Haciendo realidad un sueño viajero en Munich - Día 1

diciembre 25, 2021

Desde que estamos viviendo esta horrible pesadilla de la pandemia, ya casi dos años, no hemos perdido la ilusión por viajar y poder hacer realidad alguno de nuestros sueños viajeros, y en el mes de Octubre con una incidencia tanto en España como en Alemania baja y con una vacunación en marcha, nos lanzamos a reservar un vuelo a Munich con dos claros objetivos: ver el estadio del Allianz Arena para que uno de nuestros hijos se comprara una camiseta de uno de sus jugadores de fútbol favoritos y visitar el castillo del rey loco en Neuschwanstein, uno de nuestro sueños viajeros. 

Las cosas empezaron a torcerse cuando la IA en Alemania y en concreto en la zona de Baviera empezó a subir como la espuma y con ello llegaron las restricciones. Más de una vez estuvimos a punto de anular pero al haber cogido el vuelo con una tarifa no reembolsable y además con Lufthansa, que solo tiene vuelos directos a Munich y a Frankfurt desde Madrid y que no nos daba muchas opciones para cambiar el vuelo, seguimos adelante con nuestros planes. Y de repente, prácticamente del día a la noche, la IA empieza a dispararse de tal modo que justo dos días antes del vuelo, el 23 de diciembre, Alemania nos incluye dentro de los países de alto riesgo lo cual supone en principio tener que estar vacunado con la pauta completa (algo que cumplíamos sin problemas) y registrarnos en una página web en donde tuvimos que subir nuestros pasaportes covid justo el día antes del vuelo, o sea, el 24 de diciembre a partir de las 12 de la noche (ideal teniendo en cuenta que despegábamos a las 7 de la mañana). 

Después de unos contratiempos con el pasaporte Covid del mayor y de todos los nervios propios de un viaje en avión, por fin, el 25 de diciembre, el día de Navidad, con tan solo unas tres horas de descanso y con todos los papeles en regla, salíamos en dirección al aeropuerto de Madrid Barajas. 




Llegamos sin problemas y sin retrasos de ningún tipo a Munich, a la Terminal 2 y fuimos directos, siguiendo las indicaciones de la S, al tren que nos llevaría hasta la Estación Central de la ciudad ya que nuestro hotel, el Eurostars Book Hotel se encontraba a escasos minutos de la misma. 

Para llegar en tren desde el aeropuerto hasta la Estación Central puedes comprar el billete hasta la zona 5 (que es la del aeropuerto) y en nuestro caso al ser 4 personas, compramos el billete de grupo (que sale más económico que si lo compras de forma individual). En total un poco más de 23 euros para llegar en unos 40 minutos al centro de Múnich tanto en la línea S1 como en la S8, cuyos trenes se van alternando de tal manera que los mismos salen cada 10 minutos del aeropuerto. 




En el transporte público de Múnich en el momento en el que visitamos la ciudad tienen la regla 3G, eso quiere decir que o estás vacunado o has pasado el covid o tienes un test de antígenos negativo. En realidad, no vimos a ningún revisor controlando esto, de hecho, en teoría tienes que validar los billetes en unas máquinas pero el acceso a los vagones tanto en tren como en metro está totalmente libre, es decir, no hay tornos ni ninguna barrera física. Que conste que como buenos ciudadanos, nosotros compramos todos los días que utilizamos el transporte público nuestros billetes (siempre el billete de grupo que te permite viajar hasta las 6 de la mañana del día siguiente y utilizar todos los medios de transporte que necesites).

En poco más de 40 minutos llegamos a la Estación Central y de allí al hotel unos 5 minutos como mucho (aunque el primer día nos costó ubicarnos). Sin problemas en el check-in, nos atendieron con mucha amabilidad en español (la mayoría de los empleados eran españoles) y como ya tenían las habitaciones disponibles, subimos a asearnos un poco y prepararnos para ir descubriendo la ciudad. 



Como habíamos desayunado tan pronto, nuestro primer objetivo fue irnos acercando al centro desde Karlsplatz para encontrar un restaurante en el que comer. Fuimos avanzando por Neushauser Strasse pero todos los sitios de comida estaban cerrados al ser 25 de diciembre (incluso el Subway), así que volvimos a la plaza para poder comer en el Burger King que era lo único que encontramos abierto. Para poder comer en un restaurante o local de comida rápida en Múnich se aplica la norma 2G (es decir, o estás vacunado o has pasado la enfermedad), de hecho, vimos cómo se negaron a servirle comida a una persona que no tenía el pasaporte covid y además (no como nos había ocurrido en Bolonia en Agosto), te pedían también el dni para confirmar que tú eras la persona cuyo nombre venía en el pasaporte. 


Una vez ya con el estómago lleno, empezamos a descubrir la ciudad. En primer lugar, volvimos a Karlplatz en donde se encuentra la Karlstor, una de las puertas más conocidas de Múnich reconstruida con un atractivo estilo neogótico. También hay una fuente central (que en estos días estaba en obras) y el Palacio de Justicia de estilo neobarroco con una cúpula de acero y cristal. 



Tomamos la calle principal que conecta esta plaza con Marienplatz, Neushauser Strasse. Esta arteria principal es una de las calles comerciales más conocidas de la ciudad con todo tipo de tiendas, de souvenirs, restaurantes, franquicias como Zara o HyM y otras de más alto standing. La avenida es muy amplia y como era 25 de diciembre, prácticamente estábamos solos paseando. Nos llamó mucho la atención de un edificio Hirmer, una tienda de ropa de hombre. 








Accedimos al interior de la iglesia de San Miguel, Michaelskirche, la iglesia renacentista más grande de los Alpes. Su fachada llama la atención por su rica iconografía de esculturas que representa el triunfo del catolicismo sobre el protestantismo. En su interior destaca la bóveda de cañón del techo con 20 metros de altura. 




En un principio, teníamos pensado dirigirnos a la Catedral de Múnich pero al pedir información en la Oficina de Turismo, nos dijeron que la iglesia de San Pedro cerraba antes así que fuimos hasta la misma, pasando lógicamente por Marienplatz. 

En la plaza el primer monumento que llama la atención es el Ayuntamiento Nuevo que cuenta con una fachada de 100 metros de longitud y una torre de 85 metros de altura. Además, cuanta con un carrillón en el que figuras a tamaño real bailan la Danza de Coopera conmemorando el fin de la peste que tuvo lugar en 1517. En invierno solo se puede ver a las 11:00 y a las 12:00 mientras que en horario de verano también está a las 17:00. Por el Covid el ascensor que da acceso a la parte superior de la torre estaba cerrado, una excusa más para volver algún día por Múnich. 






Otro de los edificios destacados de la plaza es el Ayuntamiento Antiguo de que inicialmente fue construido entre 14700 y 1480. Este también cuenta con una torre pero de tan solo 55 metros construida en el siglo XII como parte del sistema defensivo de la ciudad, en ella se encuentra el Museo de los Juguetes. Por ser Navidad, tanto el interior del Nuevo como del Viejo Ayuntamiento estaban cerrados. 


En la plaza también destaca la Columna de Santa María erigida en el centro en 1638 en celebración del fin de la invasión sueca y el Fischbrunnen, la fuente, diseñada en 1864 y reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial. 



El cansancio empezaba a hacer mella en nuestros cuerpos, se notaba el madrugón y el escaso número de horas de dormir. Aún así, decidimos terminar de visitar todo lo que teníamos programado, empezando con la iglesia de San Pedro de estilo renacentista, es el templo católico más antiguo de Alemania. En su interior destaca la figura de San Pedro en el altar mayor. 



Pero sin lugar a dudas, lo más destacable de la iglesia es la posibilidad de subir a su torre desde donde tienes unas vistas impresionantes de Marienplatz, del Nuevo Ayuntamiento y la catedral, aunque para ello tienes que subir 306 escaleras con algunos tramos bien empinados. Si no le tienes miedo a las alturas, sin duda esta es el recuerdo visual de Múnich que más guardarás en tu retina. 




Para terminar el día, nos acercamos a la Catedral de Nuestra Señora también conocida como Frauenkirche, uno de los edificios góticos más grandes de Alemania. El exterior es bastante sencillo de ladrillo rojo destacando sus dos torres cubiertas por cúpulas de color verde. 

La mayor parte del interior del templo quedó destruido durante la Segunda Guerra Mundial por lo que es bastante simple. 

Uno de los detalles más importantes es la llamada "Pisada del Diablo", una huella que según la leyenda fue dejada por el diablo durante su veloz huida cuando descubrió que había sido engañado por el constructor del templo. 




No eran más que las cuatro de la tarde pero obviamente llevábamos más de 12 horas despiertos, así que nos volvimos al hotel a descansar un poco y tomarnos un té o un café con unos deliciosos bombones que nos habían dejado en la habitación. Todo un detalle. 



Sobre las 7 y media salimos a cenar, para volver a comprobar que casi todos los restaurantes estaban cerrados al ser 25 de diciembre como ya habíamos visto a la hora de la comida. Así que tras dar unas cuantas vueltas por la zona, tuvimos la fortuna de encontrar muy cerca de nuestro hotel, un restaurante también en otro hotel llamado Oleó Pazzo en donde los chicos pudieron pedirse una pizza, mi marido una ensalada española (básicamente la llamaban así porque le añadían calamares) y en mi caso un sandwich tipo Vips. No cenamos mal y el precio normal para ser Alemania. Al menos para cenar habíamos encontrado muy cerca de nuestro hotel un lugar asequible y tranquilo. 





Ahora sí que ya era hora de volver al hotel a descansar del todo porque al día siguiente teníamos que madrugar (no tanto obviamente) para coger el coche alquilado y dirigirnos a hacer realidad uno de nuestros sueños viajeros: el castillo de Neuschwanstein que, aunque no entramos en su interior por las restricciones, superó todas nuestras expectativas. 

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