Visita a Florencia - Día 2

agosto 08, 2016

Si el primer día que habíamos visitado Florencia fue un viernes, en esta ocasión volvimos a la ciudad en lunes, con intención de centrarnos principalmente en todos los monumentos que rodean a la catedral de Santa María di Fiori, como el Baptisterio, la subida a la cúpula, el campanile y el museo.

Llegamos también lo más pronto posible a la Plaza de la Libertad en donde no tuvimos ningún problema en aparcar en plaza de minusválido gratis, y de nuevo toda la calle Cavour hasta la Catedral. Directos a una de las entradas laterales por donde se accede a las escaleras que conducen a la cúpula de Brunelleschi. 


Y empieza la subida. Por delante más de 400 escalones. Hay un primer tramo de escalera estrecha y en caracol que afortunadamente no tienes que compartir con los que bajan. Aun así es estrecha y si tienes claustrofobia, no te la aconsejamos. En lo que sí volvemos a insistir es en lo de la reserva previamente por Internet, sobre todo si tenéis planificada la visita para un día concreto. Cuando llegamos nosotros y aún no eran las 10 de la mañana, ya había una cola bastante apreciable mientras que la cola para las personas con reserva no llegaba ni a 10 personas. 


En 1420 se empezó a construir la cúpula, que es el imponente y armonioso símbolo de la ciudad. Filippo Brunelleschi, primer arquitecto renacentista, para la construcción, tuvo que enfrentarse no sólo a problemas artísticos, sino también técnicos. 

La decoración interior de la cúpula es de Giorgio Vasari y Federico Zuccari. Las distintas escenas fueron pintadas entre 1568 y 1579 y representan el Juicio Final. Uno podría estarse horas y horas disfrutando de cerca de estas maravillosas pinturas, lástima que al ir por un estrecho pasillo y casi sin poder pararte, no te permite contemplar como se merece tal obra maestra. Realmente parece que estés tocando el cielo. Impresionante. 


El resto de la subida es incluso algo más empinada y peligrosa pues se comparte con las personas que bajan de la linterna, sobre todo el último tramo. 


Te confirmo que llegarás agotado pero en cuanto salgas a la linterna y contemples la ciudad a tus pies, te darás cuenta que el esfuerzo merece la pena. 







Una vez ya abajo, necesitamos un pequeño respiro para recuperar fuerzas así que compramos algo de chocolate justo en la tienda Lindt que se encuentra justo frente a la catedral. 

Una vez repuestos, continuamos con nuestra visita de la Piazza del Duomo. Ahora nos dirigimos al Battisterio. 


El Battisterio de San Giovanni es con seguridad el edificio más antiguo de Florencia. Durante siglos en su interior se bautizaba a todos los niños florentinos, lo que le dio un significado simbólico que lo hizo más preciado para la ciudad que la propia catedral. Su interior octogonal está cubierto de hermosos mosaicos pero incluso quedan eclipsados por el esplendor de sus tres famosas puertas de bronce.






A pesar de que todavía no era la hora a la que teníamos la reserva para subir al Campanile, nos acercamos a ver si nos dejaban entrar y efectivamente así fue. Sin problemas, y de nuevo saltándonos una cola que rondaba las dos horas. Directos al interior. De nuevo más de 400 escalones hasta lo más alto de la famosa torre de Giotto, aunque reconozco que en esta ocasión no acompañé al resto de la expedición, necesitaba un pequeño descanso que aproveché para dar un paseo por la plaza y sus tiendas. 








Según me contaron los valientes, fue una sensación especial ver de lejos la cúpula y saber que no hacía mucho tiempo habían estado allí. Subir al Campanile supone disponer de las mejores vistas de la cúpula de Brunelleschi. 

A continuación, decidimos visitar el interior de la Catedral, nada que ver con la de Siena, por desgracia. Además, como es gratuita, pasa lo mismo que en Venecia, que la cola es larguísima para entrar ya que van dando acceso poco a poco a un número determinado de personas. Menos mal que al ir acompañados de una persona minusválida nos permitieron el acceso rápidamente. En mi opinión, algo deberían de hacer para solucionar esas colas tan largas. 

El interior es bastante austero y lo que más te llamará la atención es su tamaño, ya que es la cuarta catedral cristiana más grande después de la de Roma, St. Pauls en Londres y la de Milán.



Por supuesto desde la catedral, podrás contemplar los frescos de la cúpula, aunque nada como verlos de cerca. 


Con la entrada que habíamos comprado con antelación, también pudimos ver los restos arqueológicos de Santa Reparata.




Como siempre, los horarios de los monumentos mandan. Así que aunque aún nos quedaba por entrar en el Museo, nos fuimos directos a Santa Croce. Hubiera sido imperdonable no entrar en ella. Por el camino, encontramos un restaurante bastante económico en donde comimos de maravilla. 


Santa Croce es la iglesia más majestuosa de Florencia. Su importancia radica no sólo en el arte que contiene - frescos de Giotto y otros maestros medievales - sino también en ser el lugar donde están enterrados Galileo, Miguel Ángel, Maquiavelo y alrededor de 270 eminentes ciudadanos de Florencia. La Cappela dei Pazzi está considerada la edificación más perfecta del Renacimiento temprano.







Volvimos de nuevo a la Piazza del Duomo para entrar en el Museo. Lo más destacado de su interior son las originales de las Puertas del Paraíso del Battisterio. La verdad es que no me gusto mucho el museo, no porque no tuviera grandes obras de arte, que las tenía, sino que llega un momento en que te saturas de museos y te apetece más bien pasear por la ciudad pero como ya teníamos las entradas compradas de antemano....




El cansancio del día después de cerca de 1000 escalones y del viaje empezaba a pasarnos factura seriamente, pero aún queríamos despedirnos de Florencia visitando aún de día el Ponte Vecchio para ver las tiendas abiertas, por supuesto con ninguna intención de comprar claro. 




El problema ahora era volver a donde habíamos aparcado el coche de una pieza. Hicimos todo lo posible por encontrar un autobús que nos acercara pero nos dimos cuenta de que Florencia, sobre todo el centro, no es muy dado al transporte público, así que no nos quedó más remedio que poco a poco y ya sin hacer fotos, irnos caminando hasta la plaza en donde teníamos el coche. Ni siquiera cenamos en Florencia. El día había sido larguísimo y muy completo y además al día siguiente teníamos que madrugar y mucho para nuestro viaje a Venecia. Ciao Florencia, nos veremos en alguna otra ocasión. 

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