque desconocemos si lo harían por la mañana porque estaba en obras, de todas formas nuestra intención a esa hora fue la de fotografiarnos con alguno de los guardias que como debe ser, ni se movían con nuestra presencia. 

     


Y más adelante, la estatua ecuestre del príncipe Jorge, Duque de Cambridge, un antiguo Comandante en Jefe de la Armada. 



En la misma calle Whitehall pero llegando ya prácticamente a Trafalgar Square, el teatro Trafalgar Studios nos presenta la obra de Richard III protagonizada por un actor británico muy conocido por nosotros, Martin Freeman, el maravilloso Dr. Watson de la serie Sherlock de la BBC.


Y ya por fin llegamos a Trafalgar Square. Aquí tenéis unas cuantas fotos de los lugares más destacables de la famosa plaza, como el Admiralty Arch.


La estatua de Nelson en el centro.




La estatua ecuestre de Charles I.


La Iglesia de St. Martin-in-the-Fields.


Y por supuesto la National Gallery.



Y para comportarnos como auténticos ingleses, nos sentamos en la escalinata que da acceso a la National Gallery. Nuestros pies ya no podían más. Había sido un día muy intenso con madrugón incluido y desde las 5 de la mañana llevábamos despiertos, así que cogimos el metro en la estación de Charing Cross y directos a Paddington Station al hotel a descansar. 

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