Castillo de Chenonceau en el Valle del Loira

julio 03, 2009

La primera cita de la existencia del lugar de Chenonceau corresponde al siglo XI, documentándose en los siglos XIII a XV la presencia de una residencia feudal, cuya propiedad pertenecía a la familia de los Marques. En 1411 una orden real obligó a los Marques a destruir su casa solariega con motivo de su participación en actividades contra el rey. Posteriormente Jean Marques ordenó la construcción de un castillo y molino fortificado sobre los anteriores cimientos. 

El castillo actual fue edificado en el cauce del río Cher. Fue construido por el secretario de la hacienda del rey Francisco I de Francia. El cuerpo residencial cuadrado que constituye el castillo original fue construido entre 1513 y 1521 por Thomas Bohier. 

Tras el fallecimiento de Thomas Bohier, Francisco I consiguió quedarse con el castillo que acabó siendo regalado a Diana de Poitiers por Enrique II. Esta encargó a Pacello de Mercoliano que acondicionase en la orilla derecha del río Cher el jardín que todavía hoy lleva su nombre; a la vez que encargaba a su arquitecto habitual, Philibert de l'Orme, la construcción de un puente que uniese el castillo de Bohier con la orilla derecha del río con la finalidad de establecer allí nuevos jardines. 

Tras el fallecimiento de Enrique II, Catalina de Médicis, que pasó a ser la regente del Reino de Francia, obligó a Diana de Poitiers, su rival en el corazón del difunto rey, a que restituyese a la corona el castillo de Chenonceau. 

Catalina de Médicis hizo edificar sobre el Puente de Diana la galería que se puede contemplar actualmente, acabando de este modo de conferir al castillo el estilo que hoy se puede admirar. 

 La historia del castillo quedó marcada por las mujeres, tanto las que lo construyeron como las que en él residieron o fueron sus propietarias. 

El castillo retornó a manos privadas. Claude Dupin, un potente financiero de la época, adquirió el castillo en 1733 al duque de Borbón. La construcción siguió en manos de la familia de Dupin hasta 1864 cuando fue vendida a Marguerite Pelouze, hermana mayor del político Daniel Wilson. En 1888 la propiedad fue embargada a petición de los acreedores de los propietarios, siendo adquirida por el Crédit Foncier de France.

El 5 de abril de 1913, por medio de una subasta judicial fue adjudicada a Henri Menier, personaje de la alta burguesía industrial y propietario del chocolate Menier, pero Henri falleció en septiembre, siendo sucedido por su hermano Gaston. 

Durante la Primera Guerra Mundial, como sucedió con tantos otros castillos y palacios franceses, Gaston Menier instaló en el castillo de Chenonceau un hospital militar en el que recibieron cuidados médicos un total de 2254 soldados heridos en combate. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, el edificio se encontraba justo en la misma línea de demarcación, con parte del castillo dentro de la zona ocupada por los alemanes y la otra parte en la llamada zona libre controlada por el gobierno de la Francia de Vichy. En 1944 una bomba cayó en las inmediaciones de la capilla de tal manera que los vitrales originales fueron destruídos y posteriormente en la posguerra se sustituyeron por otros de Max Ingrand. 



Antes de entrar en el castillo, nos encontramos con la torre de los Marques. Cuando se construyó el castillo, sobre el río Cher en el siglo XVI, Tomás Bohier y su mujer Catalina Briçconnet mandaron derribar la fortaleza y el molino fortificado de la familia Marques conservando solo las torres del homenaje.


      

Accedamos al interior del castillo y vayamos sala por sala explicandóos todo en detalle. 

La sala de guardia. Esta era la sala de los hombres de armas encargados de la protección real. El escudo de armas de Tomás Bohier adorna la chimenea del siglo XVI. En las paredes, la serie de tapices de Flandes del siglo XVI representan escenas de la vida del castillo, una petición de mano, una cacería. 

     


La capilla. De la sala de guardia se entra en una capilla por una puerta coronada por una estatua de la Virgen. Las vidrieras del siglo veinte, ya que la originales fueron destruidas durante un bombardeo en 1944 son de Max Ingrand. 

En el balcón de la derecha una virgen con el niño de mármol de Carrara, de Mino da Fiesole. 

Dominando la nave, la tribuna real desde la que las reinas asistían a misa, fechada en 1521.

     



Durante la revolución, la capilla se salvó gracias al ingenio de la propietaria de la época, Madame Dupin; la convirtió en reserva para madera, camuflando así su carácter religioso. 

El aposento de Diana de Poitiers. Este fue el aposento de la favorita del rey Enrique II, Diana de Poitiers, a quien donó Chenonceau. En 1559, tras la muerte de Enrique II en combate durante el torneo organizado por el capitán de su guardia escocesa, la reina, su viuda, hizo que Diana le devolviera el castillo dándole a cambio el de Chaumont-sur-Loire. Destaca a la izquierda de la ventana el cuadro de Murillo Virgen con el Niño. 

     

El gabinete verde. Gabinete de trabajo de Catalina de Médicis, convertida en regente del reino tras la muerte de su marido el rey Enrique II. El tapiz de Bruselas del siglo XVI conocido como "A la Aristolochia" es a la vez gótico y renacentista. Es excepcional por su color verde pasado al azul y por su motivo inspirado en el descubrimiento de las Américas: faisanes plateados de Perú, piñas, orquídeas, granadas, animales y vegetales desconocidos en Europa hasta 1492. Interesante la pintura de Tintoretto: la Reina de Saba. 



La galería. Del aposento de Diana de Poitiers se desemboca en la galería por un pequeño pasadizo. En 1576, según los planos de Philibert de l'Orme, Catalina de Médicis mandó construirla sobre el puente de Diana de Poitieres. Con sus 60 metros de largo, sus 6 de ancho, la luz de sus 18 ventanas, su suelo ajedrezado de toba y pizarra y su techo de vigas aparentes es un magnífico salón de baile. Se inauguró en 1577 durante las fiestas organizadas por Catalina de Médicis en honor de su hijo el rey Enrique III: En el siglo XVIII la galería estaba decorada con medallones representando personajes históricos célebres. Durante la Primera Guerra Mundial, Monsieur Gaston Menier, mandó organizar a su costa un hospital cuyos servicios ocuparon todas las salas del castillo. 

Durante la Segunda Guerra Mundial el Cher materializaba la línea de demarcación. La entrada del castillo estaba en la zona ocupada; la galería, la de la puerta sur, por su acceso a la orilla izquierda permitió a la Resistencia pasar a mucha gente a la zona libre. Una batería alemana estuvo preparada para destruir Chenonceau en cualquier momento durante todo el transcurso de la guerra. 





Las cocinas. Las cocinas de Chenonceau están instaladas en los enormes basamentos que forman los dos primeros pilones asentados en el lecho del Cher. 

El office es una habitación baja con dos bóvedas sobre crucero de ojinas. Por el office se accede al comedor, reservado al personal del castillo, la carnicería, la despensa y el puente. 



     

El aposento de Francisco I. Aquí está una de las más bellas chimeneas del Renacimiento. Entre el mobiliario destaca un armario italiano del siglo XVI, excepcional por sus incrustaciones de nácar y marfil grabadas a pluma. 



El salón Luis XIV. En recuerdo de su visita a Chenonceau el 14 de julio de 1650 Luis XIV regaló a su tío el duque de Vendome, su retrato por Rigaud con un extraordinario marco de Lepautre. Sobre la chimenea Renacimiento, la salamandra y el armiño evocan el recuerdo de Francisco I y de la reina Claudia de Francia. 


     

El vestíbulo de Catalina Briçonnet. La serie de cinco tapices de Audernarde del siglo XVII, representan escenas de caza según cartones de Van der Meulen. 


El aposento de las cinco reinar. Este aposento se llama así en recuerdo de las dos hijas y las tres nueras de Catalina de Médicis. Sus hijas: la reina Margot (casada con Enrique IV), Elizabeth de Francia (casada con Felipe II de España), sus nueras; María Estuardo (casada con Francisco II), Elizabeth de Austria (casada con Carlos IX) y Luisa de Lorena (casada con Enrique III). 


El aposento de Catalina de Médicis. A la derecha de la cama "La Educación del Amor" de Correggio pintado sobre madera. 


El gabinete de las estampas. Estos apartamentos están abiertos al Cher. El techo y las chimeneas son renacentistas. 



El aposento de Cesar de Vendôme. Este aposento evoca el recuerdo de César, Duque de Vendôme, hijo del rey Enrique IV y de Gabriel de Estrées, tío de Luis XIV, que se convirtió en propietario de Chenonceau en 1624. De interés la chimenea renacentista con el escudo de armas de Tomás Bohier, se doró y pintó en el siglo XIX. 

     

El aposento de Gabriela de Estrées. Este aposento evoca el recuerdo de Gabriela de Estrées, favorita y gran amor del rey Enrique IV, también de su hijo legítimo, César de Vendôme. 

     

El aposento de Luisa de Lorena. Tras el asesinato de su marido el rey Enrique III, Luisa de Lorena se retira a Chenonceau en el recogimiento y la oración. Rodeada de religiosas que vivían como en un convento, y siempre vestida de blanco según la etiqueta del duelo real, será llamada la Reina Blanca.

     

Después de visitar el interior del castillo, dimos una vuelta por los jardines. 

Jardín de Diana de Poitiers. Este jardín se compone de ocho grandes triángulos de césped, decorados con delicadas volutas de santolinas. Las terrazas alzadas que lo protegen de las crecidas del Cher están adornadas con grandes macetas y permiten descubrir arbustos, tejos, boj y durillos. 


Jardín de Catalina de Médicis. Es la imagen misma del Renacimiento. Bordeado por el Cher, sus caminos ofrecen una espléndida vista de la fachada oeste del castillo. Está diseñado en 5 paneles con césped, alrededor de un elegante estanque rodeado de bolas de boj. 


Como se nos hacía la hora de comer, nos acercamos al edificio de Dômes, en donde había una especie de autoservicio, los precios algo altos pero el entorno merecía la pena. 


En el entorno del castillo, también se puede pasear por el laberinto. En un claro del bosque de 70 hectáreas, el laberinto italiano, deseo de Catalina de Médicis, está hecho con 2000 tejos sobre más de una hectárea. En el centro, una glorieta alzada, construida según un antiguo dibujo, permite tener una vista de pájaro del conjunto. Un cenador puntuado con macetas de boj hiedras lo rodea y permite descubrir al este, las monumentales Cariátides de Jean Goujon. 




Por último, visitamos el vergel que cuenta con rosales, tomates, flores, pimientos, etc.. y la granja que alberga un taller floral. 



Si Chambord destaca por su monumentalidad y majestuosidad, Chenonceau lo hace por su delicadeza y su ubicación sobre el río Cher le confiere aún un mayor misterio. Sin duda uno de los castillos que hay que visitar en el Valle del Loira. 


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