Gofres, mejillones, frites y magia - Día 5

agosto 05, 2017

Después del buen sabor de boca que nos dejó el espectáculo de fuegos artificiales del Palais 5, hoy nos tocaba Bruselas, acabar de ver algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad como la Iglesia de Notre Dame du Sablón y sobre todo comer mejillones en el restaurante Chez Leon, reserva que teníamos hecha meses atrás. 

Así que después de desayunar, volvimos a coger el tranvía pero en esta ocasión nos paramos antes, en Petit Sablon, para empezar nuestra visita a la ciudad por esta preciosa iglesia gótica tanto por fuera como por dentro. A destacar sobre todo sus vidrieras y sus altas naves totalmente góticas.







     


También visitamos el mercado de antigüedades justo detrás de la iglesia, para ver si el experto en numismática encontraba alguna ganga, pero no fue así. Una pena. 





Y también dimos un pequeño paseo por el parque del Petit Sablon que tiene 48 estatuas de bronce que representan a los distintos gremios medievales. 


     

La Rue de la Regence nos llevó hasta la Plaza Real (Place Royale), una preciosa plaza en cuyo centro se encuentra la estatua de Godofredo de Bouillon, primer gobernador del reino de Jerusalén. Entre los edificios, destaca la iglesia de Saint-Jacques-sur-Coudenberg del siglo XVIII, coronada por un bonito campanario. En las escaleras de esta iglesia se proclamó a Leopoldo I primer rey de los belgas. 



     

Al fondo podemos ver la famosa aguja de la Grand Place.


Pero antes de bajar por la famosa calle de Mont des Arts, nos acercamos al Palacio Real. Completamente gratuito, aunque tienes que dejar las mochilas a la entrada. 




Este palacio no es la residencia de los reyes, que viven en el Palacio de Laeken, pero sí es donde están instaladas sus oficinas, así como algunos ministerios y habitaciones para los jefes de estado invitados. 

Solamente se puede visitar en temporada de verano desde el 21 de julio hasta principios de septiembre, así que afortunadamente pudimos acceder a su interior después de pasar las medidas de seguridad. 






Después volvimos a la Plaza Real para ya dirigirnos al centro de la ciudad, a la Grand Place y sobre todo a la Rue des Bouchers que se iba acercando la hora de comer esos deliciosos mejillones. 

Y así bajamos hasta el parque Mont des Arts viendo el edificio del Museo de Instrumentos Musicales, ubicado en el edificio Old England, una joya del Art Nouveau que fue construida para albergar unos grandes almacenes, así como el reloj carrillón del Palacio de la Dinastía. 


     

Para mi gusto, uno de los lugares más bonitos de Bruselas, por las vistas de la ciudad desde la colina. 




Después de un breve pero merecido descanso en las hamacas que hay justo frente a la catedral, y pasando de nuevo por las Galería Saint-Hubert, llegamos al restaurante del Chez Leon.

Los chicos mayores pidieron pasta, spaghetti y lasagna, el peque el menú de niño con su pasta blanca para su tomate (que es gratuito por cada adulto que coma), y lógicamente los mayores nos decantamos por los mejillones, de tres tipos, gratinados con queso, rebozados como una croqueta y los clásicos al vapor. A cual más ricos. 







Comimos bien y no tanto caro como pensábamos, entre los 7 no llegamos a los 100 euros, más barato que en Gante y una servidora se declara fan de esos mejillones, mmmmm, riquísimos todos. 

Y de postre, a Funambule, a por un gofre. De camino, vimos un desfile de un pueblo cercano, gente ataviada con trajes típicos y claro, el Manneken Pis también vestido para la ocasión, qué mono. 





Con toda la tarde por delante para dar un agradable paseo por Bruselas, decidimos ir en busca de algunos de los murales de la ruta del comic, al menos los más cercanos, que ya nuestros pies empezaban a notar cierto cansancio. 

Empezamos por Tintin y el Caso Tornasol justo al lado del Manneken Pis.


El mural de Frank Pé. Cogidos de la mano, el personaje y su chica van por las calles de Bruselas. 


El mural Carin con el personaje de Victor Sackville, espía al servicio de Su Majestad en la Primera Guerra Mundial. 


El mural de Tibet y Duchateaus con el personaje de Ric Hochet, periodista de profesión y deportista de afición. Qué pena nos dio ver este mural pintado con unos graffitis.


El mural de Nerón de Sleen situado cerca de la Plaza Saint Gery.


Por esa zona fuimos también a visitar a la última escultura meona de la ciudad, en este caso un perro, o Zinneke Pis. 


Y en nuestro paseo, también llegamos a la Iglesia de Santa Catalina, una de las iglesias más antiguas de Bruselas. Y la Torre Negra, una de las torres de la antigua muralla hoy en día destruida prácticamente en su totalidad. 




En un lateral de la iglesia, hay un calle con una especie de fuente. Según nos contó nuestro guía la primera vez que estuvimos en Bruselas, la fuente y el estanque se habían construido para recordar que antaño en ese mismo lugar estaba situado el puerto de Bruselas, cuando la ciudad tenía canales como los de Brujas o Gante. 


En nuestro recorrido en busca de más murales de la ruta del comic, a pesar de que algunos no aparecían donde supuestamente tenían que aparecer, llegamos también a la iglesia del Beaterio, antiguas comunidades de mujeres viudas por las guerras que se dedicaban a cuidar a enfermos. 




Un mural más en nuestro paseo. El de Vandersteen con sus personajes Bob y Bobette que están aguantados juntos a otros personajes entre ellos el Manneken Pis. 


Y llegamos al Museo del Comic, al cual no íbamos a entrar porque prácticamente ya estaban cerrando, pero aún tuvimos tiempo de hacernos fotos con los personajes en el hall y cotillear en la tienda. 

     



Y subiendo por las escaleras de la Rue des Sables, una estatua más en la ciudad relacionada con los comics. 


Agotados ya en este punto, volvimos al centro de Bruselas, a las Galerías Saint-Hubert para hacer compras de chocolate y bombones, así como a los aledaños de la Grand Place. Después de las compras, cena en el Quick de la plaza Agora y al hotel en tranvía. Por hoy sí que podíamos decir bien alto que habíamos pateado Bruselas sin parar casi. 

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